24. LLevarlos B

24. Llevarlos al conocimiento de Dios


24. Llevarlos al conocimiento de Dios

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 18 de Enero de 2015 | Jonathan García | #CEO

24. Llevarlos al conocimiento de Dios[PDF]

Hechos 4. 19Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 21Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, 22ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años. 23Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;

Pedro y Juan fueron juzgados ante el Sanedrín, por el delito de haber sido participes de un gran milagro, y sobre todo por predicar y enseñar al pueblo el nombre de Jesucristo de Nazaret. Vimos cómo se mostraron firmes a su llamado y a sus convicciones, a pesar de ser hombres “sin letras y del vulgo”, es decir, gentuza y sin preparación, ante la amenaza de aquellos grandes hombres. Su respuesta fue que debían obedecer a Dios antes que a los hombres. 

Los gobernantes se vieron obligados a soltarlos a causa de que el pueblo glorificaba a Dios por este milagro. El hombre había estado cuarenta años arrastrándose, y hoy, por medio de los apóstoles y en el nombre de Jesús —a el cuál tenían miedo— se había levantado.

No obstante, a pesar de la claridad del milagro y de que Dios se había glorificado en ello, ellos estaban muy enojados; amenazaron que de que si insistían en hablar de ese nombre, ya no sólo serían apresados, sino sentenciados a muerte.

Pedro y Juan volvieron con los suyos, con los demás apóstoles y todos los nuevos creyentes, y les contaron todo lo que había sucedido. Y lo que viene a continuación nos interesa mucho, y podemos aprender del cristianismo de origen. Sus testimonios son un gran tesoro para saber qué es la Iglesia cristiana, y cómo es un cristiano. 

1. El cristiano a prueba

Hoy en día hay muchas opiniones acerca de esto, que nos llevan a una gran confusión, de cuál es la prueba determinante para saber si alguien es cristiano o no. Hemos dicho varias veces que no se trata de una simple tradición —por herencia de nuestros padres—, o tan sólo por asistir a la iglesia. ¿Se puede ser cristiano sin saber nada de la Biblia? ¿Sin entender sus enseñanzas y sin ser capaz de explicar qué es un cristiano? ¿Es cuestión de hábitos o costumbre?

Es bueno hacerse estas preguntas, y quizá sea una buena manera de comenzar cuando nos preguntamos si alguien es cristiano. También es necesario tener un conjunto de creencias, y tener una profesión de fe. Pero muchos profesan ser cristianos y conocer a Dios, pero con sus hechos le niegan. Y allí entra el otro grupo que exige que para ser cristiano es necesario una buena conducta; dejar de hacer muchas cosas malas —dejar de emborracharse, drogarse, robar—, y comenzar a hacer otras buenas —ir a la iglesia, ayudar a los necesitados. Unos más “profundos” exigen que para ser cristiano es necesario haber tenido una gran experiencia religiosa.

Es verdad qué estás cosas van en muchas ocasiones de las manos en las conversiones genuinas, y pueden ayudarnos a discernir. Es legítimo cuestionar la “profesión de fe” de una persona, tal como en Santiago se hace: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras (2.18)”; y estas pruebas que hemos mencionado pueden ayudarnos. Sin embargo, todo esto puede ser simulado o ser un autoengaño.

De alguna manera la psicología, y sus terapias logran experiencias sensibles que cambian para bien a las personas. O simplemente todas esas sectas que van en contra de la Biblia, les proporcionan a las personas ciertas experiencias que les convencen de cambiar; psicoterapias, sectas, o incluso grupos de autoayuda. Y aun así, lejos están del cristianismo bíblico.

¿Cómo sabemos si se es cristiano o no? Esta pregunta es más que importante, porque como hemos aprendido en estos meses, el cristianismo es la única esperanza para este mundo. ¿Cuál es la prueba infalsificable de ser cristiano o no? Precisamente la encontramos en este pasaje que estamos leyendo. La prueba del cristiano es “su reacción ante las pruebas”.

Por ejemplo, leí un artículo por internet de 6 maneras de reconocer el oro:

Método 1 de 6: Inspección visual.

Método 2 de 6: La prueba de la mordedura.

