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29. Problemas del Corazón | #CEO


 Casa de Oración Rancho Nuevo | 22 de Febrero de 2015 | Jonathan García | #CEO

Hechos 5. 3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?

Estamos estudiando este pasaje contrastante del cristianismo de origen; Ananías y Safira, esta pareja de miembros de la iglesia, que decidieron junto con otros, vender una propiedad y compartirla con los necesitados. Recalcamos la semana anterior, que no fueron obligados a ello; fue totalmente voluntario. El problema fue, que fingieron haber dado “todo” el dinero que recibieron, cayendo en una gran hipocresía. Quizá para impresionar a otros. Los dos estuvieron de acuerdo en no entregar todo. Y por esta causa, Dios decide actuar de esta manera drástica; ambos mueren de repente a los pies de Pedro el apóstol.

Uno de los propósitos que aprendimos la semana anterior, fue darnos cuenta que el gran mensaje del Evangelio, es hacernos conscientes de que vivimos en un reino espiritual, y que ese reino es el que realmente importa. Por tanto, podemos darnos cuenta, que la gran mentira de Satanás es apostar por el materialismo —todo aquello que se ve, que se toca y que es temporal. Por otro lado, el mundo, desprecia todo lo invisible [espiritual], todo lo sobrenatural, lo eterno; esto es, definitivamente construir su “casa” sobre la arena, que está condenada a caer.

También aprendimos que Satanás sigue trabajando, en lo que mejor le gusta; ensuciar la creación de Dios. Ya lo hizo en la primera creación engañando a Adán y Eva, ahora lo hace en la “nueva creación” engañando a Ananías y a Safira. Ananías y Safira no estaban conscientes de esto y tuvieron que enfrentar esto. Así es la humanidad, inconsciente de que estamos en manos de Dios, nos guste —en nuestro caso— o no — en el de ellos.

Este es el mensaje que Dios envía al mundo, y que nuestro Señor Jesucristo comisionó a la Iglesia.

Lucas 24. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

En otras palabras:

“Los voy a distribuir en el mundo para que le hablen a la gente de mí, de quien soy, de porque vine al mundo y todo lo que he hecho; estas buenas nuevas que les llevarán a la vida abundante, una vida que no terminará”.

Entonces, ¿Por qué no cree todo el mundo este mensaje? Siendo que el mundo está como está, con sus problemas y con sus fracasos, ¿por qué los hombres desprecian el Evangelio sin siquiera considerarlo? Ya hemos visto parte de la respuesta: Satanás, el dios de este mundo ha cegado su “entendimiento” (2 Corintios 4.4) para que no crean el Evangelio. ¿Y por qué el mundo no cree este Evangelio? Porque no ve que tiene la necesidad. Si viera su necesidad estaría por lo menos dispuesto a escuchar, pero no lo están. Están conscientes de alguna necesidad, pero no de su verdadera necesidad.

Este sorprendente hecho de Ananías y Safira nos dice que el problema de la humanidad es que no sabe “qué es” lo que está mal. Está equivocada con respecto a cuál es el problema de su verdadera necesidad. Se equivoca en el concepto que tiene de sí mismo: quien es y cuál es su necesidad. Piensan que es el dinero o la educación, la respuesta. Y está equivocada también en cuál es su enemigo a vencer.

Casi la mayoría de la gente en el mundo sabe que algo anda mal. Los oímos frecuentemente decir, que el mundo va de mal en peor, los crímenes aumentando, los gobernantes aprovechándose, etc. Se da cuenta que la vida es una batalla, algo difícil. Pero no han acertado en encontrar cual es la raíz de sus problemas, y como tratar contra sus “enemigos”.

A pesar de que muchos se esfuerzan sinceramente en “mejorar” el mundo, no vemos que ha mejorado. Algunos historiadores creen que el mundo va caminando en círculos, con aparentes avances pero llega el punto, que vuelve al inicio. ¿Por qué sucede esto? La respuesta es tema de este sermón; hay problemas que el mundo tiene que afrontar, y con esta historia se hacen evidentes.

