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22. Y en ningún otro hay salvación

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 04 de Enero de 2015 | Jonathan García | #CEO

22. Y en ningun otro hay Salvacion

Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4.11-12).


El hombre natural —sin Dios— no puede percibir las cosas espirituales en sus fuerzas. Así funciona la incredulidad; el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de ellos. Funciona como esos huesos y músculos del hombre cojo —del que Pedro está hablando— no puede pararse. El hombre natural no puede pararse espiritualmente, a menos que un milagro —como el del cojo suceda.

Hechos 4. 5Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? 8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo [Salmo 118.22]12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

“Y en ningún otro hay salvación” es una declaración muy radical y exclusivista. Es una declaración que no se acepta con facilidad, incluso, se toma como arrogancia. Dicen “los cristianos se creen los únicos que tienen la verdad”. Luego preguntan, “¿Qué pasa con los hinduistas, los budistas y musulmanes?” Pero nosotros no creemos tener la razón. Más bien, creemos que sólo el Dios de Israel tiene la razón; específicamente cuando reveló aquel Plan Maravilloso en el cumplimiento de la Encarnación de su Hijo Eterno Jesucristo. Eso dice la Palabra, no podemos poner en tela de juicio las Palabras del Padre, las de Jesucristo, y las del Espíritu.

Además, a lo largo de la historia del ser humano esta verdad es la que ha estado salvando a hombres y mujeres, y es el único que puede seguir salvando hoy; no hay otro nombre, y en ningún otro hay Salvación. Por eso es importante.

  1. El Señor es “el Salvador”.

Hechos 4. 11Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo 12Y en ningún otro hay salvación;

Esta es la primera gran afirmación de la fe cristiana. Es la gran confesión de fe de los tiempos: Jesús Salva. El gran énfasis es en la obra de Cristo. La fe descansa en esa Gloriosa Cruz.

Pedro y Juan se encuentran delante del gran concilio del Sanedrín. Las máximas autoridades del pueblo judío. Aquellas personas más preparadas, más eminentes, con más poder y autoridad. Tenían la potestad incluso de matarlos, como hicieron con su Maestro.

5Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes

Estaban enjuiciándolos por la sanidad de un cojo. No era un delito civil. No habían matado a nadie. No habían cometido faltas a la moral. Pero ellos —los gobernantes— querían saber porque medios fue sanado aquel hombre. Pedro estaba lleno del Espíritu en ese momento, es decir, capacitado de una forma sobrenatural para hablar palabras directas de Dios. Poe eso él hace mucho hincapié que no fueron ellos (3.12), que no fue su piedad o su poder. Les insiste que es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y que fue el poder de Jesucristo —a quien ellos crucificaron—, la razón por la cual el cojo está saltando.

10sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.

La frase “en el nombre de”, es una frase interesante. En nuestro español no queda la idea tan clara como en los idiomas bíblicos. Esa frase significa “por el poder o autoridad de”. Los gobernantes habían preguntado ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? (v.7).

Ellos respondieron —parafraseando— “En el poder y por la autoridad de Jesucristo este hombre está de pie”. Esa era la inquietud de los incrédulos gobernantes. Pero Pedro el apóstol va más allá de la señal. El continua, y les dice, que asimismo y con ese poder que levantó al cojo, en el nombre de Cristo pueden ser salvos. No hay otro nombre, no hay otro poder, no hay otra autoridad por lo cual la gente pueda salvarse. Ni los ángeles, ni el hombre más santo —San Pedro, San Pablo, o San Juan—, ni la madre de Jesús —ni ninguna virgen aparecida—, ni nosotros mismos; sólo el poder de Jesucristo de Nazaret.

Esto era algo muy confrontador para esos gobernantes. Por algo así crucificaron al Mesías. Es importante comprender cómo funciona esto. Porque a veces reducimos la Salvación a una decisión humana; pero insistamos que es el poder de Cristo el que levanta al cojo espiritual. Jesús no sólo mostró el camino a la Salvación; sino que Él es el Camino mismo, Él es la Vida que viene a nuestro corazón muerto, Él es la Verdad que nos libra verdaderamente de nuestra esclavitud.

