4. La Inerrancia

4. La inerrancia de la Biblia I — #NuestraBiblia


4. La inerrancia de la Biblia I


NUESTRA BIBLIA — 4. La Inerrancia de la Biblia

Cuando uno se propone a estudiar más cuidadosamente la Biblia y lo que ello implica, se encuentra con conceptos muy complicados. Uno de ellos es el que trataremos en esta clase —la inerrancia. Para mí ha sido complicado leer sobre ello, entender, y después intentar traducirlo, con el fin de comprender como esos conceptos nos ayudarán en la vida diaria; pues si no encontramos esa utilidad, esto no sirve de nada. Tener conocimiento sin ponerlo en práctica en un mes se volverá nada. ¿Cómo nos sirve este concepto de la inerrancia en la vida normal cristiana de una persona promedio? Es ese el reto de este tema.

Precisamente ayer me encontré con una utilidad. Un pequeño dialogo con una persona incrédula del Dios de las Escrituras. Dentro de la plática surgió la pregunta de la posibilidad que la Biblia contenga errores, es decir, los que la escribieron entendieron mal a Dios. A veces los cristianos se ven tentados a responder que sí, que la Biblia tiene errores, que Dios no es así. Por el afán de defender el carácter de Dios, ya sea su Justicia, su Santidad, su Amor, etc., se ven obligados a reconocer que la Biblia posiblemente se equivocó.

Es un error garrafal llegar a tales conclusiones, por el hecho de que no encontramos todas las respuestas del mundo quiere escuchar, y sobre todo de los ateos. Ciertamente la Biblia no responde todas las preguntas, ¿pero por qué? ¿Dios no conoce todas las cosas? Claro, Dios conoce todo. Pero comprendamos de una buena vez, que la Biblia es un libro con un propósito principal: mostrar la Salvación a los hombres separados de Dios. Es algo injusto y hasta tonto querer encontrar otras respuestas en la Biblia que Dios no quiso plasmarlas, porque no era su objetivo. Es algo tonto querer encontrar en un libro llamado “cómo construir sillas” respuestas de cómo construir muros. Entonces comienzo diciendo esto:

La inerrancia es la doctrina que afirma que la Biblia es completamente verdadera en todas sus enseñanzas[1].

Las consecuencias de no llegar a esta conclusión —que la biblia es verdadera— son fatales. Si la Biblia no dice la verdad, entonces nuestro conocimiento de Dios puede ser impreciso y poco fiable. Esta es el complemento de la doctrina de la Inspiración de la Biblia que estudiamos la semana anterior; si la Palabra es Inspirada —soplada— por Dios, entonces no tiene error. Es el eslabón final: Dios se reveló1 por medio de la Biblia, inspiró2 a sus siervos, y esa trasmisión fue sin error3.

Cuando se niega la inerrancia, uno puede esperar algunas consecuencias tanto en las áreas doctrinales como en las prácticas. Algunos asuntos doctrinales que pueden ser afectados por negar la inerrancia, incluyen los siguientes: (1) Una negación de la caída histórica de Adán. (2) Una negación de los hechos de las experiencias del profeta Jonás. (3) Que se quiten algunos de los milagros tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo basándose en cualquier explicación. La inerrancia es una doctrina importante, cuya negación o dilución puede resultar en errores serios en doctrina y conducta.

La Infalibilidad antes parece que estos conceptos eran sinónimos, pero con los ataques recientes que ha tenido la Biblia, algunos —para no tener problemas— han preferido decir: La Biblia es infalible, queriendo expresar en algunos casos que la Biblia no era necesariamente precisa en todas sus referencias, pero que cumplía con su propósito divino.

Conceptos

Para explicar la diferencia hay ciertos conceptos que tratan de explicar la inerrancia.

1. La inerrancia absoluta

La inerrancia absoluta mantiene que la Biblia, que incluye un tratamiento detallado de temas científicos e históricos, es totalmente cierta.[2]

2. La inerrancia plena

También mantiene que la Biblia es completamente verdad. Aunque la Biblia no trata principalmente de los datos científicos e históricos, las afirmaciones científicas e históricas que hace son completamente ciertas.[3] 

No hay diferencia entre la inerrancia absoluta y la plena en lo que se refiere a su punto de vista sobre el mensaje religioso/teológico/espiritual. Sin embargo, si hay diferencia en cuanto al lenguaje en el que se narran tales cosas, sean narraciones históricas o cosas acerca de la ciencia. La inerrancia plena considera estas referencias como fenomenológicas; esto es, se cuentan como aparecen ante el ojo humano. No son necesariamente exactas; más bien, son descripciones populares, que a menudo implican referencias generales o aproximaciones. Sin embargo son correctas.

3. La inerrancia limitada

También considera que la Biblia es inerrante e infalible en sus referencias doctrinales salvíficas.[4]

Esta considera que pueda haber errores en sus afirmaciones sobre la historia o la ciencia sin afectar al mensaje de Salvación.

4. La inerrancia de propósito

Mantiene que la Biblia cumple de forma inerrante con su propósito.[5]

Este concepto es el que más se va alejando del concepto mismo de inerrancia. Ya que nos dice que no importa si la Biblia no expresa verdades en otros puntos, mientras que el propósito se lleve a cabo. Podríamos decir que “el fin justifica los medios” —aunque sean mentiras.

5. La Biblia no es inerrante

Esta posición pone el énfasis en la idea de que la Biblia se introdujo a través de canales humanos, y por tanto participa de las imperfecciones de la naturaleza humana.

