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25. La Cruz de Cristo

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 25 de Enero de 2015 | Jonathan García | #CEO

25. La Cruz de Cristo [PDF]

Hechos 4. 27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.


Aunque llevemos varios sermones hablando sobre el mismo pasaje, y hemos tocado varios temas importantes del cristianismo, no perdamos de vista que el contexto sigue siendo la sanidad de un cojo, y la persecución desatada a los que predicaban en el nombre de Cristo. Al usar el Salmo 2 los discípulos demostraron que habían entendido el motivo verdadero por el cual estaban siendo perseguidos.

¡Cuánto nos falta tener este entendimiento de Dios en las pruebas! Muchas veces comenzamos a servir a Dios con todo nuestro corazón, y de repente se desatan algunos problemas que nos llevan a estar afligidos; y somos incapaces de discernir, que precisamente por esa causa, estamos siendo perseguidos. Peor aún, muchas veces ni siquiera son pruebas, sino consecuencias de nuestras malas decisiones, y aun así, nuestras reacciones están lejos de lo que haría un cristiano arraigado en la roca.

Estamos reflexionando y poniendo atención en la oración de aquellos hombres. Cuando alzaron la voz y comenzaron a hablar a Dios, sucedió algo muy impactante. De sus labios surgieron unas palabras extraordinarias; tales como las de Pedro en aquella respuesta inmortal: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente”. Tales palabras fueron sin duda, reveladas por el Padre. Veamos:

Hechos 4. 27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

¿Por qué oraron así? Ahora para nosotros es fácil ver que el Salmo 2 fue cumplido en nuestro Señor. Pero ellos sólo tenían el Antiguo Testamento. No sólo es la atribución del Salmo, sino lo que declaran después. Eso nos muestra, lo que aquellos hombres —la Iglesia— creían de la muerte del Señor.

Precisamente, este es el núcleo de la predicación cristiana [Evangelio]; la predicación de la Cruz de Cristo. No olvidemos el día del Pentecostés, Pedro predicó sobre la muerte del Señor. Lo mismo pasó cuando la gente se amontonó al ver que el cojo de nacimiento se había levantado. Una vez más, al comparecer ante los gobernantes judíos.

Lo que la Iglesia primitiva comenzó a predicar y enseñar fue acerca de Jesucristo de Nazaret, y este crucificado. La Cruz es el corazón del mensaje. Y hoy entenderemos porque debe seguir siendo el corazón de nuestro mensaje. En esta oración queda otra vez en evidencia esta verdad. Sin duda, Pablo también lo tenía muy presente:

1 Corintios 2. 2Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

Este es el mensaje que ha impactado el mundo entero. Las reformas, los avivamientos, los despertares tienen su centro en este mensaje: La Cruz del Señor Jesucristo.

La Cruz de Cristo no se puede explicar en términos humanos, sino en divinos. Es decir, ¿Cómo se relaciona Dios y la humanidad en la Cruz? Esa es la gran pregunta de todos los tiempos. Dice el texto que estudiamos:

[…] se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.

En esta oración encontramos el papel de Dios y el del hombre. ¡Cuán profunda es esta verdad! Aquí se nos muestra con claridad el significado de la Cruz de Cristo. Los judíos, malentendiéndola, tropezaron. Los griegos ridiculizándola en todo tiempo. Para los religiosos es un tropiezo, y para los anti-religiosos una ridiculez. Así fue al principio, y así sigue siendo.

I. Lo que no es la Cruz

a) La muerte de Cristo no fue un accidente.

“… para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes”.

Su muerte no fue algo inesperado. De repente hay quien piensa que Dios fue sorprendido, y que le mataron a su Hijo. Pero esto sería darle la razón a aquellos que mofándose, le gritaban al Señor, que si podía, bajara de aquella Cruz; que se salvará a sí mismo. Pero eso fue en su ignorancia.

Sabemos al leer los Evangelios, en numerosas ocasiones el Maestro les declaraba que iba a morir, y de qué forma lo iba a hacer. Por ejemplo, aquel pasaje tan mencionado:

Mateo 16. 21Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

Pedro le regañó, exigiéndole que no fuera a perder su vida. El Señor le exhortó, y le reconvino que no pensara como los hombres. En otra ocasión, aseguró “no vine para ser servido, sino para servir, y dar la vida por el rescate de muchos” (Marcos 10.45). Pero sus discípulos eran medio lentos en estas cosas; no podían entender cómo alguien tan poderoso —que hasta los vientos le obedecen— podía ser matado. No concebían que alguien tan sabio los dejara huérfanos. No aceptaban más que nada ese hecho, seguían pensando como hombres.