Él no sólo hizo posible la Salvación. Él no sólo murió en la Cruz. Él envió al Espíritu Santo para habitar en los hijos de Dios. Nos dio el poder de ser llamados hijos. Nos dio un corazón dispuesto, nuevo y recto delante de Dios. Él no sólo fue un gran Maestro que enseñó lo correcto; eso era lo que hacía la Ley de Dios. Claro que el vino a cumplir la Ley, a interpretarla correctamente, —pues los fariseos eran expertos en evadir el “espíritu de la Ley” y sólo cumplían la “letra”— pero no fue su función primordial. En su caminar hizo muchas cosas. Él enseñó, de hecho le llamaban Maestro. Él obró muchos milagros. Él fue un gran ejemplo vivo. Pero más que esas cosas, su llamado y su gran oficio es Salvar. Cristo Salva. Esto va primero que todo lo demás.

Lucas 19. 10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Volviendo al “incidente” de Pedro y Juan con el cojo de nacimiento, y relacionándolo con el sermón que Pedro está predicando ante el Sanedrín; Pedro no está enseñando al cojo cómo levantarse. No le enseñó una serie de ejercicios para que sus piernas reaccionaran. Pedro no era quiropráctico. El hombre era un cojo de nacimiento y medicamente no había algo que hacer. Eso nos enseña la historia de este milagro, que el Evangelismo no es un tratamiento quiropráctico que intenta mejorar a las personas; sino la proclamación que en el nombre de Cristo hay poder para Salvar [levantarse]; que hay un perdón disponible en la Sangre de Cristo,  que hay una nueva vida por su Espíritu, y un nuevo propósito en el Padre.

El hombre necesita un milagro así como el cojo. El Evangelio no son las instrucciones para ponerse de pie, sino el poder para levantarse.

[El Evangelio es poder de Salvación para todo aquel que cree]. Este es el principio fundamental del Evangelio; qué Él es el Salvador. Él título de Jesús no es principalmente el guía o instructor, sino el Salvador del mundo.

Es como si el hombre natural estuviera condenado a pena de muerte. Él está en una celda esperando el día de su ejecución. Él no puede escapar. La celda está en oscuridad. El hombre tiene grandes grilletes en las manos y en los pies. Los celadores son de máxima seguridad. El pago del rescate no lo podría pagar en un millón de vidas. ¿Cómo puede ser libre, y sobre todo inocente? 

Análogamente, Jesucristo no sólo alumbró la celda de este hombre. No sólo le dio la instrucción de salir de esa celda. Jesucristo pagó su deuda. Lo justificó. Ya no debe la vida. El hombre puede ser libre. Pero no sólo pagó el precio al Juez Justo, sino que también alumbró y abrió la celda, rompió las cadenas y lo llevó a un mejor lugar. Pago el precio por su libertad, y rompió las cadenas, y le dio el poder para vivir una nueva vida. Ese es un completo y total Salvador.

2. El Señor es el Único Salvador.

12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Esta es la segunda gran afirmación de la fe cristiana. “Jesús es el Único Salvador”. Esto es causa de mucha inquietud en los incrédulos. Pero es una de las afirmaciones más importantes de todos los tiempos.  No se trata de ser intolerante con los demás, de que sólo nosotros tenemos la verdad absoluta. No se trata de lo que nosotros pensemos, se trata de lo que Dios diga. Es lo que dice Dios. Es lo que dijo Jesús. Es lo que está predicando Pedro. Por tanto es lo que tenemos que predicar nosotros.

Proverbios 14. 12 Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.

Jesús expresó: YO SOY la luz del mundo (Juan 8.12, 9.5) —no una luz, sino La Luz. YO SOY el pan de vida (Juan 6.35, 48). YO SOY el Camino, al Verdad y la Vida, y nadie va al Padre sino es por mí.

Son expresiones muy radicales que le costaron la vida. Sin embargo, sólo hay dos opciones, no tres: Es la verdad, o es un disparate.  No es simplemente el mejor de los caminos, sino el único. Como Salvador no hay otro, no hay un co-salvador. Esta es la afirmación más grande jamás expresada; el Señor es el único Salvador. No sólo está diciendo que no hay otro, sino que también que el Señor no necesita ayuda para salvar. El Salva y lo hace bien. ¡Consumado es!

