21. Dificil B

21. Difícil de creer | #CEO


21. Difícil de creer

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 19 de Octubre de 2014 | Jonathan García | #CEO

21. Dificil de Creer [PDF]

Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos (Hechos 4.1-2)


“Una media verdad es peor que una mentira”, dice un proverbio. Y no hay un lugar donde sea más cierto que en la relación con la religión. Siempre parece más fácil convencer a una persona que ha estado completamente equivocada que a otra que solamente ha estado en parte. Esto es el veredicto de la Historia; por ejemplo, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Ya he dicho en alguna otra ocasión que la apuesta de satanás no es negar la Verdad, sino mancharla, distorsionarla y diluirla. Él sabe que no puede destruirla, por tanto se esmera en desviarla. Sabe bien que hay algo más grave que el pecado mismo, y esto es la incredulidad. La incredulidad no tiene perdón, ¿Cómo? ¿De qué te puede perdonar Dios si no crees que le hay? ¿Cómo llegarás a su voluntad si no la conoces? ¿Cómo quieres llegar a la meta si no conoces el camino correcto? ¿Cómo curarse sin el remedio?

Por eso debemos esforzarnos saber cómo funciona la incredulidad; para no desanimarnos por ello. Siempre me he preguntado por qué es tan difícil compartir el Evangelio con perseverancia. ¿Por qué  nos desanimamos? La respuesta es que desconocemos con claridad la naturaleza humana, y su rechazo de la verdad.

Estuve leyendo algunas estadísticas de nuestro país en cuanto a la religión. Los resultados pueden parecer alentadores, pues solamente el 4.6% declara no tener religión. ¿Entonces todos los demás están virtualmente en el cielo? La respuesta es cruel. El catolicismo sigue siendo la mayoría, aunque cada diez años está en picada. En 1990 eran casi el 90%, en el 2000 bajaron a 88%, y en el 2010 que fue el último censo han llegado al 83.9%. El protestantismo hemos llegado del 5.2% al 7.6%. Es decir, casi 8 de cada 100 personas dicen ser cristianos protestantes.

¿Se dan cuenta de algo? Casi 96 personas de cada 100 dicen ser religiosas, de creer en Dios, y por tanto querer llegar al cielo. Sin embargo, ¿dónde están todos ellos en el día del Señor? ¿Ustedes observan que 96 personas de cada 100 estén agradecidas cada domingo? ¿Escuchando las Palabras de Dios? ¿Ustedes ven en la semana hablar a esa gente de las Escrituras? ¿Del amor al prójimo? ¿De la santidad y del pecado? ¿Dónde están todos a estas horas? Las respuestas son aterradoras. Las estadísticas mienten en este sentido. O mejor dicho, no sirve de nada profesar una fe en la cual no se persevera; o peor aun, una profesión [camino] que no lleva a la Vida.

¿Pueden observar el trabajo de satanás en esto? Ellos creen que por pertenecer a alguna religión ya la libraron. La respuesta trágica de cada persona casi invariablemente a la pregunta, ¿Por qué piensas que entrarás al cielo? Es, porque no soy tan malo —en el mejor de los casos—, ya la ‘descarada’, porque soy bueno, amo a mi familia y no le hago mal a nadie. Es la respuesta más trágica que alguien pueda dar.

El cielo es la meta, y sólo Cristo es el camino.

Ver esto en nuestro país dificulta que las personas crean en el Evangelio verdadero. Porque todos piensan que están en la verdad. Y es más difícil convencerlos a los que saben media verdad, que a los que están equivocados. ¿Qué está pasando aquí? Leemos:

Hechos 4.1 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.

No olvidemos el contexto, es de suma importancia; porque lo que comenzamos a leer en el capítulo 4, son consecuencias de la obediencia de la Iglesia a la comisión de Jesús. Una tarde, a la hora de la oración, los apóstoles Pedro y Juan subían al Templo a orar. Mientras entraban por la puerta del Templo llamada “la Hermosa”, se encontraron con un hombre que estaba sentado en el suelo, un hombre que era “cojo de nacimiento” (Hechos 3:2). Solo era un pobre mendigo. El mundo no podía hacer nada por él, lo dejaban, pues, allí y él estiraba la mano con la esperanza de alguien dejara caer algunas monedas que aliviara su hambre del día.

