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31. Características de la Incredulidad | #CEO


Casa de Oración Rancho Nuevo | 15 de Marzo de 2015 | Jonathan García | #CEO

Hechos 5. 17Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, 23diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.

El capítulo 5 es muy sorprendente e intenso. Bueno, en realidad, estos primeros capítulos son todos sorprendentes e intensos. Pero en especial este capítulo comenzó con la muerte de repente de Ananías y Safira, y cómo olvidarlo. Inmediatamente después del temor que sobrevino, vemos a los apóstoles con muchas señales y prodigios. Tan así, que muchas personas venían a traer a sus enfermos, y hasta pensaban que la sombra de Pedro tenía poder —cosa que anteriormente, el mismo Pedro aclara que ellos no tienen el poder; mucho menos la sombra.

El libro de los Hechos habla de historias reales, sólidas, que no dan lugar a dudas. Que nos ayudan a ir descubriendo lo qué es la Iglesia Cristiana, cuál es su mensaje, y cuál es su propósito. Solo aquí es donde tenemos relatos confiables, contados por autores inspirados por el Espíritu de Dios; en ninguna otra parte podemos encontrar tal seguridad. La historia ayuda a confirmar esto, pero nunca debemos comenzar por la historia, ya sea del siglo XV o del siglo II.

Hechos 5. 17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.

Los gobernantes, que a diferencia de nuestro país —que gobierna un presidente, diputados, senadores, y el poder judicial que lleva a cabo la Justicia—, eran personas religiosas. Gente que era preparada en toda la Ley del Señor del Antiguo Testamento, y que llevaban una rigurosa preparación en todas las normas. El que encabeza es el sumo sacerdote. En seguida, los miembros del Sanedrín [72], que estaba compuesta por diversos partidos —tal como los políticos—, saduceos principalmente, pero también por fariseos.

Leemos que por celos, los pusieron en la cárcel pública. Estaban más que preocupados, pues no lograban entender como personas sin preparación —a diferencia de ellos—, pudieran lograr lo que estaban logrando; el pueblo les alababa. Pero ellos aún desconocían, o más bien, no querían aceptar que Dios estaba con ellos, como también estuvo con Jesús nazareno.

Así es cómo nacía la Iglesia: Dios levantándose en medio de ellos, a través del Espíritu y su Palabra.

En la actualidad hay mucha confusión acerca de lo que es la Iglesia cristiana. Incluso, dentro de la misma, hay tantas opiniones que no podemos ser certeros en cuál nuestro propósito aquí en esta tierra. Cuanto más a las afueras de la Iglesia. Por eso ha sido necesario, y he enfatizado lo suficiente, que debemos regresar a estudiar cómo comenzó todo. Dice Martyn Lloyd-Jones:

El cristianismo es una historia sorprendente de inicio a fin.

Es verdad, estudiemos cada gran época del cristianismo, y nos quedamos con la boca abierta. En muchas ocasiones hasta avergonzados, pues aquellos hombres vivían el cristianismo de una manera que hoy lo vemos lejos. Con cierta nostalgia estudiamos la historia, deseando que Dios, en estas épocas levante hombres y mujeres que lo arriesguen todo por su reino. Queda claro que no es algo que dependa de la capacidad del hombre, han sido historias que no dejan a duda, que es Dios detrás.

Si preguntamos la parte favorita hasta el momento (Hechos 1-5), a algunos les gustaran mucho los milagros y señales por mano de los apóstoles, o aquellas lenguas como de fuego en el día de pentecostés, o el cojo de nacimiento sanado. Pero para mi gusto, lo que estamos a punto de leer, es de las cosas que más me sorprenden y me animan. Estos hombres fueron puestos en la cárcel pública, y su reacción es algo que cada que leo, me sorprende y anima.

Hechos 5. 17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos.

Cuando estudiamos hermenéutica, aprendimos que hay palabras que conectan versículos. Aquí nos encontramos una importante: “Entonces”; implica que fue algo conectado con lo anterior, ¿qué fue lo que pasó? El pueblo estaba como loco, y traían a todos los enfermos, incluso en sus lechos, a los apóstoles, y eran sanados. Era algo que no se podía ocultar. Por lo cual, “entonces”, los gobernantes, se llenaron de celos.

