19. Porque B

19. ¿Por qué ponen los ojos en nosotros? | #CEO


19. ¿Por qué ponen los ojos en nosotros?

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 28 de Septiembre de 2014 | Jonathan García | #CEO

Hechos 3.11Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. 12Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

 19. Por que nos miran a nosotros [PDF]


Bosquejo:

  1. ¿Por qué se maravillan?

  2. ¿Por qué ponen los ojos en nosotros?

  3. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Extracto:

No es primordialmente y fundamentalmente una enseñanza. Hay una enseñanza, eso es el sermón, pero el cristianismo es, en esencia, algo que ocurre, algo que ha sucedido, algo que está sucediendo, y algo que va a suceder. —Martyn  Lloyd-Jones, 

La gente se confunde, y cree que el cristianismo es una religión más de la canasta, la cual uno puede elegirla según su gusto —pero en realidad, el cristianismo nos elige a nosotros. La gente lo reduce a una enseñanza ética y/o moral, o peor aún, una religiosa. Pero debemos levantar la voz y decir que no, que el cristianismo no es una enseñanza más. No es un punto de vista más, o un estilo diferente de vivir. El cristianismo es “un fenómeno”, es algo que ocurre. ç

El cristianismo no tiene qué ver con solo una enseñanza. El cristianismo es algo que sucede, algo que nos confronta, algo que nos llama. Por eso esta multitud de Hechos 3 se amontonó para ver que sucedía. Un hombre estaba saltando y alabando a Dios por todo el templo; ni más ni menos que el mendigo del templo de la Hermosa, que por cuarenta años se había dedicado a lo mismo. Eso es lo que pasa cuando Dios viene a nuestras vidas; son transformadas, así como con el cojo, y la gente se asombra.

El cristianismo cambia la vida de las personas; produce santos, testigos, mártires, evangelistas, predicadores, misioneros, peregrinos. Eso vemos en el libro de Los Hechos, y en los libros de los mártires cristianos. Nadie podía detener ese cristianismo. Los judíos trataron y trataron, pero fracasaron. Hubo grandes persecuciones, primero por los judíos y luego por los romanos; les asesinaban, incluso a todos sus líderes; sin embargo el veredicto de la historia fue:

“La sangre de los mártires fue la semilla de la Iglesia”. (Tertuliano).

Aquí están los apóstoles ante una oportunidad de oro para predicar de los milagros, y que la congregación creciera pa’ honra y gloria de Dios. — ¡Un hombre ha sido sanado! ¿Alguien más que quiera pasar al frente para orar? ¡Acérquense, reciban su milagro! ¿Por qué no hicieron eso como otros hacen hoy día? Todo lo contrario, no habló del milagro en sí mismo. Pero, ¿no es lo que vemos en las religiones y aun en el mismo cristianismo?

Por ignorancia hemos cambiado el mensaje. Frecuentemente para atraer gente solemos escuchar: “¿Cuál es tu problema? ¿Te falta un trabajo? ¿Quieres ser sano? Jesús es la respuesta”. ¡Comenzamos al revés! Así no funcionan las cosas de Dios. Peor aún, hay ministerios que se creen el Espíritu Santo y “planean y preparan” sus noches de milagros. ¿Qué nos está pasando? ¿Queremos usar a Dios para promocionar nuestras congregaciones? ¿Pensamos tener contrato de exclusividad con El Espíritu Santo? Nosotros no podemos sanar al cojo, nosotros no producimos milagros; es Dios, siempre ha sido Dios, cuando él quiera, como él quiera y a quién él quiera sanar y usar.

No nos dejemos llevar por esos cultos extravagantes. Por su puesto que Dios hace milagros, pero siempre los hace con un propósito mayor; y tiene el cuidado de hacerlo para gloria de su Hijo Jesucristo. Es importante lo que se predique, aun cuando aparezcan milagros. Decía Martín Lutero: 

Cualquier enseñanza que no se encuadre con las Escrituras debe ser desechada, aunque haga llover milagros todos los días.

A la vez, esta respuesta de Pedro —el primer papa según los católicos— tira toda la doctrina católica romana de los milagros de los santos —ya muertos. San Juditas de cabeza, San Antonio, San Martín de Porres, la virgen de aquí y de allá, y no sé cuántos más. ¿Se dan cuenta? Si tan solo leyeran este pasaje, esta respuesta de Pedro, se les caería su doctrina tan aclamada. La respuesta sigue siendo la misma: ¿Por qué les miran a ellos cómo si por su propio poder y virtud hicieran los milagros? Nadie hace milagros por sí mismo, cada don de Dios se usa cuando el Soberano lo determina —ni que fuera la película de Jim Carrey [todo-poderoso].

Aquí está el meollo de todo el asunto; lo importante no era el milagro, sino hacía donde apuntaba. Esa siempre debe ser nuestra pregunta cuando veamos alguna señal o algo sobrenatural. ¿Qué importa mi sueño, mi visión, lo que sentí o vi? Lo que importa es el propósito, ¿a dónde me lleva? ¿A Dios, o al mundo, o a la confusión? ¿Mi gloria o la de Cristo?  La gente siempre se queda en el “fenómeno”. Pero Pedro no predicó acerca del milagro. Ni siquiera se molestó en explicar el milagro como tal.  

¿A dónde apunta el milagro? Aquí viene una verdad que muchos ignoran con respecto a nuestra predicación del Evangelio. Muchos creerían de inmediato que todo comienza con Jesús, al fin de cuentas, de Jesucristo se trata el cristianismo. Es importante meditar en la respuesta tal cual la dio Pedro; nada es casualidad. No fue lo primero que se le ocurrió, el Señor Jesucristo unos días antes les había hablado de esto abundantemente —en los cuarenta días que se les apareció.

