34. el vIVE P

34. ¡Él Vive! | #CEO


Casa de Oración Rancho Nuevo | 05 de Abril de 2015 | Jonathan García | #CEO

Hechos 5. 30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Hoy cumplimos tres semanas que estamos hablando del contenido del mensaje. ¿Qué debemos predicar cuando compartimos el Evangelio? Esto es de vida o muerte; ya que si predicamos un Evangelio diferente, estamos trayendo maldición; muy probablemente, les estemos cerrando la puerta de la Salvación a los incrédulos. Tal como lo hacían los fariseos. ¿Recuerdan algo de esto? De lo que he leído, pocas veces veo que Jesús les habla tan duro, como en esta ocasión:

Mateo 23. 15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito [seguidor], y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

I. El contexto del Evangelio —la trama.

Cuando vemos una película, especialmente aquellas que tienen parte I, II, III y hasta VI, tienen una trama, una historia y un por qué. Al llegar a un evento decisivo, para entenderlo, es necesario entender la trama. No podemos simplemente ver la parte V, sin las anteriores IV. Así sucede con el Evangelio. No podemos simplemente comenzar en la Cruz.

a) El Dios de nuestros Padres, tiene un Plan

Ya aprendimos algo, que el mensaje del Evangelio no comienza en la Cruz; sino que desde tiempos antiguos, Dios ha levantado a… patriarcas —como Abraham, Isaac y Jacob—, líderes —como Moisés y Josué—, jueces —como Sansón, Jefté, Gedeón— y profetas —como Elías, Isaías, Jeremías— para preparar El Camino a la Salvación, el Camino del Señor. Es necesario platicar la “película completa” a los que evangelicemos.

Dios exaltó a Cristo por Príncipe—quizá en este lugar signifique “líder” (cf. 3:15)—y Salvador. Ambos términos griegos son usados en el libro de los Jueces en la Septuaginta, para designar a aquellos a quienes Dios levantó para librar a los israelitas de sus enemigos. Esto sugiere que fue el papel asignado a Jesús como Mesías[1].

Por eso Pedro, en cada oportunidad —hasta el momento en tres ocasiones— comienza el mensaje, predicando: “El Dios de nuestros padres, levantó a Jesús…” Mismo [Jesucristo] qué fue anunciado por los que Dios, antes había levantado [especialmente los profetas].

Aunado a esto, la semana anterior estudiamos el propósito mismo de predicar el Evangelio. Que comienza con el llamado al Arrepentimiento para el perdón. Tanto Juan el Bautista, como Jesús, y luego Pedro, y al final Pablo, predicaron el arrepentimiento en primer lugar. El arrepentimiento es esencial para la salvación. ¿Por qué? Pregunta que queda más clara, al hacernos otra pregunta. ¿Cuál es el propósito de la salvación? Y la respuesta es, que no es solamente para que nuestros pecados pudieran ser perdonados. El propósito definitivo de la salvación es liberarnos de nuestros pecados; por favor, anótalo, memorízalo, guárdalo. Por eso, el arrepentimiento juega un papel central.

Efesios 5. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

b) La necesidad del hombre y la demanda de Dios

La segunda cosa que debemos predicar, es la necesidad del hombre y lo que Dios demanda. Él no necesita más dinero, ni mejor autoestima; Él necesita reconciliarse con Dios.

Como vemos, pues, de forma muy sencilla, aquí, en Hechos, la primera parte del mensaje del Evangelio, es el llamado al arrepentimiento; distinguiendo claramente que aunque no es el Evangelio mismo —el arrepentimiento no es el Evangelio mismo, es decir, las buenas noticias— es parte integral de ese mensaje. De hecho, el arrepentimiento es parte de las malas noticias —disculpe el ejemplo tan grotesco que daré; pero es de esas veces que te dicen: te tengo una buena y una mala noticia, te daré primero la mala. Y “el que tenga oídos para oír, que escuche lo que el Espíritu habla”.

El contexto o la trama, en que debemos hacer este llamado, es ese Plan Antiguo de Dios. No podemos llegar y simplemente decirles, arrepiéntanse. Necesitamos hablar de ese Plan. Por eso necesitamos estudiar y hacernos expertos en anunciar el Evangelio.

Sintetizando: Explicamos el Plan de Dios, comenzando en alguna parte de las Escrituras del Antiguo Testamento; como Dios planeó el Camino desde antes de la fundación del mundo; y que después que el hombre fue separado de su presencia, Dios manifestó su Plan para rescatar a la humanidad que cayó bajo condenación. El llamado al arrepentimiento resume en forma precisa: la condición del hombre y la demanda de Dios. “La paga del pecado es muerte”, “… por cuanto todos pecaron, están destituidos de la Gloria de Dios”. (cf. Romanos 6.23, 3.23). Dios manda en todo lugar y en todo momento que los hombres se arrepientan.