Método 3 de 6: La prueba del imán

Método 4 de 6: La prueba de densidad. —La densidad del oro puro de 24 quilates es aproximadamente de 19,3 g/ml, lo que es mucho más que la mayoría de metales. Tiene que ver con el peso y el volumen.

Método 5 de 6: La prueba de la cerámica. Se frota con un material de cerámica; una raya negra indica que la pieza es de oro falso, si es dorada que es genuino.

Método 6 de 6: La prueba con ácido nítrico. Poner unas gotas de ácido y si la reacción del metal se pone verde, indica que no es oro; si se pone blanco, es plata bañada de oro; y si no hay reacción indica que es oro.

Todas estas pruebas son genuinas y nos ayudan a identificar al genuinidad del oro. Sin embargo, hay una prueba definitiva y precisa, pero muy costosa: Un ensayo de fuego puede medir con mucha precisión la pureza del oro, pero esto es generalmente sólo está disponible para unos cuantos laboratorios y profesionales, ya que es complicado y costoso.  

Así mismo el cristiano puede probarse de muchas maneras como las que ya vimos; si va a la iglesia; su conducta; alguna experiencia que tuvo; el conjunto doctrinas de su profesión de fe, etc. Nos ayudan a filtrar a un verdadero cristiano. Pero la prueba qué no deja ninguna duda, es cuando su fe es sometida a prueba mediante las circunstancias adversas, las tribulaciones, los tiempos de crisis, los problemas. Jesús lo ilustró en la parábola del sembrador:

Mateo 13. 20Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

Una prueba de la fe es la perseverancia: “El que persevera hasta el fin será salvo”, otros dicen que mejor es decir “el que es salvo persevera hasta el fin. Como queramos verlo, lo que es un hecho es que la perseverancia es parte inamovible de la salvación.

Una de las cosas que nos quedan claras al leer el Antiguo Testamento es el contraste que existe entre los profetas de Dios, y los falsos profetas. Los falsos profetas siempre ponían en escena un buen espectáculo. Siempre eran más populares que los verdaderos. Decían lo que la gente quería oír. Su mensaje era sencillo, motivador y nunca confrontador. La multitud los alababa. Pero en el momento de un desafío, ellos corrían, fracasaban. Prácticamente se puede resumir este contraste en 1 Reyes 18, con el profeta Elías y los falsos profetas de Baal. Al momento del desafío los falsos no pudieron hacer nada. La palabrería no fue suficiente. Ni sus experiencias de cortarse y dolerse, gritar, brincar, etc. El profeta de Dios pudo dar una respuesta ante esa prueba.

Como el mundo lo dice: “un verdadero amigo es el que está en las malas”. Los que dicen ser amigos desaparecen en las pruebas; pero el que se mantiene allí para ayudar, ese es un verdadero amigo.

No perfección, sino la reacción ante la dificultad es la prueba definitiva de nuestra fe. 

1 Pedro 1. 6En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

Hay muchas personas, e incluso dentro del cristianismo hay muchos cristianos que parecen tener madurez. Un carácter apacible, firme, no vacilante, tranquilo… pero todo esto cambia cuando viene algo fuera del “script”. La paciencia, la mansedumbre, el perdón, la confianza y cualquier fruto del carácter se prueban en los momentos difíciles. Es fácil tener fe cuando tenemos un gran sueldo, o cuando no hay enfermedad, cuando no hay aflicción es fácil decir “confió en mi Dios”. Pero hay muchos que en el momento de la prueba su reacción no es madura: no hay perdón, no hay sometimiento, no hay acción de gracias, no hay tranquilidad; la fe mengua, hay desesperación, hay llanto y hasta maldecimos. Si no hemos pasado por pruebas entonces, no cantemos victoria de que nuestro carácter ha alcanzado madurez.

¿Cuál es la respuesta cristiana a los tiempos de prueba? Otra vez, la respuesta la encontramos en este pasaje, en el cristianismo de origen. Cuando los dos apóstoles volvieron con los demás, y les contaron como fueron tratados, y la amenaza que habían recibido, ¿Cómo reaccionaron? 