I. El diagnostico

a) Del mundo

¿Cuál es el problema con el mundo y su tratamiento a sus problemas? El problema es su diagnóstico, que no va a la raíz, sino es superficial. Analizan la conducta de cada individuo, hacen sus estadísticas y ven que la delincuencia juvenil ha aumentado, y realizan estudios muy interesantes y educativos. Llegan a la conclusión que el problema está en la conducta, y proponen soluciones; reformas a la educación o a los castigos contra los crímenes, quedándose cortos en arrancar de raíz, o atacar al problema desde su origen.

Se preguntan, ¿cómo podemos hacer que estas personas que cometen delitos y alteran a la sociedad se conviertan en buenos miembros? Pasan todo el tiempo deteniéndose en la superficie del problema. Sus estudios son buenos; sin embargo siguen quedándose en la superficie. Ponen mejores cárceles, que llaman reformatorios. No se dan cuenta de qué el hombre no necesita una reforma en su vida, sino una transformación. En esto también fallan todas las religiones falsas.

Ellos creen que los problemas del hombre se deben a la falta de conocimiento e instrucción; que es parte de, pero no la raíz. Sus estudios arrojan que si a un niño no le das instrucción y una vida familiar aceptable, al crecer, se descarría y se convierte en un criminal. La pregunta es, ¿y qué de los políticos y las grandes estafas de cuello blanco? ¿Les faltó estudio e instrucción? Al contrario, ellos son muy inteligentes, y cometen los robos más grandes y perversos conocidos.

Su conclusión es que para llegar a tener un mundo de paz, solo se necesita educación. Piensan que las personas se extravían porque aún no han “entendido” como adaptarse a la sociedad. Y que cuando lo entiendan, los problemas terminarán. En palabras más o en palabras menos, así es como el mundo ha tratado con sus problemas.

Volvemos a Ananías y a Safira, esta historia nos enseña qué el tratamiento del mundo con sus problemas, es superficial. Pensemos en ellos y en lo que les ocurrió. ¿Podemos explicar lo que les sucedió como una mera falta de conocimiento, o de entendimiento? ¿El problema de incluso los hombres de Dios se da en su falta de entendimiento? Decimos sin temor a equivocarnos, que no; el problema no fue que no entendían que lo que hacían era incorrecto. No había esa confusión que en algunas ocasiones puede haber. “Es correcto esto que haré”. La mayoría de los pecados estamos conscientes de qué es malo.

b) De Dios

El problema del hombre está en el corazón. Es allí donde la Biblia hace mucho énfasis. En la actualidad tomó mucha fuerza la Psicología, y muchos acuden a que les resuelva sus problemas de comportamiento. La Psicología no es algo malo en sí mismo. De hecho, estudia el comportamiento humano y da tratamiento. Pero no llega a la raíz.

Solo en la Biblia encontramos un diagnostico profundo de la condición del ser humano. El apóstol Pedro, sin muchos años de preparación en las universidades, de inmediato llegó a la conclusión: “¿Por qué lleno Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? Lo mismo le dijo, con otras palabras, a su mujer que llegó más tarde. Por su propia experiencia, Pedro sabe cómo Satanás le persuadió a negar a Jesús tres veces (Lc. 22:31–32) y que puso en el corazón de Judas Iscariote la determinación de traicionar al Maestro (Lc. 22:3; Jn. 13:2, 27).

Hechos 5. 3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? […]

Con otras palabras:

“Para empezar, no tenías necesidad de venderlo. Aun después de que lo hiciste y que recibiste el dinero, no tenías obligación de dar un centavo. Podías haberte quedado todo, aun lo tenías en tu poder. Decidiste dos veces engañar, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón?” 

¿En dónde —en la mente? No, en el corazón; ahí está todo el problema al descubierto. Alguna vez escuché: “El problema del corazón, es el corazón del problema”.

II. El problema está en el corazón

No es un problema intelectual, ni un problema de conocimiento o de información. Es algo mucho más profundo. Hay elementos en la naturaleza del ser humano que son más profundo y más fuertes, que la mente. Incluso, es evidente que los hombres más “ilustrados”, pueden llegar a ser los más perversos. Ese “corazón” puede llegar a arruinar la vida de las personas.