Más sorprendente que los mismos milagros fue la reacción de los gobernantes. Todas las reacciones anteriores eran entendibles. Primero la gente se llenó de temor, y luego alababa a los apóstoles por todas las sanidades. Pero, ¿Enojo y celos? ¿Por qué? ¿No se supone que debería darles gusto a los gobernantes qué su pueblo fuera sanado? Su enojo fue tan grande, que los llevó a cometer una injusticia delante del Dios que decían servir; metieron a la cárcel pública a los que hicieron un bien al pueblo.

Sabemos que la Biblia dice la verdad, tanto para bien como para mal. No es como esos productos que pasan en la madrugada, que son perfectos y son milagrosos, y nunca dicen sus “puntos débiles”. La Biblia habla de los éxitos y fracasos. Tan es así, que el Antiguo Testamento quedó plasmado para siempre. Y si somos objetivos, la mayor parte son historias de un pueblo rebelde para con Dios.

Parece que es infructuoso estudiar acerca de la incredulidad. Pero reflexioné un poco, y me di cuenta que al ser lo contrario a la fe, puede ser muy provechoso. De hecho, entre estos dos conceptos —la fe y la incredulidad— está la vida eterna de por medio.

Según nuestro sermón anterior, lo que nos llevaba a la fe es: [1] Temor al poder de Dios, [2] Disposición a escuchar y aceptar el Evangelio y [3] la obra del Espíritu real e interna, que hace que la persona no solo se emocione, sino que persevere. El resultado de esto es que inevitablemente se unirá al cuerpo de Cristo, es decir, a la Iglesia. Si no se une a la Iglesia debemos dudar con todo el corazón de qué realmente hayan sido convertidos —por más que nos duela.

Ahora, ¿de qué trata la incredulidad? Al final de cuentas nos interesa, porque sí hay un pecado que nos separa de la eternidad es la incredulidad en Dios, en su camino y en su verdad. A veces para entender de qué trata la fe, sirve entender que trata el sentido negativo de la fe, que es la incredulidad. Incluso, a veces, darse cuenta de lo malo o lo necio que es un comportamiento, nos lleva a abandonarlo. Para muestra un botón ¿(recuerdan)?

2 Samuel 12. 1Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2El rico tenía numerosas ovejas y vacas; 3pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. 4Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. 5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. 7Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre.

Siempre comprendemos más las cosas cuando las vemos en otros. Así fue con David. Y así es con el Evangelio, trata de decirnos como Natán: “Tú eres aquel hombre”. Es útil saber que por las mismas causas Cristo ha sido rechazado desde el siglo I, sigue siendo rechazado en la actualidad. El corazón del hombre no ha evolucionado. Solo lo externo ha cambiado. Al ver el comportamiento de estos hombres encontramos un patrón en la incredulidad; en todos los hombres que rechazan el Evangelio.

1. ¿Características de la Incredulidad?

¿Por qué rechazaron el Evangelio? Estos mismo fueron lo que tiempo atrás persuadieron al pueblo pidiendo a Barrabás y que a Jesús se le crucificara (Lucas 23.18, 21).

a) No es intelectual

Esto es muy importante saberlo. Porque en la actualidad existe esa tendencia por parte de los que se llaman intelectuales. Insinuando que los creyentes, son creyentes porque son unos ignorantes. Y aquellos que se dicen ateos y que saben algo de ciencia, piensan que Dios se puede investigar tal como se investiga una enfermedad, o que se puede visitar tal como se visita a la luna. Su conclusión es, que como no lo encontraron, no existe. Pero Dios no es una cosa, ni es un humano para que se pueda encontrar y estudiar así. Eh allí su gran error.

1 Corintios 1. 21Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

La actitud de estos hombres del Sanedrín demuestra, junto con muchos casos en toda la historia, que la incredulidad no tiene nada que ver con ser inteligente o ignorante. Hay ateos inteligentes y hay ateos tontos; al igual, hay creyentes inteligentes y hay creyentes ignorantes. Es más, en la misma Biblia encontramos hombres muy inteligentes que han sido creyentes: Moisés, Salomón, Pablo, Lucas, por mencionar los más sobresalientes.

