La Reforma hoy | Día 12


Las palabras, el sentido y el uso contextual son responsabilidad del autor, No necesariamente representa mi perspectiva ni opinión, pero vale la pena “escucharle”.

Por Luis Huerta, de Cafeteología.

La reforma. Es algo así como “el día de la independencia” religioso. Ya conocemos los contextos, ya conocemos parte de la historia, y todo el mundo se llena de furor este día para hacer escritos acerca de la reforma. 

Yo, por mi parte, daré por hecho el bagaje histórico así como el contexto en el que todo se desarrolló. Yo tomaré  la narrativa de la reforma, no para hacer alguna apología de la misma, o proponer una nueva reforma a la manera de aquella, sino unas cuantas líneas reflexivas con ciertos tintes un poco teológicos.

¿Qué hubiéramos hecho nosotros en lugar de Lutero? Es decir, pensemos unos momentos. Estás siendo aprisionado por tus propias pasiones, sientes que el pecado es como una infección que no es calmada por meros remedios temporales, con meros medicamentos que quitan solamente quitan el dolor, pero no la raíz.

Quien tiene la capacidad de entregar “el remedio”, se dedica a proveer alivios temporales, y lo hace por intereses propios. Les conviene que sigas adquiriendo medicamentos así. ¿Qué haríamos nosotros en su lugar? ¿No es un puño alzado al cielo, en protesta de los poderes de su tiempo lo que provocó la reforma?

Sí, hay un valor espiritual, doctrinal y con tinte divinos. Sí, está la intención de preservar la gloria de Dios y quitarla de aquellos afiches religiosos carente de sentido. Pero también está la intención de que la Iglesia de Cristo, ponga su mirada en el Salvador, y la quite de las majestades terrenales.

La cotidianidad de la vida cristiana en aquella época hacía que ser cristiano fuera cualquier cosa. Un ir y venir cada domingo, un sacrificar ciertas cosas, entregar cierta cantidad de dinero, ir a ciertos lugares especiales para recibir favores divinos, etc. Muy parecido a lo mismo de hoy día, pero… no, no intento llamar a una nueva reforma. Porque, primeramente, no me considero siquiera reformado (como se le conoce normalmente a los calvinistas, etc.)

La reforma, como todo movimiento en los que la cristiandad universal  se ha involucrado, tiene dimensiones sociales, políticas, religiosas, doctrinales, y  demás. Las repercusiones de la reforma hacen eco en el arte, la filosofía, e incluso en la cosmovisión de la época. Algunas ideas de los reformadores fueron tomados para empuñar no solamente armas, sino asimismo en justificar el mal hacia otros humanos.

Pero de la misma manera, la teología que emana de la reforma, busca la contemplación celestial y la glorificación de Dios en su máximo esplendor. Sin embargo, el eco se ve silenciado, y la luz que emanó se va atenuando. Si bien algunos fervientes hijos de la reforma buscaron afectar en varias esferas de este mundo a su generación, ahora los herederos de la reforma (no solamente doctrinal, como lo son los reformados, sino también los evangélicos) hemos reducido el efecto de la reforma y lo hemos encerrado en cuatro paredes.

Hemos satanizado la política, hemos desarrollado nuestro propio arte, nos encerramos en una burbuja, y  a aquellos que se atreven a salir, los condenamos y anatemizamos, porque, decimos que dicha burbuja es “el reino de Dios”. Los protestantes, somos bien conocidos por inconformarnos, pero no en proponer (o al menos en estos tiempos así lo son).

Ya no somos quienes formulan leyes y quienes levantan obras grandes, sino quienes solamente marchamos para evitar que el mundo se abalance vertiginosamente contra nosotros. No nos dedicamos a crear conocimiento que sea de utilidad o de prepararnos en las áreas pertinentes que afecten al mundo, pero sí creemos que el encerrarnos en un seminario y estudiar únicamente los libros de nuestra denominación, nos ayudará porque, obviamente, todos somos paladines y reformadores en esta época atiborrada de apostasía. Todos somos Lutero, todos somos Calvino, todos somos reformadores y voces de atalaya para la Iglesia, levantados –según nosotros- por Dios.

Pero, no podemos ver más allá. No somos capaces de presenciar el peligro a lo lejos. Espiritualizamos a un mundo caído, y queremos meter el reino de Dios al mundo, cuando es el mundo quien debe entrar en el Reino de Dios. Porque no es lo mismo “bautizar” de cristiana una profesión y dedicarla únicamente para fines cristianos, que preparar a cristianos en las áreas de esta vida, y hacerlo una luz que arda por Jesús, sirviendo a este mundo, y afectándolo.

Nos inconformamos demasiado tarde, y protestamos cuando no hicimos nada para evitar lo que ahora se viene para oponerse a nosotros. La pereza y el conformismo con la época nos lleva a encerrarnos en una burbuja, y solamente sacar la cabeza cuando algo amenaza con pincharla. Demasiado tarde,  demasiado tarde.

Si en realidad queremos vivir la reforma, busquemos reformar nuestra manera de pensar. Pensando conforme a lo que La Palabra de Dios nos enseña. No debemos temer que el mundo promueva leyes que vayan en contra de lo que entendemos de la Palabra de Dios, sino más bien procuremos educar a las nuevas generaciones en el Texto Sagrado. Preservemos la Gloria de Dios no a través de clavar tesis en las puertas de los congresos, sino enseñando a vivir conforme a la Palabra de Dios y preparando a aquellos que han de servir a Dios en sus vidas cotidianas. 

Protestemos antes de que una bola de nieve gigante venga sobre nosotros, y no cuando es inevitable que seamos aplastados. Confiemos en que las puertas del infierno no prevalecerán sobre nosotros, pero recordemos que nos es necesario velar en oración y vivir para Dios cada día de manera prudente. No nos conformemos al discurso religioso que busca promover la disensión y el odio hacia los demás, sino más bien contemplemos a la Creación de Dios en aquellos que aún pudieran parecerse oponerse a lo que pensamos.

Busquemos la unidad y que la Iglesia sea lo que Cristo quiere que sea. Recordando que Lutero no quiso dividir la Iglesia sino reformarla. No busquemos nosotros pues, dividir, sino unir. Cada uno desde su trinchera y su congregación, afectemos cada área de este mundo, si bien no poniendo versículos de la Biblia en donde estemos, pero sí viviendo en pos de la Eternidad de la Patria a la que pertenecemos.

Vivamos reformándonos cada día, renovando nuestros entendimientos, y sobre todo, no estando conformes con la situación actual de la Cristiandad, no condenándola, pero sí buscando ser luz.

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