Aquí nos dice el texto que “Satanás” llenó el corazón de Ananías. Y no olvidemos de quién es Satanás, y de dónde proviene. Un querubín hermoso que cayó, ¿Por qué? ¿Qué motivó su rebeldía contra Dios? En una palabra: Celos. Algo hondo y muy profundo, que rara vez tiene que ver con el “conocimiento” o “entendimiento”. No estaba pensando solamente, había algo que deseaba: ser igual a Dios. He aquí el meollo del asunto.

Hemos visto que la Biblia es un libro honesto, que no está interesado en otras cosas sino en decir la verdad; no importa quienes sean los afectados. Uno de los hombres más importantes del Antiguo Testamento es el rey David, el gran salmista; ese que derrotó al Gigante, ese hombre que estableció su reino y lo llevó hasta lo alto. Un hombre conforme al corazón de Dios, que hacia lo que Dios le pedía. Sin embargo, la Biblia es honesta cuando habla de su adulterio y del asesinato que cometió.

¿Por qué lo hizo? ¿Fue falta de entendimiento? ¿No estaba familiarizado con esta enseñanza? ¿Fue que no había sido instruido correctamente en los Diez Mandamientos? Las respuestas son contundentes. No; no le faltaba entendimiento, no le faltaba conocimiento. Al contrario, siempre escribía acerca de la Ley de Dios, y cuan buena es. Él mismo, después de este gran pecado, descubrió el corazón del problema, y escribió:

Salmo 51. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Él sabía dónde estaba el problema. Un hombre como David, inspirado por el Espíritu para escribir los más hermosos salmos, que tenía un gran conocimiento de la Ley del Señor y de la verdad, pudo hacer estas cosas. ¿Por qué? ¿Su problema estaba en su mente? David descubrió que no. No se trataba de su mente, sino del espíritu; su corazón, esa parte más profunda del ser humano es dónde está el problema. Esto es lo que hemos descuidado en estos días.

¿Por qué creen que una persona viene por primera vez a la iglesia, y entiende el mensaje, y hasta le gusta; pero después, al salir de aquí, vuelve a lo mismo? ¿Por qué de esas personas que evangelizamos en el centro y “aceptaron” a Jesús, después de esa tarde olvidaron todo? ¿Por qué razón caemos en pecados que ya hemos cometido antes, si entendemos que es incorrecto? La respuesta es: El problema del corazón.

Jesús fue muy claro en esto. Aun los fariseos estaban muy equivocados, y sus discípulos no lograban entenderlo. Pero Jesús les dijo:

Mateo 15. 17¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? 18Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.

¿Qué es el corazón?

El mundo entiende mal lo qué es el corazón, y muchas veces nosotros también erramos. Creemos que el corazón es solo las emociones, o lo que logramos sentir. Pero el corazón según la Biblia es el centro de la personalidad de la persona. Si incluye las emociones y sentimientos, pero no es solo eso, es algo mucho más profundo; precisamente de dónde surgen tales emociones y tales sentimientos. Cada uno de nosotros tenemos un centro, un núcleo del cual sale todo y el cual controla todo.

Como decía, no está en la mente del hombre el problema. Eso se resolvería con solo las instrucciones; aunque resuelve parte del problema, no del todo. La Lay para nosotros es muy valiosa, esa instrucción nos ha librado tantas veces, incluso de la muerte. Sin embargo, repito, en determinado momento, decidimos pisotear nuestro conocimiento, nuestros pensamientos y lo contradecimos con nuestros hechos, cuando pecamos. Hacemos lo que sabemos que está mal. El hombre incrédulo muchas veces lo sabe, pero no lucha contra ese deseo; esa es la diferencia con nosotros. Nosotros sabemos y luchamos, y tenemos al Espíritu que nos redarguye, por si lo olvidamos. Y aun así, ¿Cuántas veces seguimos en ese pecado?