¿Qué es el arrepentimiento? μετάνοια, ας, ἡ. Arrepentimiento, conversión, cambio de pensar y de actitud.

Primero pensar, y luego cambio de opinión. Y ese es el primer llamado del Evangelio: es un llamado para que los hombres y las mujeres piensen. Si la predicación del Evangelio no te hace pensar y hacerlo como jamás lo has hecho en toda tu vida, es una predicación muy mala. El Evangelio dice: “Detente y piensa en estas cosas”. El arrepentimiento significa que, habiendo examinado todas las pruebas, especialmente las dadas en la Biblia, en comparación con nuestras ideas o las ideas del mundo, cambiemos de opinión. ¿Pero con respecto a qué?

En primer lugar, cambiamos nuestra opinión acerca de Dios.

Y después arrepentimiento significa cambiar tu opinión acerca de ti mismo.

El arrepentimiento también te dice que pienses de nuevo acerca de tu vida y de tu muerte.

Debes cambiar de opinión respecto al Señor Jesucristo.

Piensa de nuevo en tu modo de vida.

El arrepentimiento nos lleva a que actúas en relación con lo que ahora has empezado a creer.

c) El inicio de la vida espiritual

Al hablar del Plan de Dios y de la necesidad principal del hombre, y el Espíritu actuando, debe llevarlos a un arrepentimiento; que es la puerta del perdón y a la vez el inicio de una vida espiritual. El hombre necesita reconocer que ha ofendido a Dios, que ha pecado contra Él, y que está destituido de la Gloria de Dios. Es en ese momento —cuando reconocen estas cosas—, como aquellos hombres en el día del Pentecostés, que se entristecieron; porque se dieron cuenta de esto, y entonces, preguntaron: ¿Qué haremos hermanos? Y Pedro contesta:

Hechos 2. 38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Jesucristo y Juan el Bautista decían algo similar: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. ¿Vamos entendiendo y avanzando en cual nuestro llamado? No olvidemos que al principio del Libro, Jesús les da una comisión: “Y me serán testigos… (Hechos 1.8)”. No es sólo llegar con la gente y decirles: “Dios te ama y tiene un plan para ti, recíbelo en tú corazón”. Esto, más bien nos hace parecer vendedores y no testigos. Hay que olvidarnos de eso y volver a la Biblia. Como aquellos hombres lo predicaron. Si, Dios tiene un plan, y si, Dios amó al mundo. Pero es Dios el ofendido, y es Dios quién los debe recibir; todo se centra en Dios y no en el hombre.

El arrepentimiento es un llamado a tomar otra dirección. Y no a dejar de pecar por nuestras fuerzas. ¡Nadie lo lograría! Aquí puede que haya cierta confusión. De qué el arrepentimiento mismo nos vaya a dar la capacidad para no pecar. No es así. El arrepentimiento es tan solo el inicio de una vida espiritual. Es saber que hemos pecado, y que necesitamos volvernos a Dios; pero no podemos solos. Por eso, inmediatamente después que la personas se arrepienten, es el llamado es a creer en el Evangelio. Para después, recibir el Espíritu Santo, quién nos sella, nos guarda y nos conduce a permanecer en Cristo. Hasta este momento aún no hemos hablado de las Buenas Noticias —no hemos predicado el Evangelio mismo; sólo hemos contextualizado a la gente, que por lo general ignora la trama de Dios, la Historia de la Redención.

d) Si no hay arrepentimiento, no hay buenas noticias

Pero siempre, siempre el llamado es a arrepentirse. Si no se arrepienten, ¿Para qué ofrecer liberación y perdón de los pecados, para aquellos que no quieren dejar de hacerlo? ¿Para aquellos que no les interesa la opinión de Dios con respecto al pecado, y tampoco tener una relación íntima con el Creador? Por eso el arrepentimiento, es el inicio de la vida espiritual. “Bienaventurados los pobres en espíritu —los que reconocen su pobreza”. Esto es arrepentimiento: Dar la espalda al pecado y la cara a Dios; con lágrimas y dolor, con vergüenza y temor. Y Dios, con el Evangelio, promete la ayuda necesaria, para trasladarnos del reino de las tinieblas, al reino de la Luz.

II. Los cimientos del Evangelio

Hechos 5. 30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Aquí encontramos todo lo que necesitamos saber para predicar el Evangelio de Jesucristo. Los versos 30–32 dan énfasis a cinco puntos relacionados con la provisión y aplicación del evangelio: (1) La encarnación; (2) La crucifixión; (3) La exaltación [resurrección]; (4) La justificación; (5) La santificación.[2]

  • La encarnación; ‘El Dios de nuestros padres, levantó a Jesús’. Es decir, que Dios se manifestó en forma humana. Jesucristo fue levantado por el Dios del Antiguo Testamento; el Padre envío a su Hijo al mundo, para que todo aquel que en el crea, no se pierda, más tenga Vida Eterna. Fue necesario que Jesús naciera de mujer y bajo la Ley, y que viviera una vida perfecta para satisfacer las demandas de Dios; para ser el Cordero perfecto y a la vez nuestro Sumo Sacerdote [el intermediario].

Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Hebreos 7:23-25).

  • La crucifixión. ‘A quien ustedes mataron colgándole de un madero’. Aunque ellos le mataron, dice Pedro en el primer sermón, que fue entregado por el anticipado consejo de Dios. En la Cruz Jesús entregó la vida para pagar la condena que merecemos nosotros. Esto fue prefigurado por aquellos animalitos inocentes, que cubrían los pecados del pueblo. ¡La paga del pecado es muerte! La Cruz es el centro del Plan de Dios. “Entonces, la cruz no simplemente nos dice que Dios perdona, nos dice que ésta es la manera en que Dios logra el perdón”.
  • La resurrección. ‘Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador’. Es el tema que quiero tratar hoy, de manera breve.
  • La justificación. ‘…para dar arrepentimiento y perdón’. En otras palabras, quitarnos la culpabilidad delante de Dios; declararnos inocentes del delito que se nos acusaba. Perdonar nuestros pecados. En este punto solemos quedarnos al predicar el Evangelio, solo ofrecemos el perdón, y muchas veces sin el llamado a arrepentirse y sin la promesa del fin mismo del Evangelio: Librarse de los pecados a través de la recepción del Espíritu Santo.
  • Santificación. ‘… somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen’. Obedecer en este contexto, es el arrepentimiento. Esta es, como vimos la semana anterior, la finalidad del Evangelio: Purificarnos, liberarnos de nuestros pecados, hacernos semejantes a Cristo. Veremos más adelante esto, en los siguientes sermones.

Encarnación, crucifixión, resurrección, justificación y santificación; eh aquí el resumen del cristianismo. Todo lo necesario para predicar el Evangelio. Solemos exaltar alguna de estas verdades, solemos enfatizar ciertos aspectos de ellas; pero todo es importante.

Sí Jesús no hubiera venido al mundo, nada de lo demás fuera posible. Si Jesús no hubiera vivido una vida justa y hubiera muerto, no podría haber resucitado, y si no resucitó, tampoco nos hubiera justificado, y si no nos justifica, tampoco podemos ser librarnos del pecado.

III. Porque Vive Él, puedo vivir el mañana

a) La importancia de la Resurrección

Sin embargo, lo que hace verdadero todo esto, lo que nos demuestra qué Dios y la Biblia no mienten, es qué Jesús resucitó, que ¡Él Vive! Ahora bien, el capítulo 15 de 1 Corintios es un capítulo muy largo, de cincuenta y ocho versículos, pero tiene únicamente un tema: la Resurrección y la importancia fundamental de creer en la resurrección física de Cristo.

Si queremos encontrar una definición de lo qué es el Evangelio, las buenas noticias, lo encontramos aquí en una forma de confesión. De hecho, la mayoría de los expertos lo confirman. Comenta William Lane Craig:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí:

Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;

y que fue sepultado,

y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

y que apareció a Cefas, y después a los doce.

1Corintios 15:3-5

Pablo no sólo usa los términos rabínicos típicos “recibir” y “transmitir” con respecto a la información que está entregando a los corintios, si no que los vv. 3-5 son una fórmula de cuatro líneas altamente estilizada, llena de características no paulinas. Esto ha convencido a todos los estudiosos que Pablo está, tal como afirma, citando una antigua tradición que él mismo recibió después de su conversión al cristianismo. Esta tradición probablemente se remonta, por lo menos, a la visita de investigación que Pablo hizo a Jerusalén alrededor del año 36 DC, cuando pasó dos semanas con Cefas y Santiago (Gálatas 1.18). Data así de un período de cinco años desde de la muerte de Jesús. Tan corto espacio de tiempo, y tal contacto personal hace infundado hablar de leyenda en este caso.[3]

Las buenas noticias consta de esta declaración más antigua del cristianismo: (1) que Cristo murió por nuestros pecados, (2) que fue sepultado, (3) que resucitó al tercer día, y (4) que apareció a los discípulos.

Sabemos la historia. Y repito, las buenas noticias se dan en el contexto de la necesidad del hombre de reconciliarse con el Creador, debido a que por su pecado murió espiritualmente, quedando separado y condenado para siempre. Las buenas noticias explican por qué Jesús vino a morir, porque fue sepultado y resucitado al tercer día. Esto es, para rescatar del pecado a todo aquel que cree. En este mismo capítulo, Pablo habla de lo importante y crucial que fue la Resurrección. Sin la cual, todo lo demás no es posible.
Es interesante que las primeras páginas de la Biblia hablan de la época en la que apareció la muerte y desapareció el jardín de Edén. Las últimas páginas hablan del día en el que desaparecerá la muerte y Dios restaurará todas las cosas a un nuevo paraíso.