Sin embargo, la muerte del Señor Jesús no fue algo que pudo ser evitado. Es un error pensar como Pedro, en otras palabras: “Si no se hubiera ido a Jerusalén, si se hubiera mantenido alejado, aun estaría con nosotros; esa tragedia se haya evitado”. O en aquella ocasión que también Pedro quiere defender a su Maestro:

Mateo 26. 52Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. 53¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?

Su muerte no se podía evitar. No por falta de poder, sino porque era necesario.

b) Su muerte no fue un ejemplo a seguir.

Aunque Jesús fue ejemplo en todo, en sumisión, en humildad, en sabiduría; no fue su muerte un ejemplo para que nosotros le imitáramos. Espero no ser malentendido. Si debemos ser imitadores de Él. Pero en el caso de la Cruz, el motivo no fue el ser ejemplo. Algunos pueden llegar a pensar que así fue; que como Jesús estuvo dispuesto a morir, y lo hizo en obediencia al Padre, así también nosotros debemos imitarlo. Vuelvo a insistir, claro que demos imitarle. Pero estamos hablando del porqué de la Cruz, y no fue para que fuera nuestro ejemplo.

c) Su muerte no fue una reacción de Dios [plan B]

Tampoco fue una reacción de Dios a la maldad de los hombres al matar a su Hijo. Como diciendo: “ustedes le hicieron mal a mi hijo, pero yo lo he encaminado al bien”. Es una línea muy delgada que pone en manos del hombre a Dios. Hay ideas muy románticas acerca de la muerte del Señor. Por ejemplo:

“Dios nos ama tanto que está diciendo a través de la Cruz, no importa lo mucho que desobedezcamos, y cuanto quebrantemos sus mandamientos, y desechemos su santidad, aunque matamos a su Hijo, el aún nos ama, y nos ama tanto, que si tuviera otro hijo, lo daría por nosotros”.

Suena muy romántico, y puede llegar a sensibilizarnos. Pero, eso no vemos en las Escrituras. El resultado de todo esto es la compasión y sentir lástima por El, olvidándose de que Él mismo se volvió a las hijas de Jerusalén, que comenzaban a sentir lástima por El diciéndoles: “…no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas” (Luc. 23:28).

Lamentablemente, es un concepto que hemos aprendido de las canciones cristianas, de los folletos de evangelismo, de las cadenitas de internet, de las buenas intenciones de los hombres; pero lejos están de lo que enseña la Biblia, por tanto, debemos desecharlas. Dice Lloyd-Jones:

Si nuestra opinión de la cruz de Cristo es tal que nos hace sentir lástima por El, entonces significa que nunca la hemos visto verdaderamente.

Leamos:

28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”.

Está oración está llena del conocimiento de Dios —que como vimos, es la clave de esta iglesia naciente. Dios no reaccionó a la maldad de los hombres cuando crucificaron a su Hijo, sacándose de la manga un plan B. El texto dice que los hombres si crucificaron al Cristo, pero su muerte estaba planeada por Dios. En planos humanos, ellos estaban en su furia, cumpliendo lo que deseaban, pero a la vez, cumpliendo el plan de Dios. Es exactamente lo mismo que Pedro predicó en el Pentecostés:

 Hechos 2. 23a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

II. La Cruz de Cristo

a) Fue el plan de Dios [desde antes de la fundación del mundo: Plan A]

¿Cuál es el significado de la Cruz? Ya aclaramos que la Cruz no es la acción de los hombres. Ellos nos sabían lo que estaban haciendo (Lucas 23.34; perdónalos, no saben lo que hacen). Pero Dios sabía, y el Hijo, sabía. Recordemos como Jesús agonizaba en el Huerto de Getsemaní, porque realmente sabía ese determinado consejo de Dios. Digámoslo más claro y más bíblico: “La muerte de Jesucristo en la Cruz del Monte Calvario fue algo que estaba planeado desde antes de la fundación del mundo”. Esto estaba predicando Pedro, y años más tarde lo escribiría en una de sus cartas a la iglesia:

1Pedro 1. 18sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

Recalco: No fue un accidente. No fue una sorpresa. No fue un ejemplo. No fue una acción de los hombres. No fue algo innecesario. La Cruz fue planeada antes de que el mismo hombre fuera creado. Esto lo tenían en su mente los primeros cristianos, tal que en sus oraciones lo declaraban, y en sus predicaciones de evangelismo.

Esto resulta evidente al estudiar el A.T. Ahora que estamos estudiando libro por libro, nos hemos dado cuenta que Cristo está desde el principio. ¿Por qué Abel le ofreció mejor sacrificio que su hermano Caín? Solo hay una respuesta: Porque era una ofrenda de sangre. Nada tenía que ver con el valor. Aun antes de esto, Dios le enseñó a sus padres —Adán y Eva— que para cubrir su desnudez [pecado] fue necesario derramar sangre de un inocente.

