32. EL MENS P

32. El mensaje del Evangelista | #CEO


Casa de Oración Rancho Nuevo | 22 de Marzo de 2015 | Jonathan García | #CEO

Hechos 5. 27Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. 29Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. *30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.* 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Una vez más hemos llegado a un pasaje en el que debemos poner toda nuestra atención. Pienso que en nuestros tiempos hemos descuidado algo importante con respecto a cuál es el mensaje que la Iglesia cristiana debe predicar. ¿Cuál es el contenido de este mensaje? ¿Qué tiene que predicar la Iglesia cristiana? ¿Qué estoy encargado de predicar en este momento? Responder esto, nos ocupará unos sermones.

Algunos ya han entendido que el Mensaje tiene que ver con la Salvación de las almas, y no con la prosperidad o las sanidades temporales —es un gran principio y gran ganancia; pero no debemos detenernos allí, sino especializarnos para aquello que nacimos. Sabemos pues, que aunque Dios sana y prospera, lo urgente apunta a algo más importante que eso temporal. Pedro aprovecha cualquier circunstancia para predicar lo que Jesús les ordenó unos días antes. Dice:

30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús […]. 31A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados”.

Aquí está todo lo importante del mensaje del Evangelio. Y noten cómo en la actualidad se nos olvida gran parte de este mensaje. Esto había predicado justo un día antes, cuando sanaron al cojo. En ese momento, la gente estaba dispuesta a alabarles y rendírseles, pero Pedro y Juan insistieron: “No lo hagan. No hemos sanado nosotros al hombre. Su sanidad no se debe a ningún poder en nosotros, ni a nuestra santidad [piedad]. Sólo es por el nombre de Jesús, y la fe que es por él (Hechos 3.16). Aquel al que ustedes rechazaron y mataron, fue Él que sanó al cojo; de este venimos predicando”.

Ya hemos estudiado esa historia detenidamente. Fueron llevados al concilio, y al salir, nuevamente Pedro y Juan vuelven a predicar de este Cristo; crucificado y resucitado para la Gloria del Padre. Nuevamente, aquí —en el 5.30— Pedro vuelve a restregárselo en sus caras: “a quien vosotros matasteis colgándole en un madero”.

El contenido del mensaje evangelio —las buenas noticias— es por necesidad, contrastante. Es el énfasis de este sermón: Por un lado, Salvación por medio de Cristo, y por el otro, si se rechaza —es nuestro deber decir— todo lo que representa. Cómo hemos visto insistentemente, rechazar a Cristo es rechazar la única cura, el único camino a la verdadera vida. No hay más esperanza.

El mundo está buscando libertad, una vida abundante —aunque ellos no saben que eso necesitan—; lo buscan por sus medios, en todas partes, y hasta con desesperación. Y sin embargo, cuando uno les ofrece tal liberación, ellos la rechazan —como hemos visto (características de la incredulidad). El mundo —como sistema— tiene un problema en cómo entiende su necesidad; sus ideas de ser salvados son erróneas, en especial su idea de un Salvador. ¿Por qué? Sencillo, no busca en el lugar correcto. La gente en su necesidad, hasta puede buscar ayuda en los chamanes, charlatanes, brujos, en la psicología, o en los políticos; y en lo último que piensan, es en buscar en la Biblia.

La Biblia es clara en dónde se centra ese camino de libertad y vida:

El Señor Jesucristo es el camino de salvación de Dios. El énfasis: Él es el camino de salvación de Dios. “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús […]” (versículo 30). Es Dios quien ha hecho esto. Es el camino de Dios, no el del hombre. ¡Es clarísimo! Pero el mundo siempre busca la liberación de todos sus problemas a su manera. El mundo pone sus ojos en los hombres y en las cosas materiales para buscar su libertad, su tan ansiada satisfacción.

¿No se dan cuenta de la sed que tiene el mundo de admirar, de amar, de adorar a la creatura en lugar del creador? Veamos a nuestros jóvenes, ¿a quién se quieren parecer? Admiran y siguen, son fans de artistas y deportistas. ¿No nos dice mucho el hecho que los artistas, los boxeadores, los jugadores de baloncesto y futbolistas, ganen en 1 minuto el dinero que nosotros ganaríamos en más de un año? ¿No es esto una demostración del gran problema del hombre? Esa es la perspectiva que tiene el mundo. Busca salvadores/héroes, y los busca en otro lugar. Siempre ha creído que esta es la manera de encontrar su salvación/ aunque ellos le llaman, satisfacción.

