NO MENOSPRECIES LA DISCIPLINA


[Leemos] Jeremías 23 al 28

[Meditemos] Jeremías 24 |EL HUBIERA SI EXISTE

Cuando no sólo los reyes de Judá sino también los profetas y sacerdotes estaban corrompidos, ya no había esperanza para el pueblo. A estos dirigentes del pueblo se les asigna la imagen de ser “los pastores de Israel”, y se les recrimina que han dispersado a las ovejas. En lugar de alimentarlos y supervisarlos, los estaban desviando. En lugar de procurar la justicia y el derecho, caminaban por el cohecho.

En el verso 14 exhorta Jeremías “Y entre los profetas de Jerusalén he observado cosas terribles: cometen adulterio, y viven en la mentira […] 16 No hagan caso de lo que dicen los profetas, pues alientan en ustedes falsas esperanzas”. El ser profeta comenzó a ser un negocio rentable, pues los reyes pagaban para que se profetizara paz y prosperidad. Estos aseguraban que el dominio de Babilonia no duraría más de dos años, que la disciplina que el Señor había diseñado, no se extendería.

Y cuando un profeta como Jeremías se plantó por casi 23 años (ver Jeremías 25.3), insistiendo que si no aceptaban la disciplina, si no corregían, vendría el exilio (la cláusula de separación con su Dios), la respuesta del rey, de los profetas, sacerdotes y el pueblo, fue querer matarlo (ver Jeremías 26.8). Dios habló una y otra vez, y se alcanza a percibir que, Dios estaba dispuesto a evitar el exilio si al menos reconocieran sus pecados. Jeremías 26. 3 “Tal vez te hagan caso y se conviertan de su mal camino. Si lo hacen, me arrepentiré del mal que pensaba hacerles por causa de sus malas acciones”.

El “hubiera” en el Señor sí existe. El Señor no miente, cumple sus promesas. ¿Qué hubiera pasado si el pueblo se vuelve a Dios? El texto dice que, Dios hubiera evitado esta dolorosa separación. Pero a pesar de toda esta insistencia de Jeremías (23 años), no le escucharon, menospreciando la disciplina del Señor. El mayor problema no es el pecado mismo, aunque es y tiene sus consecuencias, sino la falta de confesión, el no arrepentirse, el no reconocer a Dios cuando viene a corregir. El no corregir es no aceptar la disciplina del Señor.

Necesitamos entender que el principio de toda obra de restauración es nuestro arrepentimiento. Hoy, la iglesia debe escuchar a los profetas que se han levantado a decir que, la iglesia no está cumpliendo su rol, que los pastores y los padres de familia han abandonado a sus casas. No son las ideologías de géneros, las políticas publicas corruptas, los gobiernos de una posición u otra, sino la desobediencia de cada creyente, de cada pastor, cada profeta, la que nos ha llevado a este punto. Volvamos a la obediencia, al interés por el reino, a la oración.

[Oramos]

Señor, ayúdanos a escuchar tu voz en medio de esta situación que vivimos. Ayúdanos a corregir lo que hemos dejado de hacer fuera de las cuatro paredes, que hemos abandonado nuestra responsabilidad de estar comunicando el evangelio en cada una de las áreas del ser humano. Señor, ayúdanos a ver nuestro pecado. Amén.

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