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La Última mirada de un amigo, — Mártires cristianos


Kim, Korea del Norte, 2001.

Kim llegó a casa, incapaz de hablar. Su madre podía decir que estaba en estado de choque y se sentó a su lado, apaciguándolo y tratando de averiguar lo que había pasado. Al final, él comenzó a contarle.

—Hoy estaba con uno de mis mejores amigos y lo acusé de ser cristiano. Uno de los militares lo golpeaba contra el suelo mientras el otro sacó su pistola. Mi amigo no se enojó ni maldijo a nadie. Él… él ni siquiera trató de defenderse.

»incluso cuando el arma le estaba apuntando directamente, su rostro permaneció tranquilo. Me miraba directo a los ojos y, sin decir una palabra, supe con exactitud lo que estaba diciendo. Deseaba que creyera lo mismo que él. Y entonces solo dijo: “Bendícelos”.

»Lo ejecutaron delante de mí… porque era cristiano. Ni siquiera sé lo que es un cristiano. No comprendo nada de esto. La madre de Kim le sostuvo la cabeza en sus manos. Había lágrimas en sus ojos. Ahora era ella la que estaba en estado de choque. Luego solo le dijo:

 

—Comprendo.

— ¿Cómo es posible que comprendas por qué podrían matar a mi amigo?

Poco a poco ella comenzó a hablarle a su hijo acerca de su Señor Jesucristo, cómo nació milagrosamente de una virgen y lo clavaron en una cruz para salvar a todos los que creyeran en Él. Mientras seguía hablando con su hijo mayor, comenzó a sollozar. Ahora ella era la que no podía continuar. Sentía el dolor de que nunca le habló a su hijo acerca de Jesucristo, por temor a que su destino fuera como el de su amigo. Además, sentía el gozo abrumador de saber que Dios no había olvidado a su hijo, sino que permitió que otra persona lo llevara al evangelio.

—Dios permitió que fueras testigo del martirio de uno de sus valientes hijos. Mientras esas balas atravesaban su corazón, una semilla de esperanza se plantaba en el tuyo —le dijo al final.

El hijo oró esa noche y recibió a Jesucristo en su corazón. Estaba lleno de gozo mientras abrazaba a su madre y le daba gracias por decirle la verdad. Sin embargo, de repente comenzó a llorar de nuevo y pareció turbado. Confundida, la madre le preguntó:

— ¿Ahora qué pasa?

—Mis hermanos —gritó Kim—, no conocen a Jesús. ¡Debemos hablarles!

Pronto llegaron sus tres hermanos a casa y descubrieron a su hermano mayor y a su madre llorando juntos. Lo primero que pensaron era que algo terrible le había ocurrido a su padre y enseguida se arrodillaron junto a su madre, preguntándole qué había pasado.

Con una valentía poco común su hermano mayor se puso de pie y respondió:

—Ustedes también deben recibir a Jesucristo.

Antes que la tarde hubiera terminado, los tres hicieron exactamente eso. La madre estaba llena de gozo. Aunque nunca les habló a sus hijos acerca de su fe cristiana, todos los días oraba con diligencia por ellos. Ahora que sus tres hijos habían aceptado a Jesús, comenzó a buscar con cautela una Biblia de modo que ellos aprendieran más de la Palabra de Dios. Sin embargo, no encontró ninguna.

Por último, su hijo mayor cruzó en secreto el río Yalu para entrar en la China en busca de Biblias. Ya puedes imaginar el aspecto de su rostro cuando al final se encontró con una Biblia en miniatura en idioma coreano. Les rogaba a los cristianos en China, preguntándoles cómo podía obtener algunas de esas Biblias. Era lamentable, pero no había más disponibles.

Negado a admitir la derrota, les contó a los cristianos la dramática historia de cómo había presenciado la muerte de su amigo y cómo él y sus hermanos aprendieron de Jesucristo. Antes de partir para Corea del Norte, dijo: «Necesito cinco mil dé esas Biblias para compartirlas con mi familia Y otros en Corea del Norte. Regresaré en un mes para recogerlas».

Después de escuchar la petición, algunos obreros cristianos imprimieron rápidamente cinco mil ejemplares de las Biblias en miniatura en coreano. Más o menos al año siguiente, Kim volvió en varias ocasiones para pasar de contrabando las Biblias por la frontera. Ahora sus cuatro hermanos están testificando activamente de su fe, sabiendo de primera mano las consecuencias si los descubren. Desde su última recogida de Biblias hace algunos meses, nadie ha vuelto a tener noticias de ellos.

*   *   *

Transformación. Cambio. En un instante, por el toque de Dios, una vida puede cambiar. No hay nada más milagroso en el mundo. En un minuto una persona puede estar caminando por la calle y luego algo pasa para hacer que esa persona se dé cuenta que no lo sabe todo. Hay más en la vida de lo que se hubieran imaginado jamás. No están solos. Hay un Dios que los ama y Él es Verdad. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, el mundo es diferente. Es como si todo lo que antes fuera blanco y negro cobrara color, como si de repente vieran los que antes eran ciegos, como si ellos estuvieran en prisión y ahora los liberaran.

Tal cambio es al instante y creciente; es ese que hace a una persona un revolucionario por Cristo, alguien que anhela arriesgarlo todo por la Verdad. Mientras que a menudo el cambio viene por pasos, como ocurrió en Kim y su familia, este también les tomará una vida entera para desarrollar lo que ocurrió en sus corazones. Harán esto al convertirse en revolucionarios en su sociedad, pasar de contrabando la Verdad siempre que les sea posible, trabajando en la «resistencia» del sistema mundial para buscar a esos que sus corazones están preparados para el evangelio y trabajando en contra de esos que podrían controlar su manera de pensar, de comportarse y su fe.

Las personas que no están convencidas de que lo que creen es la Verdad no hacen tales cosas.

La policía secreta perseguía con saña a la iglesia clandestina porque reconocían que esta era la única resistencia eficaz que quedaba. Era solo el tipo de resistencia (una resistencia espiritual) que, si se dejaba libremente, podría minar su poder ateo. Reconocieron, como solo lo puede hacer el maligno, una inminente amenaza para ellos. Sabían que si un hombre creía en Cristo, nunca sería un tonto ni un sujeto dispuesto. Sabían que podían encarcelar el cuerpo físico, pero no podían arrestar el espíritu de una persona, su fe en Dios. Y por eso peleaban muy duro.

 

Richard Wurmbrand

Fundador de La Voz de los Mártires

Pasó catorce años en una prisión comunista

Rumania

En los años de 1940, 1950 y 1960

«Si el Hijo los libera, ·serán ustedes verdaderamente libres». Jesús, (Juan 8:36, NVI)

Extraído de “Locos por Jesús, Volumen II”.

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