Este es el marco en el cual Pedro pronunció aquellas palabras inmortales: “no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda (v.6)”. Pasó lo inesperado, ¡un milagro! El cojo se levantó, saltando y alabando a Dios por todo el templo. El resultado fue que la multitud se juntó, corrió a ver qué había sucedido. Pedro se levantó y les comenzó a predicar el Evangelio, y no del milagro como el centro. Lo que viene son las consecuencias de estos acontecimientos. Aquí surge la primera persecución a la iglesia cristiana. Debemos saber algo: “Las persecuciones siempre son el resultado de la incredulidad”.

Los primeros impedimentos o barreras en contra de la misión de la iglesia primitiva eran de origen religioso interno y no de fuera. Si les contara que el estado con más cristianos es Chiapas, y que “coincidentemente” es el estado dónde hay persecución a cristianos, ¿qué piensan? Más del 23% son protestantes, mucho más allá del promedio general que es 7%. Y si les digo que la persecución viene de origen religioso, específicamente de la religión mayoritaria. Entonces, las cosas no han cambiado mucho. Casi sin excepción a lo largo de la historia, los días de más sufrimiento para la iglesia, son los de mayor crecimiento.

No debe sorprendernos la incredulidad hermanos. Aquí estamos viendo que cuando la iglesia se propone obedecer, vendrá oposición; en muchos de los casos al grado de persecución física. Estaban arrestando a Pedro y Juan por ser obedientes a Dios. ¿Serían obedientes ustedes si les causará eso ir a la cárcel? Pero a ellos no les importaba, porque no es sino una réplica de lo que le sucedió a su maestro unas semanas anteriores; “lo aborrecieron sin causa”, lo mataron. Nada nuevo es la incredulidad.

Por tanto, no debemos desilusionarnos y desanimarnos cuando la gente no cree en el Evangelio, como si algo raro estuviera pasando. El Evangelio no atrae a los hombres o mujeres, siempre lo han rechazado desde el principio. Y esto es lo difícil de evangelizar; siempre esperar un rechazo. Lo dramático es que el mundo no entiende que al rechazar este mensaje, está rechazando lo único que puede salvarlo.

La gente piensa que la tragedia más grande del mundo son las guerras, y las armas. Pero no, la tragedia más grande es el rechazo del Evangelio, pues si la gente creyera en el Evangelio, no existirían las guerras. ¿Pero porque lo rechazan? ¿Por qué es tan difícil de creer? ¿Por qué estos religiosos arrestaron a estos hombres por sanar a un enfermo? ¿No es eso por lo que oraban?  Consideremos pues tres cosas que rechaza la incredulidad. 

1. El rechazo de los mensajeros.

Hechos 4. 3Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.

La predicación de Pedro fue lo que ocasionó el problema. Por eso las autoridades estaban resentidos, y enojados. Es una de las cosas que no estamos dispuestos a sobrellevar como cristianos: el rechazo. Parece que comenzamos bien a entender cuál es nuestra función como cuerpo de Cristo, y nos esforzamos por obedecer. Sin embargo, cuando viene el rechazo es cuando dudamos, y preferimos permanecer cómodos antes de “sufrir”. Pero vuelvo a repetir, no es algo nuevo; incluso, es algo que Jesús mismos profetizó.

Juan 15. 18Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. 20Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

Por eso no debemos sorprendernos, y sobre todo no debemos detenernos, porque sólo el Evangelio puede salvar al mundo. En el verso 13 del capítulo 4 vemos que las autoridades se maravillaban de la predicación de Pedro, y reconocían que habían estado con Jesús.

Hechos 4. 13Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.

Aquí encuentro problema del cristianismo actual. Difícilmente la gente incrédula reconoce que nosotros pasamos tiempo con Jesús. ¿Quiénes eran Pedro y Juan? Eran solo unos pescadores, hombres corrientes, “sin letras” —sin preparación académica—, no eran nadie para estos sacerdotes y maestros. Quizá su predicación no era con excelencia de palabras, sin embargo, se maravillaban. Se dieron cuenta de cierto poder.

5Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? 8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo […]

Cuando un hombre está lleno del Espíritu Santo se nota. Y no estoy hablando de manifestaciones externas, sino en fruto de obediencia. Ser lleno del Espíritu Santo podemos definirlo como “ser capacitado sobrenaturalmente y controlado por el Espíritu para cierto momento”. Cuando eres lleno para una tarea la gente lo nota. Porque sabe que eso no lo harías tú en condiciones normales. Por eso ellos se maravillaban de que como gente sin capacidad estaba hablando de tal manera.

 4Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

Cinco mil hombres sin contar mujeres y niños se habían añadido a la Iglesia. No eran conversiones piratas como la que vemos en la actualidad; en las cuales se le pide a la gente que pase al frente a aceptar a Jesús y repetir una oración. No. En esos tiempos no era nada recomendable ser cristiano. Tan solo un mes y medio antes habían matado al líder. Ser cristiano significaba ser perseguido, a algunos los expulsaban de sus casas y borraban el nombre de los documentos familiares.