2. La oración la prueba verdadera

Hechos 4.24…habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;

En otras palabras, hablaron con Dios. Entonces, podemos decir que la prueba más profunda de nuestra profesión de fe es nuestra vida de oración.

Con esto viene otra pregunta fundamental, ¿qué significa la oración? En estos tiempos con la Biblia en mano, y tantos recursos para el estudio, es triste que no tengamos una certeza de lo que es en realidad la oración. Hay muchas ideas vagas de lo que es. Parece que la oración solo tuviera que ver con posturas, “si te postras, estás orando, si no, no lo creo”. La actitud es importante, pero no lo es todo.

Hay muchas ocasiones que estamos intentando orar, nos postramos, hablamos, pero no estamos conscientes de la presencia de Dios; y simplemente se convierte en un monologo, y no en oración; nuestra mente está distraída pensando en otras cosas, y sólo de fondo oímos la voz del hermano que ora.

Después vienen los más ingenuos, que creen que repetir palabras sin reflexionar es orar. Todo esto con la Biblia abierta, y vemos como nuestro Señor reprendió a los fariseos y los escribas; pensaban que por su palabrería serían escuchados (Mateo 6.7). No nos detengamos en criticar a otros, porque nosotros también caemos en este tipo de cosas; oramos de una forma metódica y mecánica, que se convierte en repeticiones y palabras huecas.

En la verdadera oración no hay lugar para la duda. Aquí leemos una de las características esenciales de la oración. Vemos a estos hombres y mujeres que habían sido amenazados de muerte, y sin embargo, no vemos desesperación, ni intranquilidad, tampoco desconfianza, ni miedo. Al leer esta oración se percibe calma; la forma en que hablaban, tranquila y confiadamente. Estaban hablando con Dios, y no dudaban de esa verdad.

Hechos 4. 24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25que por boca de David tu siervo dijiste:

¿Por qué se amotinan las gentes,

Y los pueblos piensan cosas vanas?

26Se reunieron los reyes de la tierra,

Y los príncipes se juntaron en uno

Contra el Señor, y contra su Cristo.

27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. 29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Vemos que Lucas no nos menciona si se postraron o no, o si levantaron las manos, o sí gritaban —cosas que no determinan la verdadera oración—; pero si nos muestra la confianza y la total seguridad con la que hablaban con Dios.

Orar es entrar en la presencia de Dios, y hablar con Él; una confiada conversación, llevándole a él todas nuestras situaciones. 

3. Llevarlos al conocimiento de Dios

¿Cuál era el secreto por el cual ellos se acercaban con esta confianza? El secreto era que conocían a Dios. El propósito principal del mensaje cristiano es llevarnos a un conocimiento de Dios, de su ser; por alguna razón hemos olvidado lo primero, “El primer amor”, el principal amor, conocerle a Él. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado (Juan 17.3)”.

Hemos puesto el reflector del cristianismo en otras cosas, en los problemas del hombre, o en las cosas temporales, que con el uso, se desgastan; y no en una herencia incorruptible e inmarcesible. Nos hemos olvidado de llevar a las personas a que conozcan a Dios. Algunos se detienen en las experiencias sobrenaturales, pero no todos sentimos de la misma forma, ¿eso indica que el que siente más una experiencia es más espiritual? No se trata de emociones.

Otros más se detienen en el perdón de los pecados, en la justificación por la fe. Allí se quedan a vivir, no van más adelante. No quiero ser malentendido; esta es una de las doctrinas pilares de la fe cristiana, es la que nos distingue con todas la religiones; sin embargo, es apenas el principio de lo grandioso del cristianismo. No nos podemos quedar en el perdón de los pecados, que aunque es el primer paso y necesario paso, viene algo mejor: conocer a Dios, un Dios personal. Ese es el objetivo principal de la fe cristiana, conocerle.

Estos hombres conocían a Dios. Por eso acudieron a Él de esta forma; con una seguridad asombrosa, y una confianza grande. No había pánico, desesperanza, ni desesperación. Así describe el Nuevo Testamento a los creyentes, personas que conocen a Dios. Miremos como lo pone el apóstol Pablo:

Gálatas 4. 8Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?

