18. No tengo oro

¡No tengo dinero, pero si mucho que dar! | 18 #CEO


18. No tengo oro ni plata  | #CEO

 Casa de Oración Rancho Nuevo | 21 de Septiembre de 2014 | Jonathan García | #CEO

18. No tengo oro ni plata [PDF]

Hechos 3. 6Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.


Bosquejo:

I. El cojo de nacimiento, un prototipo del mundo.

II. El mundo no puede ayudar, solo da limosnas.

III. El cojo espera cosas equivocadas de parte de la Iglesia.

Extracto:

A aquella Iglesia le faltaba dinero, a la de hoy le falta poder.

Vemos a una Iglesia enfrentándose a la realidad; al mundo de allá afuera. Ellos habían tenido la mayor experiencia de su vida; El Espíritu había descendido sobre ellos, estaban llenos del Espíritu, se gozaban, oraban y alababan a Dios. No se habían quedado en las cuatro paredes del aposento alto; su experiencia les llevo a la acción. Esto es algo importante. Siempre debemos preguntarnos, ¿Después de una experiencia qué sigue? ¿Qué sigue después de un culto hermoso? ¿De un congreso edificante o de un campamento excitante?

Las experiencias genuinas de Dios deben llevarnos a enfrentarnos con mayor fuerza y firmeza a la realidad del mundo. Con una fe renovada, y capacitados para continuar con nuestro trabajo. Para eso somos llenos (capacitados) por su Espíritu, para enfrentar el mundo y ser testigos (Hechos 1.8).

Entonces, cuando ocurre un milagro lo que quiere decir es que Dios, en su soberano poder, está actuando de forma directa —sin instrumento, de forma anormal. Actúa temporalmente sin usar sus leyes, sin romperlas, pero encima de ellas. Esto es la definición de un milagro:

Dios actuando directamente sin instrumentos.

Cada milagro debe conducirnos a una verdad; no es para impresionar, para eso están los circos. Es un hecho real, no un truco, es un hecho que nos guía a algo. En este caso vemos este milagro en el capítulo tres que nos enseña algo de la naturaleza de aquella iglesia, de su propósito, de lo que debería estar haciendo en este mundo y de lo que es capaz de hacer a través del Espíritu Santo.

El cojo es un modelo de la humanidad en su condición de pecado. Así es la humanidad, tal y como se representa en este cojo. ¿Cuál es la condición del hombre? El hombre nació así, nunca había sido sano, no podía andar.

Esta es la realidad del mundo; aun en sus mejores tiempos y en las actividades más sanas, no puede hacer otra cosa sino dar limosnas. En otras palabras, alivio temporal; todo lo que el mundo ofrece con la etiqueta de “felicidad”, es temporal. Es allí cuando uno como cristiano debe ser cuidadoso en qué fundamenta su gozo; si lo hace en lo temporal, en cualquier momento irá a la ruina, y a la tristeza.

El mundo no puede sanar al cojo, pero puede darle dinero y un poco de comida y así darle algo de satisfacción.

Es un error garrafal, triste y caótico que la Iglesia quiera atraer al mundo por medio del entretenimiento; esto es limosna y nada más. No debemos darle entreteniendo, ni una nueva moralidad; eso hacen las religiones. Es como decirle a un enfermo en fase terminal, toma “Desenfriol para niños con sabor a fresa. Esto es una canallada, es limosna y nada más.

“No tenemos plata ni oro…” ¿Qué puede hacer la iglesia? “…Pero lo que tengo te doy”. Eso es lo que debe ofrecer la Iglesia, eso es lo único que tiene, esta es la misión: “Lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Entendamos, la Iglesia no está aquí —aunque puede hacerlo— para hablar de política, tocar buena música, para escribir cuestiones filosóficas, o hacer obras de arte, ni para participar en activismo social y ofrecer tratamientos psicológicos.

Y todo esto lo ilustra este cojo de nacimiento. Su vida cambió para siempre, Él ya no sería el mismo. El ya no estará en la puerta del templo pidiendo limosna. Él ya no se arrastrará por el suelo sobreviviendo y preocupado en qué comerá. Ahora que Jesús lo levantó, él puede andar, y saltar y alabar a Dios con tal libertad.

Así ha cambiado nuestra vida, Dios no nos trajo aquí para volver atrás. Él no nos ha levantado para volver al piso. Cristiano: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, Levántate y anda; alaba a Dios, salta, canta, predica, ora, pide, llora”. El mundo necesita hombres como Pedro y Juan, que habituados a la oración y llenos del Espíritu digan: “No tenemos oro ni plata, pero lo que tenemos les damos”.


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