Algo similar ocurre ahora cuando la gente deja la religión mayoritaria. Se considera traición, y llegan a decir cosas verdaderamente irracionales y diabólicas. Alguien me dijo una  vez: “cuando me convertí en cristiano mi madre dijo: ‘prefiero que seas drogadicto a que te hagas protestante’”. Eso estaba pasando también aquí. Aunque los apóstoles fueron apresados, otros dos mil a la cuenta del reino. Dos mil hombres se encuentran en el libro de la vida. ¡Qué hermoso poder contribuir con uno más al Libro!

¿Por qué se habían convertido ya cinco mil? ¿Por qué un cojo había sido sano? En lugar de responder estas preguntas las autoridades, y ser sinceros al considerar a personas que habían sido transformadas, que estaban llenos de gozo, que alababan a Dios, que perseveraban; su respuesta fue llevarlos a la cárcel. A la incredulidad no le importan los hechos, los desechan. Dicen algunos, “el cristianismo no tiene nada que ofrecer”, al contrario, “la religión ha traído mucha ignorancia y guerras”.

El triunfo del cristianismo ha sido que la incredulidad se puede deshacer de los mensajeros, pero no de los hechos, no de la verdad. La incredulidad puede atar las manos, puede encarcelar por un tiempo, pero no pueden cambiar el corazón de aquellos que han sido convertidos. Matas a un mensajero, y por el testimonio de ese mártir se convierten dos o más. Así ha sucedido en la historia. El cristianismo no puede ser destruido ni encarcelado. 

La gente intelectual se cree sabia al rechazar al cristianismo, dicen que es un mito todas estas historias. Pero no ven los hechos objetivos de la historia. Estos hombres sin letra sacudieron el mundo antiguo; al grado que el emperador Constantino consideró oportuno convertirse al cristianismo, y atraer consigo a todo el imperio. ¿Puedes ver con claridad esto? Estos dos mil convertidos aquí veían la verdad con claridad. “Este hombre que ha levantado a un cojo me dice que Jesús era el Mesías”. Sin embargo los religiosos no veían los hechos, se aferraban a su orgullo, y a su religión. Les parecía difícil de creer que fuera un carpintero de Nazaret el verdadero Mesías. Les parecía imposible que el Salvador había venido a librarlos del pecado —si ellos se sentían buenos—, y no que vendría a liberarlos del imperio romano.

Dijo un predicador de Westminster Chapel, Dr. John A. Hutton:

Caballeros, sugiero que un Evangelio y una enseñanza que han dado lugar a un Pablo, un Agustín, un Lutero, un Calvino y un Knox, a los grandes puritanos y a Oliver Cromwell, a Whitefield y Wesley, Gladstone y Newman y todos los demás; sugiero, caballeros, que semejante Evangelio es, en cualquier caso, digno de su respetuosa consideración.

La incredulidad rechaza los mensajeros quienes sean. Aunque dentro de ellos haya grandes mentes preparadas. Si rechazaron a Jesús, ¿qué podemos esperar de nosotros?

2. El rechazo del Mensaje 

Hechos 4. 10sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.

¿Qué mensaje están rechazando los hombres y las mujeres de nuestros días? ¿Qué es lo que desprecian y se burlan? El mensaje que habla de Jesús de Nazaret. El cristianismo tiene que ver fundamental con ese Plan Maravilloso en Cristo desde antes de la fundación del mundo: “El que es, y el que era, y el que ha de venir”.

Sin embargo, unos cuantos les parece irracional y se detienen en ¿quién fue la esposa de Caín? Pero, siempre serán pretextos; ellos están resentidos con Dios. No les parece buena la idea de un mensaje de librarlos del pecado que ellos aman. Esa siempre es la verdad detrás de cada intento de desacreditar a Dios por parte de los ateos.

Juan 3. 19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Esto es lo que los apóstoles están predicando: “La luz vino al mundo, y ustedes le crucificaron porque amaron más sus tinieblas”. Si, rechazaron al hombre que enseñó como quien tiene autoridad, Aquel que dijo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). “Orad por quienes os tratan injustamente”. Están despreciando una enseñanza que condena el adulterio, el asesinato, la malicia, el rencor y el odio. La enseñanza que dispone el amor y la misericordia gratuita. Que fomenta la compasión, la bondad, el respeto y la ayuda mutua.