El mundo tiene que darse cuenta de que solo hay uno que puede salvarlo y ocuparse de sus problemas, y ese es Dios.

I. Dios ha levantado un Salvador

El primer punto contrastante es este: Dios ha levantado un Salvador. Esto nos dice mucho acerca del mensaje, y la parte que olvidamos a la hora de predicar. Aquí tenemos el mensaje de la Biblia: “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús”. Ahora, esto se puede malinterpretar. Parece que, eso de levantó, se refiere a la Resurrección —que lo levantó del los muertos—, pero eso viene en el versículo 31: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra […]”. No, la palabra “levantó” se usa en el sentido que se usa en el Antiguo Testamento: Dios levantando un líder o un profeta.

Esta es una gran verdad que no debemos perder de vista. Los apóstoles le estaban predicando a las autoridades, que Jesús, no fue sólo un hombre. Sino fue Aquel a quien Dios envió. Ahora, esta afirmación: “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús”, es una de las afirmaciones principales de toda la fe cristiana. Y debes poner atención, memorizarla, aprenderla, retenerla y predicarla. Y es que han pasado casi dos mil años, y de repente se nos olvida que Jesús, aunque nació en el año cero [con sus variaciones en el calendario], su historia se remonta hasta antes del fundación del mundo.

Ya lo he dicho en otros sermones. La fe cristiana no comienza con Cristo en la Cruz, comienza con Dios el Padre mucho antes. Muchos de nuestros problemas se deben al hecho de que hemos olvidado que el mensaje del Evangelio empieza por la gran historia del Antiguo testamento. ¿Recuerdan el sermón de Pedro en Pentecostés? Leamos nuevamente:

Hechos 2. 29Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

¿Lo notan? El mensaje del Evangelio comienza en el Antiguo Testamento; la historia comienza allá. Una vez más, Pedro predica esto después de sanar al cojo:

Hechos 3. 13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.

Es algo que olvidamos en este siglo XXI: “El Dios de nuestros padres”. Por eso Pedro, con un toque de sarcasmo en sus palabras, hizo que estos dirigentes judíos se diesen cuenta de ello. No olvidemos que se estaba dirigiendo a los fariseos y los escribas, a los saduceos y los sumos sacerdotes. Pedro dijo: “El Dios de vuestros padres… “. En otras palabras: ¿Están rechazando a Jesús el Cristo? Deben de saber quién es. Él es —ni más ni menos que— el cumplimiento de todo lo que Dios ha planeado para la salvación de la Humanidad. Es Dios quien levantó a los padres en el pasado; de hecho, es Dios quien levantó a Abraham“.

Y si recuerdan, para un judío, ser hijo [descendiente] de Abraham lo era todo. Era su orgullo y su seguridad. ¿Pero de dónde procedía Abraham y por qué vino? La respuesta es que Dios lo había levantado. Abraham había nacido siendo pagano, en Ur de los caldeos. Y hubiera permanecido allí, y nunca hubiera habido una nación llamada Israel, si Dios no le hubiera dicho con el poder de su Palabra: “Sal, Abram; y ve a donde yo te mandaré”. Abraham fue el padre de los judíos. Pero ¿Por qué fue levantado Abraham y aquella nación judía? Las cosas no pasan por casualidad; el hombre participa aun sin saberlo, en el Plan Maravilloso de Dios.

Al principio, el hombre había seguido su propia sabiduría, y se alejó de Dios; perdió su comunión con Él. A sabiendas de tales cosas, Dios, desde antes de la fundación del mundo —antes de que naciera Adán y Eva—, planeó un camino de Salvación. Un camino para restaurar las cosas afectadas por el pecado. Y desde los primeros días, Dios comenzó a revelar poco a poco ese Plan Maravilloso.