Continuando por el libro de Éxodo, nos encontramos al cordero de la pascua, por el cual eran librados de la muerte los primogénitos. En Levítico, encontramos el día de la Expiación, y cada sacrificio por el pecado. ¿Por qué la insistencia con la sangre —sobre todo en levítico? Todo era una profecía que hablaba del Mesías. Sombras, símbolos y tipos que se cumplirían; señalando hacía adelante, hacia una realidad mayor y gloriosa. Todo esto, era Dios que planeó la muerte de su Hijo —así tan dramático como suena—, estaba preparando a la humanidad, especialmente a su pueblo.

b) La cruz de Cristo fue prometida desde el principio

Mientras más avancemos en el A.T., su plan se revela con más detalles y con más luz. Primero, fue prometido que de la simiente de la mujer, nacería aquel que vencería a la serpiente antigua. En seguida, que de la simiente de Abraham, serían benditas todas las naciones. Más adelante, en Isaac le sería llamada la descendencia. Después, el mayor servirá al menor, a Jacob amé. De la tribu de Judá. De la casa de David.

Ni se diga de los profetas que abundaron en detalles, hasta algunos que parecerían innecesarios. Pero Dios venía hablando de lo mismo desde el principio. En Isaías 53 se profetiza con que muerte iba a morir el Señor. Otros profetas el lugar de su nacimiento. Uno más su procedencia, etc. No debe quedar ninguna duda; Dios no sólo lo planeó a ver si pegaba, sino que lo estuvo anunciando desde los primeros días de la humanidad. Al principio solo sombras, pero después luz más intensa.

Juan el Bautista fue el primer predicador del N.T., y ciertamente el último de los profetas del A.T., él decía: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1.29)”.  Ya no fue un cordero provisto por el sacerdote. El último libro dice: “Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo” (Apo. 13:8).

Resumiendo esto; Jesús vino al mundo a morir. Para esto fue enviado. Las últimas palabras de Jesús confirmaban su misión “consumado es”. Todo fue planeado, y así mismo fue anunciado.

c) La Cruz de Cristo confirmada

Los siguientes predicadores del N.T. siguen insistiendo en lo mismo; Pedro, Pablo, Juan.

2 Corintios 5. 21Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Toda la Biblia habla de este hecho, es el propósito principal de las Escrituras, mostrarnos ‘La Historia de la Redención’; como el hombre puede ser reconciliado con Dios, y vivir para siempre para Él y con Él. En el monte calvario, Dios dio una explicación pública de sus hechos a través de los siglos.[1]

¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo? La respuesta es a la vez, la más profunda y la más sencilla: ¡Por qué él es Dios! Y siempre debemos comenzar con Dios; el mayor problema del hombre es que no tiene conocimiento de Él, de su Verdad y de sus planes. Pensamos y nos formamos una idea de Dios, de que es como nosotros. Pero no es así. Dios es Santo. La Cruz fue posible porqué Él es Dios y no un hombre; porque Él es Justo, Recto y Verdadero. Que al final de las cuentas, este —que sea Justo, Recto y Verdadero— es el mayor problema del hombre.

d) La Cruz de Cristo es Poder y Sabiduría de Dios

1 Corintios 1. 21Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 22Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

¿Cómo un Dios Santo y Justo puede perdonar al hombre culpable? Su naturaleza —su forma de ser es inmutable— requiere que el pecado sea castigado. Dios lo ha revelado desde los primeros días del hombre. Allá en Génesis “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió (3.21)”. Y todos aquellos sacrificios para cubrir el pecado; o aquellos castigos que parecían exagerados a nuestros ojos del siglo XXI. En Hebreos se resume:

Hebreos 9. 22Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

Él lo declara en toda la Escritura: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23); Dios lo ha dicho, y lo hará; en Él no hay variación (Santiago 1.17), Él es fiel a sus promesas y advertencias; no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2.13). No puede mentir ni retractarse (Números 23.19). El pecado no puede habitar en su presencia. Él es fuego consumidor (Hebreos 12.29).

¿Significa, entonces, que no hay alguna esperanza para el hombre —por cuanto todos pecaron? No. Eso hubiera significado el triunfo del diablo. Entonces, ¿cómo puede Dios perdonar al culpable? Sabemos que ningún hombre puede ser perdonado por cumplir las obras de la Ley —porque no pueden cumplirla a la perfección. Pero el mayor problema sigue siendo que Dios es Santo. Y para nosotros es fácil decir: “Porque simplemente no nos perdona a todos”; eso muestra nuestra ignorancia de Dios, y de nosotros mismos. Dios en esta situación no tiene muchas opciones. Aunque suene raro esto de un Dios Todopoderoso. Sólo una cosa Dios podía hacer en este caso, y eso fue lo que Él hizo.