Entender y creer en la resurrección es el motor de nuestra fe. Una pregunta recurrente de esta serie ha sido, ¿por qué esta iglesia que comenzaba, era tan fuerte? ¿En qué radicaba su eficiencia? ¿Cómo conquistó un imperio completo? Sin duda, la respuesta es, porqué Él vive, porque Jesucristo resucitó. Y casi, como en forma de profecía, y de forma paradójica para los judíos, pregunto, ¿Quién o quiénes fueron los primeros testigos de la resurrección?

El más destacado testimonio de la resurrección del Señor fue inicialmente el de las mujeres —los primeros testigos fueron mujeres—, y después fue el de cada uno de los sencillos hombres y mujeres que formaban el grupo de quinientas o más personas que tuvieron el privilegio de haber visto de hecho al Salvador resucitado, y que, por tanto, podían dar testimonio de lo que habían visto, aunque hubiesen sido bastante incapaces de describir con elocuencia lo que habían contemplado.

En aquellos tiempos de Pablo se había manifestado una tendencia de apartarse de las simples realidades donde se cimienta nuestra religión, y en ocuparse de cuestiones filosóficas, y en cuestiones difíciles de entender. Algo similar, respetando las proporciones, a lo que sucede hoy día. Es necesario regresar a la sencillez de estas verdades del Evangelio. Spurgeon comenta acerca de este pasaje:

Tres o cuatro hechos simples constituyen el Evangelio, según lo expone Pablo en el capítulo quince de su primera Epístola a los Corintios: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Nuestra salvación depende de la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesús. El que cree rectamente en estas verdades, ha creído en el Evangelio, y creyendo en el Evangelio, encontrará en él, sin duda alguna, la salvación eterna.

¡Cuánto hemos complicado el Evangelio! Lo tratamos de amoldar a nuestras denominaciones y forma de ver el cristianismo. Apartándonos de las verdades claras e introduciendo tradiciones de hombres. Nuestra Salvación, es decir, nuestra Justificación y Santificación, dependen completamente de la Encarnación de Jesús, de su Crucifixión y de su Resurrección.

b) Algunas consecuencias irreversibles de su resurrección

1 Corintios 15.

14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

  1. Pero si Cristo resucitó, nuestra predicación y nuestra fe es más que importante; de vida o muerte (eterna).

17y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

  1. Pero si Cristo resucitó, ya no estamos en nuestros pecados.

18Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.

  1. Pero si Cristo resucitó, los que murieron también vendrán a vida.

Juan 11. 25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

  1. Pero si Cristo resucitó, la paga del pecado no será la muerte, sino la dádiva de Dios será la vida eterna.

26Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

32Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos.

  1. Pero si Cristo resucitó, hay vida después de la muerte, y por tanto hay juicio.

Hebreos 9. 27Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

53Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

  1. Pero si Cristo resucitó, tendremos cuerpos glorificados, seremos semejantes a Él.

54Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

  1. Pero si Cristo resucitó, la muerte ha muerto en la muerte de Jesucristo.

56ya que el aguijón [veneno-poder] de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

  1. Pero si Cristo resucitó, no hay condenación, nadie nos puede separar ya de su amor.

58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

  1. Pero si Cristo resucitó, podemos estar firmes y ser constantes, creciendo en la obra, y sabiendo que nuestro trabajo no es vano.

Romanos 1. 1Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, 3acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

Todos los que hemos creído en el testimonio de estos hombres a través de las Escrituras, y convencidos por el Espíritu de Dios, somos llamados y apartados para el Evangelio de Dios. Pidamos a Dios el poder para ser testigos de su resurrección; que antes vino a este mundo, que Él murió, y que fue anunciado desde el principio, y que logró todo lo que se propuso, y que perdonó nuestros pecados, y que nos dio vida juntamente con Él, y que seremos como Él, y que estaremos con Él siempre. ¿Dónde está la muerte? ¿Dónde su victoria? Él Vive, la tumba está vacía, Él resucitó. ¡Amén!

[1] Earle, R. (2010). Los Hechos de los Apóstoles. En Comentario Bíblico Beacon: Juan hasta Hechos (Tomo 7) (p. 321). Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones.

[2] Earle, R. (2010). Los Hechos de los Apóstoles. En Comentario Bíblico Beacon: Juan hasta Hechos (Tomo 7) (p. 323). Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones.

[3] http://www.reasonablefaith.org/spanish/la-resurreccion-de-jesus#ixzz3WQxOuBbU

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