Es claro, antes no, ahora sí le conocemos… Este conocimiento era de una persona viva, real, cercana; esa es la esencia de la oración. Ellos no estaban gritando al vacío, sino dirigiéndose en la presencia de alguien a quien conocían. Muchas de las cartas de Pablo iban dirigidas a creyentes gentiles, anteriormente habituados a los ídolos. Pero esos ídolos no hacían nada por sí mismos, sus adoradores eran quienes hacían todo por ellos.

Orar significa estar en la presencia de Dios, y hablar con el Dios vivo, con un Dios personal, que actúa, el que conoce nuestras circunstancias y puede hacer algo al respecto.

Además de creer en un Dios vivo, estos creían en un Dios vivo y Todopoderoso. Leamos nuevamente: “…alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor”.

Nuestras versiones dicen “Soberano Señor”, para enfatizar lo que en el griego es más evidente. En el griego sólo es la palabra Señor, pero suena débil en nuestro castellano; tenemos la mala costumbre de decirle señor a cualquiera. La palabra griega es déspota, que con el tiempo ha ido tomando una forma negativa. Porque indica que es esa persona tiene un poder absoluto, y una autoridad ilimitada. ¿Cómo traducimos esto en la vida real? Las personas que tienen un poder y una autoridad ilimitada abusan del tal, para su propio bien. Pero en el caso de Dios, sabemos que no es así, porque el Santo y esa es su principal descripción, encierra todo lo que él es.

Esta es la clave de la oración: conocerle; ir con esa certeza de que él está allí en medio, escuchando, y es ir con la seguridad que él tiene el poder para responder. Al final de cuentas, podemos ver que esto fue lo que hizo de la iglesia primitiva lo que fue, eso fue lo que hizo que trastornaran al mundo: el conocimiento de un Dios poderoso, soberano y personal. Esta es la única esperanza hoy para el mundo, que conozcan al Dios Verdadero, cuyo poder y dominio es infinito.

¿Cómo podemos llegar a conocer a Dios de modo que pueda ir a él y orar como lo hacían estas personas en los momentos de necesidad? Los detalles los encontramos en el texto que estamos estudiando. ¿Cómo según nos enseñan las Escrituras podemos conocer a Dios?

a) A Dios le conocemos a través de la Naturaleza.

 “…y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay”.

Esas fueron las primeras palabras en su oración. Y vuelvo a resaltar que esto es muy importante también en nuestro mensaje del Evangelio. El Antiguo Testamento es la base para comprender la necesidad de Salvación del hombre, su condición delante de Dios. Dios no comenzó su plan cuando nació nuestro Señor Jesucristo. La encarnación de Emanuel no es sino el centro de su Plan, pero no el principio, ni el final. El mensaje no comienza con Cristo. Es un peligro de alguna manera, dejar fuera al Padre, o al Espíritu; el cristianismo no es sólo Cristo, o sólo el Padre, o sólo el Espíritu. Debemos tener cuidado.

La Biblia comienza diciendo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Génesis 1.1). Las Escrituras hacen gran hincapié de que Dios es eterno, por tanto, el cristianismo del Nuevo Testamento también comienza con el Dios creador.

Hebreos 11.3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

El mundo no vino del azar, ni salió de la nada. Pablo lo enfatiza:

Hechos 14. 15y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.

Romanos 1. 20Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Ellos creían esto, que todo el Universo es obra de Dios, que Él lo controla, y él lo sustenta. Job dijo: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (42.5). A veces así nos pasa en la vida cotidiana con alguien, y expresamos: “No te conocía esa faceta”. ¿Le conocemos a Dios de esa manera? ¿Creador, Soberano y Todopoderoso? Todo lo que vemos en la naturaleza, su equilibro, las especies, la complejidad del ser humano, todas las leyes del universo, ¿Casualidad o fortuna? De ninguna manera, detrás de eso hay un gran propósito y un gran plan. Un Dios soberano.

 b) A Dios le conocemos a través de la revelación.

25que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?