Habrá guerra entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Pero les doy esta promesa: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Esa es la primera promesa que se nos da en la Biblia acerca de que Dios enviará al Salvador: un Libertador para el mundo. La derrota de Satanás estaba firmada y afirmada desde el principio.

Y después la historia continúa. Moisés pronunció una profecía exacta:

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará JEHOVÁ tu Dios; a él oiréis” (Deuteronomio 18:15).

La palabra que Moisés usa, “levantará”, la utilizan aquí los Apóstoles. Están afirmando que Dios lo ha hecho. Ha cumplido la promesa que hizo a través de Moisés. Ellos —los gobernantes— lo entendieron perfectamente; por eso al oírlos, querían matarlos (vv33).

Todas las profecías del Antiguo Testamento señalaban al Salvador: No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos (Génesis 49:10). El ceremonial y el ritual del Templo también señalan hacia el Salvador venidero. ¿Por qué se ofrecía un cordero como sacrificio por la mañana y por la tarde? Porque llegará un día en que Dios proveerá su propio Cordero, que será el que lleve el pecado. Dios levantó reyes, levantó profetas, y todos ellos enseñaron acerca del Rey que había de venir.

Nuca vamos a entender el Antiguo Testamento, a menos que lo veamos con esos lentes de una preparación para la venida del Mesías. Eso es en esencia el antiguo Testamento: “Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” (Isaías 40.3).

Llegó el momento en que nacería ese Rey, Profeta y Sacerdote, nacido de mujer, y nacido bajo la Ley; su nombre sería “Jesús”, porque salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1.21). Nació, creció, y comenzaba a predicar. Todos se sorprendían por la autoridad, y por los milagros y señales que le seguían. No había estudiado con los grandes hombres, y sin embargo hablaba como nadie. Pero más importante que todos los milagros, era lo que Él decía. “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10)”.

Pedro y los Apóstoles dicen —y así nosotros debemos decir: Este es Aquel a quien Dios, el Dios de [vuestros] padres”, ha levantado. Este es el punto clave del plan de redención de Dios, el centro mismo de toda la Historia. Y esto de que es el centro de toda la historia, nos enseña claramente, que no es el principio, ni el fin, sino solo el centro del Evangelio que debemos predicar. El mundo insiste en buscar sus “salvadores”. Los busca entre los hombres, usando sus propios métodos, pero Dios ha levantado un único Salvador.

II. Y los suyos no le recibieron

El mundo y sus dirigentes le rechazaron: “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (versículo 30). Eso es lo que el mundo hizo con Él. En palabras de Juan: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Estos dirigentes se quejaron a los Apóstoles y dijeron: “Habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre”.

Se habían olvidado de que unas pocas semanas antes ellos mismos habían dicho con arrogancia: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:25). Esa es la respuesta que le habían dado a Pilato. Isaías ya de antemano lo había profetizado: Despreciado y desechado entre los hombres […]” (Isaías 53:3).

El mundo aun lo rechaza. Figurativamente lo siguen colgando de un madero. Les parece intrascendente; poco importante lo que hizo, y lo que dijo. No tienen tiempo para estas cosas. Su vida es más importante como para ocuparse en un tal Jesús nazareno y el mensaje que tiene.

Para el mundo Jesús no tiene más importancia que arreglar sus problemas de dinero. De la delincuencia, y del maltrato infantil. De la escases. De la falta de empleo y de los problemas de autoestima. No dándose cuenta, que si por algo el mundo está así, es porque han rechazado a Jesús. ¿Por qué lo rechazan? ¿Por qué no le recibieron?

a) Porque no conocen su verdadera necesidad.

Ya hemos visto algo de esto en el sermón “los problemas del corazón”. Vimos que el problema está en el diagnóstico que el mundo le da a sus problemas [enfermedad]. Fallan, y por tanto fallan en la medicina correcta. El mundo piensa que su necesidad fundamental la solucionará la política. Y con esto no quiero decir que no hay problemas políticos. Los hay como nunca antes en la historia. Lo que digo, es que allí no está la solución al problema del hombre.