Estos líderes rechazaron a Aquel que era “amigo de publicados y pecadores”. Él no era como los fariseos. El condenaba la hipocresía de los fariseos, y se sentaba a comer junto a los publicanos y pecadores, se compadecía de ellos. Sin hacer nada malo, sin encontrar algún error lo condenaron y lo llevaron al Gólgota, con una cruz que ni él podía cargar. Allí murió crucificado. Ese es el mensaje. Aquel que jamás había hecho algún daño, Aquel que siempre había hecho el bien, que había enseñado y predicado, murió en un madero de la manera más vergonzosa que se podía morir en aquel tiempo.

Pero Él venció los podreces de la muerte. Por esa razón el cojo se ha levantado y Pedro ha predicado. Por esa razón tú y yo estamos aquí reunidos, poniendo atención al Mensaje que tiene Dios para los suyos. Si alguien resucita es para tomar en cuenta sus palabras. El resucitó, se apareció a sus discípulos y les dio una comisión. Ascendió al cielo en presencia de ellos, prometiendo hacer descender al Espíritu Santo. Y ahora han sucedido milagros, y ellos están predicando con tal denuedo. “Eso están rechazando”, dijo Pedro en otras palabras a esas personas.

“No somos nadie, somos hombres sin letras, no tenemos nada que decir de nosotros mismos, ni el poder procede de nosotros, tan solo somos testigos de estas cosas, solo te estoy contando lo que sucedió”.

¿Qué significado tiene todo esto? Este es el punto fundamental del Mensaje.

2 Corintios 5. 19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 

El mensaje que el mundo está rechazando es que el Dios eterno contra el que todos nos hemos rebelado y pecado, aun ama al mundo, y tiene este Plan Maravilloso para rescatarlos a todo aquel que crea. Es Dios quien ha tomado los pecados y los ha puesto sobre su Hijo, castigándolos en Él, ofreciendo perdón libre y gratuito; es Dios que lo ha hecho. El mensaje que estaban rechazando es: Jesucristo de Nazaret.

Es sumamente triste que los hombres y las mujeres se interesen y crean cualquier cosa. Dispuestos a creer cualquier novela, o cualquier película, emocionándose con cualquier fantasía alejada de la realidad y, al mismo tiempo, rechazando la realidad de Cristo: la encarnación —Dios tomó forma de siervo—, Dios redimiendo a su pueblo, la Gloria de la Cruz, el camino a la Salvación y reconciliación con Dios… 

2 Timoteo 1. 10pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

 3. El rechazo de los Beneficios.

No bastante con rechazar los mensajeros yel Mensaje, la incredulidad también rechaza los beneficios del Mensaje. Esto es lo más sorprendente de todo: Que rechacen los beneficios. Si el Evangelio es sólo exigencia, se entendería que se rechace; pero el evangelio es puras buenas nuevas y aun así se rechaza.

Hechos 4. 8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado.

Esto es lo más sorprendente de todo. Hace unos pocos días un amigo me dijo: “las mejores personas que he conocido son cristianas”. Me pareció muy gratificante escuchar eso. Estas personas también se estaban dando cuenta que estos hombres habían traído un beneficio, sin embargo, la incredulidad así es. Es orgullosa. Es envidiosa. Es Celosa.

En otras palabras Pedro está diciendo: “No robamos, no nos emborrachamos, no infraccionamos la ley, y sin embargo no estas juzgando”. La incredulidad incluso rechaza los beneficios. El mundo rechazó a Aquel que solo hizo el Bien, a Jesús. Y aquí Pedro y Juan habían sido encarcelados por haber hecho posible que un cojo de nacimiento, se levantara, se pusiera de pie, caminara, saltara y alabara a Dios. ¿Increíble?

“Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:3-5); beneficios. Por todas estas cosas lo rechazaron.

¿Qué beneficios están rechazando al rechazar el Evangelio? El descanso para el alma. La cura de su enfermedad terminal. La herencia eterna. No puedo creer porque es tan difícil de creer este mensaje, y recibir los beneficios.

Nuestro Señor dijo: “Yo soy la luz el mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Estos son los beneficios, estas son las cosas que Él vino a hacer y a traer. Él trae luz, luz en Dios, luz en mi ser, luz en el mundo, luz en la forma en que podemos ser reconciliados con Dios.

Pero por encima del descanso y la luz, Él da vida. Esto es lo que necesitamos por encima de todas las cosas. Puedes haber pecado hasta las puertas mismas del Infierno, no importa; si te arrepientes y crees este extraordinario mensaje ahora, serás perdonado de inmediato. No tienes que hacer nada, solo creer.