“…por boca de David”. Cuando comenzamos a observar el firmamento, todo debería apuntar a un creador; nosotros nos maravillamos de tal grandeza del universo. Pero, el conocimiento del carácter de Dios lo conocemos a través de la Escritura. Vemos el cielo y anuncia la obra de sus manos. La tierra está llena de su Gloria. Pero no conocemos al ver tales maravillas su plan [de Dios] en Jesucristo, su propósito final; no conocemos su carácter, lo que le agrada y lo que detesta; no conocemos cual es la voluntad en cada circunstancia; no conocemos sus tiempos. Todo esto es posible a través de la Biblia; de lo que viene revelado allí.

¿No escuchamos a Dios? ¿Si leemos la Biblia? Y si la leemos, ¿cómo la leemos? Vemos que estos hombres que oraban, primero reconocían al Señor con quien hablaban; después, citaron el Salmo 2, que por boca de David, Dios revelaba parte de su Plan. David por más capacidad que tuviera, no podía imaginarse lo que iba a ocurrir mil años adelante. Dios le reveló, el Espíritu Santo habló por medio de su boca.

Años más adelante se levantaron profetas, para exhortar a Pueblo y para dar un mensaje de Esperanza en un Salvador que vendría. ¿Cómo supieron ellos en qué lugar nacería? ¿Cómo sería llamado? ¿Cómo nacería?  O detalles tan sencillos como que iba a entrar a Jerusalén en un pollino. ¿Le atinaron? ¿O Jesús vino a actuar que él era el Mesías? La respuesta sigue siendo la misma, hay un Dios vivo, no un dios de trozo de madera, o de metal, sino un Dios que actúa, y que se ha revelado al ser humano desde el principio (Adán). Él tomó la iniciativa; el llamó a Noé, sacó a Abraham, Envió a Moisés, dio sus mandamientos, reveló a los profetas su plan. No fue suerte. Él está vivo.

c) A Dios le conocemos a través de la Historia.

La historia es nuestra aliada. Cuando estemos en tiempos de crisis, o desesperanza, vayamos a la historia. Este es el gran mensaje del Antiguo Testamento y de la Biblia entera: La historia de la Salvación. No inició en Belén. Vemos a un Dios que toma un hombre pagano, y hace de él una nación —de la cual serían benditas todas las naciones. El los lideró, los dirigió, los liberó, los disciplinó. Solo hay una explicación para la existencia del Pueblo de Israel; Dios estaba con ellos.

d) A Dios le conocemos a través de Jesús de Nazaret.

27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús…”

Esta es la prueba definitiva de la existencia de Dios: Jesucristo de Nazaret. En Jesucristo encontramos la respuesta a la pregunta ¿Dios existe?  Él envió a su Hijo. Él dijo que lo haría desde tiempos antiguos. Lo estuvo prometiendo durante siglos atrás. El cumplió cada palabra. Cada detalle. ¿Cómo conocer a Dios? Jesucristo dijo: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14.9) Lo vemos a Él y vemos Santidad, Poder, Autoridad. Los vientos le obedecen, los cojos saltan, el ciego ve, el sordo oye, y a los pobres es anunciado el Evangelio.

Cuando lo mataron, ¿terminó la historia? No. Se levantó del sepulcro, los dolores de la muerte no pudieron contenerle, el postrer enemigo fue vencido (1 Corintios 15.26). Estos hombres habían conocido a Jesús, por eso podían dirigirse a Dios el Padre de esta manera. Un hombre que caminó por el mundo, sanando enfermos, hablando sabiduría, prometiendo grandes cosas —el Espíritu Santo—, y resucitando de los muertos, ¿cómo no iban a confiar en Dios?

Estas pruebas son suficientes, demuestran que no oramos al aire, ni a un trozo de madera, sino a un Dios vivo, un Dios personal, que actúa, que nos ve, que sabe todas las cosas, y que puede ayudarnos en la necesidad. 

¿Por qué no tenían miedo? Porque le conocían. ¿Quiénes son los del sanedrín contra nuestro Dios? (decían confiados). Me recuerda:

1 Samuel 17. 26Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?

Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? Porque es mayor el que está con nosotros, que el que está en el mundo. ¿Quién como el Señor? ¿Quién es su consejero? ¿Quién es más sabio y poderoso que él?

Hechos 4. 27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. 29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Concede a tus siervos denuedo. Que Dios nos ayude. Amén.


—Descargar sermón completo:

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