No comenzó con Jesús de Nazaret. Hizo un milagro en el nombre de Jesús, pero no comienza su predicación con él. ¿Por qué? Esto es simple, porque el hecho de la cruz no fue un accidente en el año 33 DC, sino fue un plan desde antes de la fundación del mundo; predestinado por el Padre, Yahvé. En otras palabras, aunque el cristianismo se manifestó en Cristo, en su vida, en su muerte y resurrección, realmente nació en la mente del Padre desde antes de la fundación del mundo.

No podemos llegar con la gente y decirle: “Ven a Jesús, él te ama mucho”. Omitiendo cómo fue que los amó.

Unos minutos antes querían hacerlos dioses, unos minutos después casi los matan. ¡Ay de aquellos que permiten alabanzas de los hombres! ¡Es preferible morir antes que tomar la gloria que solo pertenece a Dios! Esto es una cuestión seria, los hombres —insistamos— no obran milagros, solo son instrumentos. El éxito de los ministerios no es por la gran piedad y poder de hombres, sino porque a Dios le pareció bien usarlos. Ahora, el por qué los usó es otro tema; pero insisto nuevamente: “las cosas mejores les suceden a los que oran”.

La predicación del Evangelio no se comienza con un problema en particular del hombre —enfermedad física, economía, depresión—; el Evangelio comienza con el problema principal del hombre para con Dios: está separado, y la condenación está cerca. Pedro no comenzó hablando del milagro, ni siquiera del Hijo Jesucristo, sino de Dios y el hombre. Y lo hizo usando la expresión del Antiguo Testamento tan familiarizado para aquellos judíos de Jerusalén: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

El Dios de Pedro es un Dios vivo, y un Dios personal. Como el mismo se llamó. “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3.14). No solo es el Dios creador del universo, de todas las estrellas, de los animales del campo, de las aves y los peces; es un Dios que actúa, que interviene, que planea, que piensa y que ordena. Un Dios que se revela, que sea da a conocer, que no es indiferente; el Dios que se le apareció a Abram cuando este no lo buscaba, sacándolo de su paganismo.

Podemos tener comunión con él, podemos dirigirnos a él, podemos escucharle. Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres —dice Pedro. Es un Dios que sigue “preocupado” por su creación; por eso envío a su Hijo, y su Hijo al Espíritu. Por eso nos dio el cristianismo, en el que serían benditas todas las familias de la Tierra. Por eso todo comienza con Dios cuando predicamos el Evangelio. Dice el final de nuestro texto:

Hechos 3. 18Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.  

Este Dios se reveló después a Moisés, liberando al Pueblo. Después en el Monte Sinaí le entregó la Ley, mostrando y revelándose a sí mismo. Más tarde siguió hablando por boca de los profetas, ¿de qué? De su plan, habló de la simiente de la mujer, de la pascua, del maná, de la simiente de Abraham, del Cordero de Dios, del hijo de David, de Emanuel, del Mesías, del Salvador del mundo. Así comienza el mensaje del Evangelio, apuntando a Dios y su plan.  

Y mira lo que son las cosas, una vez más Dios cumpliendo su plan aún en los malos actos de los hombres; ellos le negaron, le prendieron, le mataron; pero Dios cambió eso por el bien, y lo que ellos pensaron en mal, Dios lo encaminó para bien. Ellos le mataron, pero ese mal que pensaron, les trajo un bien. Por su muerte —y porque Dios lo resucitó—, ahora ellos pueden tener vida si se arrepienten. Esto me recuerda exactamente lo que sucedió con José y sus hermanos; como muchos han enseñado, José era un tipo de Cristo.

Génesis 45. 4Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. 8Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.

 Esas fueron las palabras de Jesús al morir: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”. Son las palabras de Pedro, ustedes lo mataron, pero Dios le resucitó. Y termina predicando José algo que ni él podía entender.

Génesis 50. 20Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.

Pedro se olvidó del milagro, y apuntó al Dios de Abraham y su plan hermoso en Cristo. Ellos pensaron mal contra el Cristo —el Hijo amado de Dios—, mas Dios le levantó de los muertos, para hacer lo que vemos hoy, para llevar a la vida a mucho pueblo; “Yo os sustentaré a ustedes y a sus hijos”. Así los consoló y les habló al corazón.

Hechos 3. 15y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

“Nosotros somos testigos de esto, y es por la fe en su nombre —Jesús de Nazaret— que este cojo está saltando. No nos miren a nosotros como si nosotros por nuestro poder o piedad le sanamos. Es el Dios de Abraham que ha glorificado a su Hijo Jesús, al que ustedes prendieron”. Por tanto:

Hechos 3. 19Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.

Hermanos, cuando prediquen, prediquen del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; no se detengan en los milagros y en los detalles, apunten a Jesucristo. No pongan sus ojos en los ministerios, y en los grandes hombres de Dios; no es por su poder y piedad que hacen grandes cosas. No se aferren a los hombres, tómense de Dios que es la roca firme. Porque de él, por él y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. ¡Amén!


—Descargar sermón completo:

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Para más visita Casa de Oración Rancho Nuevo

One comment

  1. Juan Carlos Valladares Sosa · enero 2, 2015

    Nuestro Señor hizo muchos milagros y miles fueron testigos presenciales de estos hechos sobrenaturales ahi esta la multiplicacion de los peces y los panes,pero sin embargo solamente 120 personas esperaron El consolador en Pentecostes y el resto y los miles donde se quedaron? parece que fueron interesados buscaron un bienestar material y sabemos perfectamente que lo mejor son las cosas espirituales

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