La gente sueña y se esperanza, en que si tuviéramos un gran presidente, las cosas cambiarían; nuestra vida sería pura felicidad. Claro que se solucionarían muchos problemas —y debemos orar sin cesar por buenos gobernantes—, pero no se soluciona el problema principal. Aunque hubiera paz social, y poca delincuencia; eso no cambiaría a final de cuentas, el destino del hombre, al “despertar” de la muerte a la muerte segunda.

En los tiempos de Jesús, algo así creían los judíos, especialmente los fariseos. No “veían” su necesidad de un Salvador.

Juan 8. 31Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

¿Notaron la respuesta de ellos? “Linaje de Abraham somos”. Esa es la respuesta del mundo. ¿De qué libertad les hablamos, si nunca han sido esclavos de nadie? “Soy católico”. “Soy testigo de Jehová”. “Fui bautizado de niño”. “Acepté a Jesús en mi corazón”. Esas respuestas son incorrectas cuando somos confrontados por Jesús. Jesús les dijo: “Si permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos”.

Tristemente la religión [falsa] ha cerrado más puertas al Evangelio que cualquier otra cosa en la historia. Ponen su liberación en otra parte y no en Cristo, no en “La roca de la Salvación”. Dijeron, con otras palabras: “Nos estás insultando, nos estás ofreciendo libertad cuando no la necesitamos”. Es una tragedia esto. ¿Apoco no es insultante que te ofrezcan algo de lo que según tú tienes?

Pero donde más la gente pone su esperanza es en el dinero. Si tuvieran dinero, piensan, el mundo sería mejor. No habría pobrezas ni necesidades. La gente parece pensar que la única gran necesidad es el dinero. Si estás bien económicamente, puedes tener abundancia de comida, de bebida, de sexo, de entretenimiento y nada te faltará. Profesan: “El dinero es mi [pastor] Señor y nada me faltará”. La primera razón, pues, para que el mundo rechace a su Salvador es que no conoce su verdadera necesidad. Después por…

b) Ignorancia

El mundo no entiende la Historia. Pone atención —si bien nos va— en los nombres y en las fechas, pero no en la lección que nos debería enseñar. Fue Hegel[1] quien dijo que la Historia nos enseña que la Historia no nos enseña nada. ¡Y que verdad! En cada época y generación, los hombres y las mujeres siguen cometiendo los mismos errores. Estos hombres no habían escuchado a Jesús. Le crucificaron. Ahora no estaban escuchando a los apóstoles, que venían con el poder y con la autoridad de Aquel a quién habían crucificado. Hoy querían deshacerse de los apóstoles también. ¡No habían aprendido la lección!

¿Cuál es, entonces, la verdadera necesidad del mundo? Es la necesidad de Dios, la necesidad de conocerle: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado (Juan 17.3).

Haz lo que quieras: prospera, hazte influyente, acumula todo el conocimiento, ten toda la información al alcance de tus dedos y te darás cuenta de que eso no te da paz, eso no te da satisfacción definitiva ni descanso. La necesidad de la Humanidad es la bendición de Dios, y sin ella el mundo siempre vuelve al caos y a la vaciedad. Al estar creados a la imagen de Dios, sólo Dios puede satisfacernos completamente.

Dijo Agustín de Hipona:

Tú nos has hecho para ti mismo, y nuestros corazones no tienen descanso hasta que encuentren su descanso en ti.

Los hombres y las mujeres necesitan la reconciliación con Dios. Necesitan el perdón de sus pecados. Necesitan ser liberados de las fuerzas que los están esclavizando: el mundo, la carne y el diablo. Les puedes dar riqueza, pero no les convierte en personas nuevas. Cada uno de nosotros necesita una vida nueva, un corazón nuevo y una satisfacción nueva y profunda. Por eso el mundo no conoce su necesidad, de manera que le rechaza.

Piensa en Aquel a quien el mundo rechaza. Después piensa en quienes está dispuesto a adorar, alabar y seguir: ¿qué descubres de ellos? Las personas que el mundo admira, siempre se exaltan a sí mismos, o permiten que se les exalte. Tienen sus “animadoras” para organizar los aplausos, para decirle a la gente cuándo aplaudir y cuándo parar. Siempre tienen un miedo, y buscan seguridad privada, guardaespaldas.