Entonces, no pueden demostrar que ser creyente es igual a ser ignorante; aunque puede que haya algunos. Incluso, muchos que antes odiaban el Evangelio y se burlaban, se han convertido. El caso de Pablo es el más sobresaliente. ¿Por qué cambió de bando? ¿Acaso Pablo sufrió de perdida de inteligencia? ¿Tuvo un lavado de cerebro? Sí, y de corazón; pero su inteligencia siguió intacta.

Dos gemelos pudieron haber crecido con la misma educación, misma escuela, parecida personalidad y similares en inteligencia. Uno creyó y otro no. ¿No se dan cuenta? No tiene que ver con eso. La incredulidad no es cuestión de entender o no, sino de aceptar.

Ni se trata de cuanto conocimiento tengamos. Pues como vemos, en la actualidad ha aumentado el conocimiento, la tecnología está impresionante. Y sin embargo, sigue habiendo gente incrédula tal como en el siglo I. Que se haya inventado el internet y que el hombre haya ido a la luna, ¿Le convence que el problema está en su corazón? ¿Lo hace querer ser más agradable a Dios? Todos los avances en el conocimiento nada nos enseñan acerca de Dios, del alma y/o de la muerte.

Hechos 5. 17Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública

“Se llenaron de celos”, otra traducción más certera para el contexto es “envidia”. ‘¡Ahh! Ya salió el peine —como dicen acá. ¿Está es la respuesta de un inteligente serio? No. La incredulidad está cimentada en puros prejuicios. Es puro sentimiento como lo acabamos de leer, y como fue con el Señor Jesucristo.

Era demasiada evidencia y ellos seguían con celos. El edificio que tiembla, la pareja que muere, los milagros y sanidades, la forma de hablar de estos hombres sin preparación. En lugar de que aceptaran y dijeran: “Realmente esto sucedió, Dios tuvo que hacerlo y no ellos”. En lugar de tomar una actitud humilde, de investigación, rechazaron a los apóstoles, pero no por inteligentes, sino por envidia. Todo esto refuerza el sermón de hace unas semanas, que el problema del hombre está en el corazón, es decir, en sus deseos.

b) Presume su tolerancia

La palabra de moda es la “tolerancia”. Por medio de esta palabrita se ha tratado de justificar el pecado. Proclamando voz en cuello que la Biblia y las ideas de Dios están anticuadas. Que Dios es un exagerado. Que el hombre puede elegir su pareja del mismo sexo, y que puede elegir matar al hijo que engendró, y que puede adulterar, etc. Se dicen que son de “mente abierta”. ¿Pero saben que no toleran? El Evangelio y los cristianos.

Prendan la TV, y vean todo lo que predican. En las novelas y películas, incluso hasta en las caricaturas. Siempre hay un homosexual, un brujo o chaman, un adultero, un asesino, un abusador, un corrupto, ¿No? Pero, ¿Oímos hablar de Jesucristo y su obra perfecta? De hecho, se habla de un diosito, y siempre también hay una o un religioso, que pone a la virgen antes que al Señor. Cosa que en la Biblia nunca sucede, ni cerquita de eso. Lo más que vemos es a un Cristo muerto y con apariencia de derrota; un Cristo que se quedó en la Cruz. Todo sale, todo se tolera, menos el Evangelio. Nunca de Jesucristo de Nazaret y sus planes, y mucho menos del Espíritu Santo de Dios.

c) Envidia

Volviendo al texto. Ellos tenían a estos gobernantes, que eran religiosos, que enseñaban acerca de Dios. El sumo sacerdote y el Sanedrín. Las personas más importantes, las más preparadas. Orgullosas de su conocimiento y de su “relación” con Dios. Se sentían admirados, admitían su conocimiento y grandeza. ¿Ya vieron la escena? De repente se encuentran con hombres que no tienen una preparación, que ni siquiera su vocabulario es amplio, hombres insignificantes que se robaron el escenario y todo el pueblo les admiraba.

A ellos no les interesaban los milagros, sino su posición. En especial los saduceos que se mencionan como parte protagonista del Sanedrín, “Los del partido de los saduceos”. Era una secta, en ese tiempo tenía la connotación de una denominación; una forma de interpretar la Ley, distinta a los fariseos —sus principales oponentes. Los fariseos eran más religiosos, se sentían los elegidos, enfatizaban la Ley y cada detalle. Pero los saduceos eran gente de abolengo, con posición económica alta, por eso era la principal fuerza dentro del sanedrín. Eran diplomáticos que mantenían contacto con el imperio romano para hacer acuerdos.