Juan 3. 19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

¿Por qué no todos creen? Porque amaron más las tinieblas. No es que la gente no sepa que hay luz. Incluso el mundo hace grandes discursos en contra de las guerras y violencia; en estos tiempos la información y el conocimiento es lo que sobra. Sin embargo, las cifras del crimen siguen en aumento. ¿Cómo explicamos eso? Santiago, nos da una gran pauta:

Santiago 4. 1¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

“De vuestras pasiones”, algo que es más profundo que los sentimientos o pensamientos. Pedro preguntó a Ananías, ¿por qué has hecho esto? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? Por más inteligentes que sean los hombres, siempre lo que los gobierna será lo que desean. No solo los pobres e ignorantes son los adúlteros, ¿qué de los empresarios o gobernantes que tienen poder? Poco tiene que ver con el conocimiento. Los impulsos, las pasiones, la lujuria, son más profundo que los pensamientos. No es el conocimiento que entra lo que hace a una persona, sino lo que sale.

III. El problema del corazón

Nos queda claro que el problema está en el corazón y no en la mente o en las cosas superficiales que las personas hacen. Pero ahora, ¿Cuál es el problema en el corazón? Aquí es donde la gente no le gusta escuchar este mensaje. Pero, recordemos, que Dios no está interesado en entretenernos con hermosos sermones, emotivos y amenos, sino en decirnos la verdad. La verdad es que el corazón es perverso —dice la Escritura.

Esto no significa que el hombre no pueda hacer cosas buenas. Jesús dijo: “Ustedes siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos”. En otra ocasión recriminó: “¿Qué hacéis de más si solo haces bien a los que amas? ¿Qué de los enemigos (en otras palabras)?”. Eso no quiere decir que no pueda entender los mensajes Bíblicos. Ellos entienden a Noé y el diluvio, y hasta pueden llegar a hacer películas con buen mensaje. Sin embargo, el problema es su corazón inclinado a desear lo malo; a amar las tinieblas.

Jeremías 17. 9Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?

La palabra hebrea para “engañoso” se puede traducir como “torcido”. Y como dice un proverbio “árbol que nace torcido […] ¿? El apóstol Pedro estaba asombrado con lo que hizo Ananías, ¿Por qué pusiste esto en tu corazón?

¿No te has sentido alguna vez así? ¿No te has sorprendido de lo que llegas a hacer, y de lo que piensas, de los pensamientos que aceptas, pensamientos maravillosos y luego pensamientos perversos y sucios? ¿No te has asustado de la maldad que puede haber en ti? 

Nuestro corazón es engañoso, y nos lleva a pensar que somos mejores de lo que realmente somos. Otros son peores, nosotros no tanto. Juzgamos el pecado del otro muy duro, y en el nuestro nos mostramos comprensivos y “maduros”. Ananías y Safira se creyeron más inteligentes, pensaron que podían conseguir lo mejor de ambos mundos —el espiritual y el temporal. Su plan parecía perfecto. Pensaron: “Nos llevaremos alabanzas por dar este donativo, y nos quedaremos con parte de él para disfrutar”. ¡Estaremos agradando a la Iglesia y a nosotros mismos; estaremos sirviendo a Dios y a las riquezas!

De alguna manera, el hombre cree que puede engañar a Dios; sembrar corrupción y segar paz. Pero Dios no puede ser burlado; como bien quedó evidenciado aquí con esta pareja. Quieren ir al cielo, pero no quieren abandonar el mundo. No se puede caminar por el camino angosto y por el ancho a la vez; sin embargo, hay gente que lo está intentando. Al final se llevará una gran decepción.

Ananías y Safira intentaron engañar a la Iglesia, querían aparentar algo que no era. Muy mal. Que hipocresía. ¿Pero no tenemos todos, parte de esto en nuestras vidas? ¿Cuál es la impresión que tratamos de dar en la Iglesia? ¿Hablamos de la misma manera delante de un hermano que de un amigo? ¿Qué de nuestros pensamientos y de las palabras vanas que utilizamos? ¿Actuamos de la misma manera en todos lados? La respuesta puede ser desde reveladora, hasta sínica.