La Palabra dice que hay dos caminos, uno que lleva a la vida, y otro que lleva a la muerte. Eso dice Dios. Entonces debemos desechar la propuesta diabólica de que todas las religiones llevan a Dios; estaríamos contradiciendo a Dios. Sólo hay un Camino. El problema del mundo, las guerras, las discordias, la desgracia, la amargura, la infelicidad es porque eligen el camino de la muerte. El problema es que rechazan al único Salvador.

No hay otro. No es como los comics que puede haber muchos rescatadores. El hombre de acero, el hombre araña, el hombre de la noche, etc. El mundo no comprende la naturaleza de su celda, de sus grilletes y de su condena a muerte. Piensan ser libres, y ser los arquitectos de sus propios destinos. No saben que están ciegos y encadenados. Por eso dice la escritura: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores”… El hombre cree tener todo en su control, que es el edificador de su vida. Pero realmente está siendo gobernado por el príncipe de la potestad del aire, como dice la Escritura.

¿Cuál es el camino? Es una gran pregunta. No importa cuánto camines, o si haces lo correcto. La gran mayoría de la gente cree que con portarse bien la está librando. Pero no importa la cantidad de kilómetros que caminen correctamente. Lo importante es hacerlo por el camino indicado por Dios. Hay caminos que parecen correctos, pero al final es muerte. Por eso tomar el camino correcto es fundamental para llegar al destino. Si uno camina uno incorrecto no llegará al destino. No todas las religiones llevan a Dios, por tanto no todos los caminos son buenos.

Jesús es la piedra desechada por los edificadores, pero esa piedra desechada ha venido a ser la cabeza del ángulo.

Isaias 28. 16por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.

Es la piedra clave de toda construcción, la cual hace posible que siga en pie, da el equilibrio y culmina la obra. Jesús es la cabeza del ángulo. Su obra es completa y hace posible un nuevo templo espiritual en cada corazón. Él levantó en tres días el templo de todo aquel que cree.

Sin embargo los edificadores ponen su confianza en ellos mismos; en el hombre. Pone su confianza en toda la inteligencia que ha podido desarrollar a lo largo del tiempo. Pone su esperanza en la política, en las organizaciones mundiales, en las finanzas, etc.

No todos los edificadores afirman que Dios no existe. Pero la mayoría de ellos se hicieron un dios a su imagen y semejanza. Regularmente pintan a un dios amoroso chocolatoso [sic]. Es lo único que afirman conocer, su amor: “El no castiga, todos irán al cielo, no creo que sea tan malo”, dicen. Pero se equivocan, ignoran quién es Dios; no hay injusticia en él, no puede perdonar al culpable como cualquier Juez. Que no permite la corrupción, ni se le puede comprar con dinero. Ese es el gran problema del hombre —y se condenaron por sus propias palabras— que Dios no es malo, sino Justo, y sobre todo Santo.

Otros si, afirman que Dios no existe; pues si existiera no hubiera tantas cosas malas en la vida. Pero estos ignoran lo que sucedió en Génesis 3 y todas las graves consecuencias de la rebeldía del hombre. Pero así va el mundo, muriendo poco a poco en la celda, encadenado. Cada día más lejos de entender el camino a Dios. No entiende el problema, ha comenzado a buscar soluciones en otros lados. Nunca han leído el Antiguo Testamento, esa historia es una muestra de la gran realidad del pecado, y de la reacción de un Dios Santo ante tal maldad. Ignoran los juicios, con Noé y el arca, con Abraham y Sodoma, con Nínive y todas las veces que el pueblo de Dios fue cautivo.

El juicio de Dios siempre llega. Aunque Dios siempre da tiempo para el arrepentimiento, el provee todos los medios para que los hombres escapen. Pero ellos no quieren dejar de beber y casarse y divorciarse —como en los tiempos de Noé. Ellos no quieren dejar de echarse varones con varones y mujeres con mujeres como en Sodoma y Gomorra. Ellos no escuchan la voz de los profetas que advertían el cautiverio. Así va el mundo. De la misma manera.