Este grupo especialmente sentía los celos de una manera más intensa. Pues no creían en nada sobrenatural, es decir, en los milagros. No creían en la vida después de la muerte. Ni en los ángeles. Ni menos en la resurrección. ¿Se dan cuenta cuál era su principal problema? Siempre habían enseñado que no había milagros, que no había ángeles en la actualidad, que no había resurrección; se aferraban a su tradición, y por más que vieron con los ojos, no podían aceptar las cosas que siempre rechazaron.

Y como con dedicatoria, veamos lo que Dios les prepara a nuestros amigos saduceos:

Hechos 5. 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban.

¡Un ángel! Por si fuera poco, los saduceos se enteran de que los apóstoles ya no estaban en la cárcel. Sino que “¿Estaban en sus casas viendo la TV?” No. Estaban otra vez, insistiendo, enseñando en el templo, como Dios por medio del ángel, les ordenó.

d) Orgullo

Eh aquí el meollo de la incredulidad. Lo más difícil para el hombre no es darse cuenta de su error, sino aceptarlo. En eso se puede llevar toda la vida. Negándose a sí mismo aceptar tan grande evidencia. El orgullo no permite aceptarlo. Es allí solo allí cuando el Espíritu Santo puede hacer la obra en el corazón endurecido.

Toda su vida, su tradición, sus ideas se tambalearon. Así sucede con la mayoría de la gente. Atados a sus tradiciones difícilmente aceptarán la verdad que contradice toda su vida, pero sobre todo la comodidad. Y realmente es más difícil sacarlos de su religión, que haber sacado de Egipto a aquel Pueblo de Dios en tiempos antiguos. Pero lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible.

Es solo cuando a través del Espíritu Santo por medio de la Palabra y de esta respaldada mediante cosas que un hombre cristiano no puede en sus fuerzas, es que las cadenas de la religión se rompen, y vienen realmente a Cristo. Paz en medio de la adversidad. Confianza en la pérdida, etc.

Volviendo al texto. Se nos dice que fueron arrojados a la cárcel pública. En esos tiempos, esta no era cualquier cárcel, sino que estaba dividida en secciones. Y no había cárcel más segura que la cárcel pública (una zona dentro de toda la cárcel). Era como cárcel de máxima seguridad. Allí arrojaban a los criminales más crueles. ¿Se dan cuenta hasta donde llegaba su enojo? La Escritura no lo dice, pero al leer sobre esta zona de la cárcel, no dudo que a alguno de ellos se le haya ocurrido esto, por si acaso los criminales les propinaran una golpiza a estos hombres. Ya ven como es el corazón del hombre.

Y después, fíjate en el uso de la autoridad y la fuerza, el intento de silenciar a los Apóstoles; de hecho, el intento mismo de destruir la Iglesia cristiana. Una vez más, esa ha sido siempre la característica de la incredulidad. Considera la manera como los dirigentes religiosos trataron a nuestro Señor. Considera la manera como trataron a los primeros cristianos.

2. La incredulidad rechaza la vida

¿Qué estaban rechazando los dirigentes religiosos en Hechos? Se nos dice aquí que el ángel se apareció a los Apóstoles y les dijo: “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida”. Se había encarcelado a los Apóstoles porque habían estado hablando “las palabras de esta vida”. ¿Qué era, pues, lo que llenaba a sus enemigos de furia?

Esto es lo más asombroso de todo. ¿Qué estaban rechazando? Y la respuesta es esta: “las palabras de esta vida”. ¿Qué es eso? “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dice Jones:

Los hombres y las mujeres rechazan el mensaje de que el gran Dios, que hizo este mundo y nos hizo a todos nosotros, el Dios que está sobre todas las cosas y que es nuestro Juez eterno, Aquel contra quien hemos pecado y a quien hemos injuriado y escupido es, sin embargo, un Dios que nos amó tanto que planeó una manera de hacernos libres: el camino de salvación. Son buenas noticias, es el Evangelio. Si el mensaje del Evangelio fuera que Dios es un gran tirano que espera lanzarse sobre nosotros y destruirnos, que siempre nos está oprimiendo y que anula muestras mentes, nuestros espíritus y nuestras almas y que nos obliga a vivir en una especie de Infierno toda nuestra vida, entendería que la gente lo rechazara, pero es exactamente lo contrario.