Y cuando los hombres y las mujeres rechazan este mensaje, este Evangelio, están rechazando todo eso; no únicamente el perdón y la reconciliación, también la nueva vida, el nuevo poder, el nuevo comienzo. Así lo expresa Pablo a los corintios, con una palabra para el mundo de hoy en el que vivimos:

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos [lo eran]; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Corintios 6:9-11). 

Nos encontramos ante un Evangelio que es “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16), que puede limpiar al hombre y a la mujer y hacerlos santos en el reino de Dios, otorgándoles una esperanza eterna que anhelar. “Si quieres saber algo —dice Pedro, con otras  palabras acerca del beneficio que este hombre enfermo ha recibido, aquí tienes la explicación”. Si has rechazado este Evangelio, has rechazado todo eso. Es tu única esperanza del Cielo y la eternidad, tu única esperanza de perdón, paz para tu conciencia, paz para tu mente y tu corazón, tranquilidad, nueva vida, nuevo poder, nuevo vigor, nuevas fuerzas.

Esto es lo que el mundo está rechazando. Los más grandes beneficios que el mundo jamás haya conocido han venido a través de este Evangelio. ¡Beneficios! ¿De dónde proceden los hospitales? De la Iglesia cristiana. ¿De dónde viene la educación? De la Iglesia cristiana. ¿De dónde procede la ayuda a los pobres y a los que sufren? De la Iglesia cristiana. Piensa en las actividades misioneras. Piensa en la luz que se ha llevado a los rincones más oscuros de la Tierra. ¿Cuál es el origen de la libertad en los Estados Unidos? El mismo: los padres puritanos.

¿Y sabías que los sindicatos británicos fueron resultado directo del avivamiento evangélico de hace 200 años? ¿Cuál es el origen de la moralidad? ¿De dónde nacieron los más nobles períodos de la historia de este país? La respuesta es que siempre han venido por medio del despertar de los avivamientos religiosos. 

Ilustración final.

Carlos Peace era un criminal que no respetaba leyes divinas ni humanas. Finalmente fue capturado y condenado a muerte. En la fatal mañana de su ejecución, mientras era conducido de su celda al cadalso, en la prisión de Armley (Leeds), Inglaterra, iba delante el capellán de la prisión leyendo rutinariamente textos bíblicos que hablan de la condenación y de la vida eterna que Cristo Jesús vino a obtenemos con su sacrificio. El reo tocó al predicador por la espalda y le preguntó qué estaba leyendo:

—Son los consuelos de la religión, para esta hora fatal —respondió el clérigo.
— ¿Y usted cree que todo esto es verdad? —replicó el criminal.

El oír leer de un infierno con fuego que nunca acaba de consumir a sus víctimas, con la indiferencia con que lo estaba haciendo el funcionario de la prisión, era demasiado para Carlos Peace, y al mismo pie del cadalso, en el patio de la cárcel, le espetó el siguiente sermón:

—Señor, si yo creyera lo que usted y su iglesia dicen, aun cuando Inglaterra estuviera cubierta de costa a costa de cristales rotos yo iría descalzo, o de rodillas, a predicar a las gentes que se arrepintieran y evitaran semejante suerte. CREO QUE LOS CRISTIANOS NO DEBERÍAN VIVIR PARA OTRA COSA QUE PARA SALVAR ALMAS, si realmente creyeran lo que dicen cree.

 Extracto del libro ‘¿Por qué no llega el avivamiento?: Un llamamiento a la unción en el púlpito’, de Leonard Ravenhill.


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One comment

  1. Juan Carlos Valladares Sosa · enero 2, 2015

    A la verdad que en la Iglesia Primitiva osea en los 100 primeros años del cristianismo observamos un cuerpo (iglesia) bien unido ,bien cohesionado, caminaban juntos,comian juntos y todos eran solidarios,sobrellevaban las cargas unos con los otro, hoy en día La Iglesia es otra dividida en todo el sentido de la Palabra, como no nos creen lo que decimos,si no estamos hablando igual, unos dicen una cosa y otros dicen otra cosa,cada día salen mas denominaciones y todos dicen que son dueños de la verdad,muchas veces somos arrogantes nos creemos sabios,no somos humildes ni siquiera sencillos, asi nunca nos van a creer,entonces el Plan de Dios para con el hombre esta bien dado somos nosotros lo que no sabemos ejecutarlo, que hacer sencillamente bajar nuestro letrero denominacional colocar uno solo y caminar como los primeros cristianos,porsupuesto que para esto vamos a necesitar de mucho desprendimiento como personas y materialmente, la UNIDAD es una orden del Señor

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