Perdonar al culpable es una de las cosas más complicadas para Dios. Parece una contradicción que algo sea imposible para Dios. Él es Todopoderoso. Pero él no puede negarse a sí mismo. No puede Dios cometer injusticias; y perdonar al culpable es una injusticia —como todos sabemos.

¿Qué harías si en el caso de que un familiar tuyo fuera asesinado y el juez que juzga al criminal lo perdona? ¡Juez injusto! ¡Corrupto! Es lo más decente que tu podrías expresar, y con justa razón. ¿Qué juez perdona al criminal culpable argumentando ser un juez amoroso? ¿Se dan cuenta? El mundo no ve con claridad esta realidad. Dios no puede hacer eso. 

Nosotros sí. Hacemos planes, nos proponemos reglas. Pero después cambiamos de opinión porque no pudimos cumplirlas. El hombre desconoce eso de Dios, su Justicia y Santidad. Pero también ignora lo que somos delante de Dios.

Juan 3.19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

El hombre ama a las tinieblas, y no la luz; ese el mayor problema. No solo que somos pecadores, sino que nos gusta vivir en el pecado. Satanás se agarra de eso, y por allí va su plan. El gran engaño es hacerle creer al ser humano que es digno y merecedor del amor de Dios. En otras palabras, que no necesita ser salvo. O peor aún, hacernos creer que somos salvos.

De alguna manera las religiones falsas es lo que hacen. Afirman que el hombre solo necesita una ayudita, un consejo, un ejemplo a seguir, una mejora o un complemento. Cuando en realidad necesita un milagro como el cojo de nacimiento; ser verdaderamente libre.

No sólo es saber la condición. Como aquel hombre que tiene una deuda millonaria, no le sirve de mucho que le llegue un documento a su domicilio informándole que en unos días será clausurada la casa. ¿Qué se gana con esa información? Sólo llorar antes de tiempo. Lo qué el necesita es un milagro para pagar su deuda, y vivir en paz. Alguien que intervenga como su abogado, y alguien que pague su deuda.

Esa es la pregunta crucial para el ser humano, para nuestros familiares y amigos incrédulos. No solo necesitan información. Necesitan el poder para salir de esa condición. ¿Cómo la gente puede acercarse a Dios?

Dios está en el Cielo, nosotros estamos en la Tierra; Dios es Santo, nosotros somos indignos; Dios es luz, nosotros estamos en la oscuridad.

Pregunta Job, 9.2Ciertamente yo sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios? Como dije, el problema mayor no está en lo que hacemos, sino en lo que somos. No en lo que hacemos, sino en por qué lo hacemos.  No solo necesitamos el querer —ser libres o pagar nuestra deuda millonaria—, sino el poder hacer. Necesitamos una nueva naturaleza para luchar contra la carne.

Este sigue siendo el problema de los hombres. A pesar de los avances de la tecnología, o de los descubrimientos sociales y psicológicos; el problema sigue estando en que aman más a las tinieblas. Necesitan ser salvados, y ellos no lo creen necesario.

Para esa situación, sólo hay una solución. Solo hay un mediador apto para ser el fiador entre Dios y el Hombre. Jesucristo hombre. Sólo Él que siendo Dios se despojó y tomó forma de siervo. Todos los grandes hombres preferidos del mundo eso son, hombres. Confucio, Platón, Mahoma, Mahami-Ghandi, etc.

Necesitamos un representante que pueda hablar con el Padre cara a cara. (1) Un abogado que interceda por nosotros. (2) Pero también necesitamos alguien que pague toda la deuda. Alguien que pague toda la culpa.

Juan  1. 29El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

No sólo eso, (3) Necesitamos una nueva naturaleza para tratar con nuestros deseos pecaminosos. Y volvemos a decir, sólo Jesús hace posible eso. Él fue tentado en todo, y puede socorrernos.

Hebreos 2. 18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

  1. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Alguien a la par de Dios y a la par del hombre. Con suficiente poder para rescatarnos y libertarnos, con suficientes riquezas para pagar esa deuda. La urgencia de todo es que todos los hombres y mujeres necesitan saber que lo única que necesitan es ser salvos. Y sólo en el nombre de Jesús hay Salvación, y en ningún otro.


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