Dios no nos impone una ley imposible ni nos dice:

“Guarda eso y te perdonaré, y si no lo haces te condenaré”. No, Dios dice: “Aunque has fallado y has pecado contra mí, mi amor es tal que estoy preparando este camino de salvación para ti”; la gracia de Dios.

Imaginen que nos espera, si a Jesús lo crucificaron. Piensa en Él: restauró a personas que estaban enfermas, dio cordura a los dementes, sanó a los ciegos, a los cojos, a los sordos, resucitó a los muertos.

“Id” —dijo el ángel— y hacedles saber “todas las palabras de esta vida”. ¡Vida! Si nuestro Señor hubiera ofrecido alguna especie de esclavitud, entonces hubiera sido racional resistirle. Sé que muchas personas piensan que el cristianismo es una esclavitud. Han escuchado al diablo, que dice: “No te conviertas en cristiano, pues hará de ti la mitad de una persona. El cristianismo significa represión. El cristianismo es una enseñanza que te dice: ‘No hagas esto, no hagas aquello, no hagas lo otro y no tengas nada que ver con el sexo, heterosexual u homosexual’. Ambas cosas están bien -dice el diablo-, solo sigue adelante. No escuches al cristianismo porque si lo haces, vivirás una vida incómoda y reducida. Perderás todo lo que es maravilloso y feliz, te convertirás en una persona pequeña y vivirás una vida pequeña en un mundo pequeño”.

Qué triste que algunos que se dicen cristianos crean las palabras del diablo, y consideren su vida, una vida triste. ¡Estábamos mejor en el mundo! ¿Ah sí? Te respondo como Elías, ¡si Baal es dios, síganle! Pero no vaciles en dos pensamientos.

“Id” —dijo el ángel— y hacedles saber “todas las palabras de esta vida”. Vida es lo que Dios ofrece, y lo que el mundo no puede darte. ¿Beber alcohol te da vida? No, te esclaviza y destruye los hogares, y pierdes hasta el empleo.

“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Eso es lo que las personas están rechazando con tanto desprecio y enojo, con tanta amargura e irritación, como si se las hubiera insultado. Lo más duro de aceptar es que los cristianos tenemos miedo de ofrecerla. Nos callamos. No insistimos como aquel doctor que tendría que insistir al paciente de operarse de urgencia. No perdamos el tiempo. No dejemos de orar por aquellos quien les hemos anunciado.

El Evangelio te dice que puedes nacer de nuevo, que puedes empezar de nuevo, que puedes tener un nuevo principio de vida y un poder puesto en ti con el Espíritu de Dios morando en ti, un poder que te hará libre. Y, sin embargo, esto es lo que odian muchas personas.

La prueba final de la irracionalidad es esta: los miembros del Sanedrín ordenaron que los Apóstoles fuesen prendidos y arrojados a la cárcel pública. Ellos tenían la autoridad, el poder, y ellos iban a poner freno a esta predicación y a estas sanidades. Pero —y ahí está, este cristianismo, este “pero” que surge, este bendito “pero”, Dios, el poder de Dios. “Un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie […], anunciad… “. Desafíenlos, hagan lo que les están diciendo que no hagan. ¡Yo voy delante de ustedes, confíen! Este es el gran reto que no hemos tomado. Por eso no hay cosas así muy seguido, por nuestra poca valentía.

No se estaban enfrentando a hombres del vulgo e ignorantes, sino al poder de Dios. Esa es la irracionalidad definitiva y la locura de la incredulidad. Si rechazas este Evangelio, no me estás rechazando a mí —al predicador—, estás rechazando a Dios. Al poder de Dios.

Y ese es un resumen de toda la historia posterior de la Iglesia. En el siglo I, personas inteligentes pensaron que podían poner fin al cristianismo. A lo largo de los siglos fueron de la misma opinión, y con espada y hoguera, con la horca y otros medios físicos y con medios intelectuales, han hecho todo lo posible por destruir la fe. Pero todo es inútil. ¿Quién contra Dios? ¿Quién contra su Iglesia?

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