Isaías 53. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Esta es la verdad más gloriosa del Evangelio Santo de Jesucristo. “Dios cargó en Él”, en su Hijo Unigénito, porque de tal manera amó Dios al mundo, al que no conoció pecado, lo hizo pecado, al justo por los injustos. Dios por su naturaleza tiene que castigar el pecado, y fue lo que Dios ha hecho. Con esto, Dios continua siendo Justo, y a la vez, el que justifica el impío. Y pareciera una contradicción. Más claro se ve esto en las Escrituras:

Proverbios 17.  15El que justifica al impío, y el que condena al justo,

Ambos son igualmente abominación a Jehová.

Las injusticias son abominación a Dios. Son cosas que Dios detesta, que no soporta. ¿Pero cómo es posible que Dios justifique al impío y siga siendo Santo?

He aquí el tropezadero de la Cruz. El justifica a los injustos, perdona a los que merecen castigo y favorece a los que no merecen favor alguno. ¿No piensa el hombre que la salvación era para los buenos, y que la gracia de Dios era para los justos y santos, libres del pecado? Eso piensa la gente, que si eres bueno, es decir, si te portas bien, Dios te favorece; y que si no te portas bien, no puedes obtener sus favores. Sin embargo, por lo mismo el Señor Jesús no vino al mundo para buscar bondad y justicia. No vino porque éramos justos, sino para hacernos justos, justificando al impío.

Un abogado trata de defender al inocente; la finalidad del abogado defensor es justificar al inocente, y no encubrir al culpable. Lo contrario suena a corrupción, a injusticia, ¿no es así? Aun así, Dios escogió el único camino que lo mantenía siendo Santo, y a la vez justificando al culpable. ¡Oh cuan maravillosas son sus obras! Dice Spurgeon:

Dios ha ideado maneras y medios de presentar delante de si al impío justamente aceptable; ha concebido un plan mediante el cual puede, en justicia perfecta, tratar al culpable, como si siempre hubiera vivido libre de ofensa.

Jesús no vino al mundo por los justos, sino por los pecadores. Porque no hay justo, ni siquiera uno. Continúa Spurgeon:

¿Cómo se explica la venida del Salvador, su muerte en la cruz y el evangelio del perdón sin admitir de una vez que el hombre es un ser culpable y digno de condenación? El pecador es la razón de la existencia del evangelio.

El Evangelio es el Único Camino que Dios tenía para seguir siendo Santo y para justificar al culpable. Si hubiera tenido otro camino, quizá lo hubiera usado. Nuestro perdón requería la sangre, pero no de cualquier inocente, sino del Cordero de Dios; alguien que fuera el intermediario entre Dios y los hombres, entre lo alto y lo bajo, entre lo santo y lo impuro, entre el Cielo y la Tierra.

Tenía que ser así. En la Cruz de Cristo encontramos toda la Sabiduría y el Poder de Dios reunidos; su Santidad, su Amor, su Justicia, su Ira, su Soberanía. Por eso Pablo decía, si de algo me he de gloriar, de la Cruz de Jesucristo me gloriaré. La muerte del Hijo de Dios, la Cruz, es el instrumento más glorioso, y el medio de nuestra salvación y de todo aquel que cree.

Romanos 3. 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Entonces, la cruz no simplemente nos dice que Dios perdona, nos dice que ésta es la manera en que Dios logra el perdón. Es la forma en que comprendemos la manera en que Dios perdona […] Dios estaba mostrando públicamente en la cruz de una vez y para siempre, su eterna justicia y su eterno amor. Nunca separados una del otro, permanecen juntos perteneciendo ambos atributos al glorioso carácter de Dios.[2]

No hay otro camino, ni otro modo por el cual Dios pueda perdonarnos. Dios rompió el velo que nos separaba de su Presencia, anuló el acta que nos era contraria. Por eso, ahora podemos orar como estos hombres lo hacían; podemos entrar al Lugar Santísimo, con confianza y con libertad. No hay otro acceso a Dios que mediante la muerte de su Hijo. No sólo que tenemos paz y entrada con Dios, además, hemos sido adoptados como sus hijos, y hemos sido declarados coherederos juntamente con Cristo, de un reino del cual no terminará jamás. A Él sea la Gloria. Amén.


[1] Lloyd Jones, D. M. (2002). La Cruz De Cristo: La Reivindicacion De Dios. (R. W. Andersen & D. Alonzo, Trads.) (p. 13). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

[2] Lloyd Jones, D. M. (2002). La Cruz De Cristo: La Reivindicacion De Dios. (R. W. Andersen & D. Alonzo, Trads.) (p. 19). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.


 

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