Es triste que los hombres usen mascaras. Ese es el significado de hipocresía: tratar de ser lo que no es. El problema sigue siendo nuestro corazón. Aunque, gracias a Dios por el Espíritu que nos renueva día a día, y nos conforma a la imagen de Jesucristo.

Pero la tragedia y el colmo de la necedad del corazón, no es engañarse a sí mismo, ni engañar a otros; sino pensar que podemos engañar a Dios.

Allí radica el gran problema que la humanidad no se puede ocupar. Pueden lograr que un hombre se reconcilie con su mujer, que la trate mejor, que deje algún vicio tal vez. En palabras más claras: Puede lograr que se dejen de engañar a sí mismos, y tal vez a los demás; pero nunca llegan al terreno de no engañar a Dios. No lo ven. Es algo invisible para ellos.

Por eso todos los remedios del mundo para encontrar la felicidad, llevan al fracaso. No comprenden que es con Dios con quien deben estar en paz, y que es Satanás quien los tiene de esclavos, aunque ellos ni se den cuenta. No es solo que ellos comentan malas decisiones, y que les falta educación; sino que hay poderes que están decididos a mantener el mundo en la perdición [el reino de las tinieblas].

Triste es fallar en lanzar los dardos al enemigo. Nos lanzamos los unos con los otros. Un partido político contra el otro; una organización altruista contra otra; una televisora contra otra; y lo más necio, iglesia contra otra. Desgastando los misiles contra el verdadero enemigo. Es obvio que debemos defender la verdad, pero las pasiones nos llevan a enfrentarnos con las personas y no contra la mentira.

Las cosas que suceden en el mundo nos dan prueba de la existencia de un poder maligno; no sólo son los hombres con sus malas decisiones. Es lo que los lleva a ello. Hoy día es más explícito la brujería, el homosexualismo, la adoración al diablo, el sexo impuro. Todo es “normal”, es una preferencia. Hay que respetar. La tragedia es que el mundo no reconoce el señorío de Satanás sobre este siglo, y la esclavitud. La biblia insiste en ello:

Romanos 7. 23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Satanás llenó el corazón 

Lo primero que reconoce el creyente es que hay un poder mayor que él; un poder que está organizado, en mí, en ti y en todos. Además del problema del corazón, hay un poder tremendo: “¿Por qué lleno Satanás tu corazón […]? El diablo, mismo que entró en el Huerto del Edén diciendo: “¿Con que Dios ha dicho?” Aún sigue susurrando y sugiriendo. Esta es pues, la lamentable condición del hombre.

El diablo le ha enseñado a la humanidad que su problema no es grande, y que puede solucionarlo con sólo proponérselo. “Lo tienes controlado, tu dejas de adulterar cuando así lo decidas”. Pero cuando las personas se dan cuenta de eso, y lo creen, es cuando ven el Evangelio, como la única esperanza para librarse de ese cuerpo de muerte —deseos pecaminosos.

Es allí cuando vemos la realidad de lo espiritual. Y entendemos lo espiritual del “hecho” de que Dios tuvo que enviar a su Hijo amado, a morir, a que cargara con nuestro pecado. Entendiendo que estamos condenados a una muerte eterna, un infierno. Pero Dios “cargo en Él” nuestro pecado, limpiando nuestra maldad, y dando su Espíritu Santo para que morara en nosotros, y así desear las cosas buenas.

Ser cristiano no es dejar de hacer cosas malas, sino dejar de desearlas; cambiando Dios nuestros deseos por deseos espirituales. 

Por eso la lucha sigue contra el pecado; porque el hombre exterior se aferra a los deseos terrenales, pero el hombre interior lucha contra esos deseos.