Pero ahora, considera de nuevo al Salvador a quien el mundo rechaza. ¡Qué contraste! ¿Cuáles son sus características? Bien, gracias a Dios, es exactamente lo opuesto a todos los salvadores humanos. Lo primero que leo acerca de esto es lo siguiente: “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse […], se humilló a sí mismo” (Filipenses 2:6,8). ¡Se humilló a sí mismo!

No habló de sus derechos y de sus exigencias, no gastó millones de pesos en palacios, en estatuas, ni en monumentos a sí mismo. Al contrario, de manera absolutamente deliberada “tomó forma de siervo” (Filipenses 2:7). Se mezcló con la gente más pobre y esta “le oía de buena gana” (Marcos 12:37). Trató de huir de las multitudes. Fue haciendo el bien y aliviando el sufrimiento, mostrando su amor, su misericordia y compasión. Tocó a los marginados; estas eran las personas por quienes había venido.

¿Se dan cuenta qué es totalmente lo contrario a lo que el mundo admira y aclama? Y mientras ama y admira a otros que se exaltan, que tienen su club de admiradores, que no son humildes, que no se juntan con los pobres y gente corriente, que buscan aplausos, que ganan millones y poco comparten, rechaza al que lo dio todo.

Aquí tenemos a alguien que fue a la muerte deliberadamente; aquí tenemos a alguien que no solo se humilló a sí mismo tomando forma de siervo, sino que “[se hizo] obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Cuando se enfrentó a este final, oró: “¿Y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? ¡No! Mas para esto he llegado a esta hora” (Juan 12:27). Vino al mundo para salvar. “[…] para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). ¡Tomó la posición del criminal, del culpable, del vil! Tomó nuestros pecados sobre sí:

Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2:24).

Aquí lo tenemos, la eterna antítesis de los dirigentes terrenales y el mundo no le reconoce, sino que se deshace de Él, dice que es intrascendente y adora a las creaturas de carne y hueso. Comenta Martyn Lloyd-Jones:

A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:31). Él quita nuestros pecados, nos presenta a Dios y nos reconcilia con ÉL, Dios nos adopta en su familia; nos convertimos en sus hijos. Somos liberados de las cosas que nos afligen; se nos da paz interior e independencia del mundo, de su riqueza y su pompa; se nos da una mente, un corazón y un espíritu tranquilos y sosegados. Al ver un propósito nuevo de la vida en este mundo, estamos preparados para vivir para su gloria, sabiendo que no hay nada que temer en la muerte porque morir es ganancia”[…] estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23), es estar en la presencia de Dios. Y Él ha comprado todo esto a costa de dar su propia vida por nosotros, de morir nuestra muerte, de ser sepultado en nuestro sepulcro y después resucitar para justificarnos.

Pero el mundo no ve nada de gloria en todo esto. Prefiere la cerveza, el juego y los placeres temporales. La comida, el sexo y el entretenimiento. Prefiere salvadores/héroes de carne y hueso que les quitan su dinero; que siempre les exigen algo y poco les dan a cambio. Mucho espectáculo y entretenimiento y ninguna solución para calmar la sed eterna que hay en sus corazones. En palabras metafóricas, prefieren a Barrabás y crucifican a Jesús.

Mateo 21. 42Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:

La piedra que desecharon los edificadores,

Ha venido a ser cabeza del ángulo.

El Señor ha hecho esto,

Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

43Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

El reino de Dios les fue quitado a los judíos, y fue entregado a la Iglesia cristiana; sean judíos y no judíos, mujeres y/o hombres, ricos y pobres. A los que le recibieron les dio poder de ser llamados sus hijos. Y se les ha dado el Espíritu Santo. Que es la otra parte que los evangelistas han olvidado. Se olvidan del Antiguo Testamento en un principio, y después se olvidan que el Evangelio es poder de Dios para salvación, y no una simple decisión de los hombres para dejar su pecado.

El Evangelio te dice que puedes nacer de nuevo, que puedes empezar de nuevo, que puedes tener un nuevo principio de vida y un poder puesto en ti con el Espíritu de Dios morando en ti, un poder que te hará libre. —Martyn Lloyd-Jones.

[1] Georg Wilhelm Friedrich Hegel

PDF —  Audio/mp3Predicaciones

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