No es aquél que lee más, sino el que medita más


¡Recuerden!, no es la lectura apresurada, sino la meditación seria de las verdades santas y celestiales, lo que demuestra que ellas son dulces y provechosas para el alma. No es el toque de la flor por parte de la abeja lo que acumula la miel, sino su permanencia sobre la flor durante un tiempo lo que extrae el dulzor. No es aquél que lee más, sino el que medita más, quien demostrará que es el cristiano más fuerte, más sabio y más diestro.

— Thomas Brooks, Obras completas, Vol 1, 8.

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