Enfatizando que el problema no está en la educación. Vemos que nuestro país “profesa” ser cristiano. Se sabe el Padre Nuestro de memoria, lo repite muchas veces por año. La mayoría conoce los Diez Mandamientos, y los entiende en mayor o menor medida. ¿Y cuál es el resultado? Buscar aparentar lo que no son cuando están “cerca de Dios”. No se dan cuenta del reino espiritual; pueden engañarse a sí mismos, a sus prójimos, pero nunca a Dios. Delante de los hombres pueden llegar a ser alabados de ser buenos y religiosos, pero delante de Dios están desnudos.

No es suficiente solo con saber. Puesto que el problema está en el corazón; en los deseos. Por eso las personas no se pueden salvar a sí mismas. Por eso los métodos de evangelismo no salvan a nadie. Solo Dios salva.

Darnos cuenta de que del corazón provienen todos los problemas del mundo, y del poder que ejerce el diablo sobre los hombres, es darnos cuenta que la Esperanza sólo está en este Evangelio:

que Jesús vino al mundo, viviendo en obediencia perfecta, muriendo por las trasgresiones de aquellos que creen, resituando venciendo al diablo y a la muerte, dándonos victoria por medio de la fe”. 

Todos los hombres están fuera del reino. Todos han pecado, a la manera de Adán y Eva, y a la manera de Ananías y Safira; sabiendo lo que hacen, conociendo que es en contra de lo que Dios dice. Nuestro corazón es más fuerte que nuestros pensamientos o sentimientos. En el momento en que pecamos, decimos: “Lo quiero. Me gusta. Tengo que tenerlo. Lo haré”.  Esa es la historia de cada uno de nosotros. Así que, el problema no es que nos equivoquemos una vez, que pequemos tales veces; sino que del corazón  torcido salen tales cosas. Mientras el corazón no sea quebrantado, y puesto uno de “carne”, el hombre seguirá en sus caminos.

Si no tratamos con nuestro corazón, todo aquello bueno que nos propusimos al comenzar el año; se olvidará. Aunque conozcamos la Ley del Señor, y lleguemos a deleitarnos en ella, si no oramos —que es la forma en tratar con esos deseos, pidiendo ayuda a Dios—, tarde que temprano caeremos.

El mundo no ve su necesidad del Evangelio, porque no ven que el problema está en sí mismos. Nunca han visto a ese corazón engañoso y perverso tal cual es. Nunca se detienen a pensar que después de la muerte, viene el Juicio, y que en ese Juicio se sentencia, bien sea felicidad eterna o tristeza eterna.

¿Quieren felicidad? No está aquí en este mundo. No está en las cosas que se ven y puedesn palpar. No está en lo que tanto les preocupa. Está fuera de todo esto. En las cosas eternas, las de allá arriba. En Jesucristo, a quien Dios envió para restaurar todas las cosas. Nueva Tierra, Cielos nuevos, Nuevos cuerpos. Nuevos deseos.

Este es el mensaje que Jesús ha comisionado a su Iglesia (Hechos 1.8); ha levantado siervos que proclamen a “huir de la ira venidera”, y poder llegar a la ciudad celestial.  Ananías y Safira murieron; quizá su muerte fue disciplina de Dios[1].


[1] No hay razón para preguntarse si Ananías y Safira eran creyentes genuinos o no, porque no hay modo de responder a tal pregunta. Por un lado, no se comportaron como si fueran creyentes genuinos; por otro lado, no se puede decir con certeza que no lo fueran, a menos que uno esté dispuesto a decir que todo el que cometa un acto de engaño deliberado no puede ser un creyente genuino. El temor que cayó sobre toda la comunidad sugiere que muchos de sus miembros (como muchos israelitas cuando se desenmascaró a Acán) tenían razones para temblar y pensar que “si no fuera por la gracia de Dios, ese sería yo”. La mejor respuesta a las preguntas de esta clase es la que provee la doble inscripción en la piedra basal divinamente colocada: “Conoce el Señor a los que son suyos” y “Que todo el que invoca el nombre del Señor se aparte de iniquidad” (2 Ti. 2:19). F.F. Bruce.

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+ Predicaciones:

Cristianismo: El Origen

El Gran Dios

El Dador Alegre

Una Familia llena del Espíritu

Créditos: Casa de Oración Rancho Nuevo 

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