Esto sucede no sólo con los temas científicos e históricos, también con los religiosos y teológicos. Esta posición ya está negando que la Biblia sea la verdad, y no le importa cuando la Biblia parece que se contradice en ciertos pasajes.

Después encontramos posturas aún más liberales en cuanto a la Biblia, unos que dicen que no es importante si es o no inerrante, argumentando que es un concepto nuevo en la historia. Que lo importante es centrarse en los temas centrales y claros y no en las discrepancias. Es cierto que el concepto no ha surgido en los primeros años de la historia de la Iglesia; pero que no surja no significa que no sea importante o que sea anti bíblico.

Regularmente surge la defensa cuando hay ataques. Así sucedió con el canon bíblico, no había sido necesario definirlo hasta que surgieron personas que reclamaban sólo ciertos libros como verdaderos —por ejemplo: Marción. Lo mismo sucedió con la doctrina de la Trinidad; fue hasta que hombres cuestionaron la divinidad de Cristo, que la Iglesia salió a defender esa verdad. La inerrancia no había sido atacada a lo largo de los años, hasta no hace mucho tiempo; es entones cuando la Iglesia se debe levantar a defender la verdad. Lo interesante es que en la actualidad el ataque ya no sólo viene de afuera, sino del mismo bando de la iglesia llamada evangélica.

La importancia de la inerrancia

Básicamente es importante porque si la gente dice: “La Biblia lo dice, ¿puedo confiar en ella?” Si no fuera así cada quién tomaría lo que mejor le conviene, se crearían sectas, denominaciones, caminos… uf, creo que ha estado pasando ya; por la misma razón que se toma a la Biblia muy ligeramente. Pero nosotros demos insistir, si la Biblia lo enseña es Dios mismo hablando.

Creer en la inerrancia de las Escrituras no es una conclusión inductiva a la que se llega como resultado del examen de todos los pasajes de la Biblia. Tampoco se confirma o enseña en la Biblia como tal. Sin embargo es necesario que sea inerrante, si no, no podríamos confiar en ella. Al ir a la biblia y al ser cuestionados por los incrédulos nos encontramos con muchas preguntas que resolver, aparentes contradicciones, y otras simplemente no tienen respuesta. Algunas son aparentes discrepancias entre pasajes paralelos de los Evangelios, o en Samuel, Reyes y Crónicas.

Definición de inerrancia

Debemos definir lo que hemos entendido en cuanto a la inerrancia:

La Biblia, cuando se interpreta correctamente a la luz del nivel cultural y de comunicación que había en los tiempos en los que se escribió, y según los propósitos para los que fue dada, es completamente cierta en todo lo que afirma.[6]

De esta definición se derivan varios puntos que la explican mejor; según Erikcson:

1. La inerrancia pertenece a lo que se afirma o asevera más que a lo que meramente se cuenta.

La Biblia recoge declaraciones falsas hechas por gente profana. La presencia de este tipo de declaraciones en las Escrituras no significa que estas sean verdaderas; solo garantiza que han sido contadas de forma correcta. Las referencias de Judas a dos libros no canónicos no suponen necesariamente un problema, porque no es necesario creer que lo que Judas afirmaba era un error o que Enoc y la asunción de Moisés son libros inspirados divinamente que tienen que ser incluidos dentro del canon del Antiguo Testamento.

Carnell señaló que Warfield, en su debate con Smith, tuvo que conceder que hasta cierto punto en las declaraciones bíblicas puede existir algún error; sólo su transcripción desde la fuente original puede considerarse inerrante. Este parece ser el caso, por ejemplo, de los discursos de Elifaz el temanita y los otros amigos de Job. También hay otros casos obvios de declaraciones erróneas que se transcribieron en la Biblia como por ejemplo: “No hay Dios” que es, por supuesto, la afirmación de un necio (Sal. 14:1; 53:1). Esta línea de razonamiento se puede extender para explicar muchos de los problemas aparentes de la Biblia. Por ejemplo, el cronista podría estar fiándose de una fuente falible y errónea al extraer la lista del número de carros y hombres a caballo.[7]

2. Debemos juzgar la verdad de las Escrituras por su sentido dentro del panorama cultural en el que se expresaron sus declaraciones.

Por ejemplo, no deberíamos esperar que los criterios de exactitud en las citas a los que nuestra edad de prensa escrita y distribución masiva nos tiene acostumbrados estuvieran presentes en el siglo primero. Cuando hablamos de inerrancia, queremos decir que lo que la Biblia afirma es completamente cierto según la cultura de aquel tiempo.

3. Las afirmaciones de la Biblia son completamente ciertas cuando se juzgan según los propósitos para las que fueron escritas.

Aquí la exactitud puede variar (la especificidad sobre la que escribimos antes) según el uso que se pretenda dar al material. Supongamos un caso hipotético en que la Biblia hable de una batalla con 9.476 hombres. ¿Cuál sería aquí un informe correcto (o infalible)? ¿10.000 sería correcto? ¿9.000? ¿9.500? ¿9.480? ¿9.475? ¿O sólo sería correcto hablar de 9.476? La respuesta es que depende de la intención que tenga el escrito. Si se trata de un informe militar oficial que un militar tiene que dar a un superior, el número tiene que ser exacto.

Por otra parte, si se trata de ofrecer solamente una idea del tamaño de la batalla, un número redondo como 10.000 sería adecuado, y en este contexto, correcto. Lo mismo ocurre con el mar de metal fundido de 2 Crónicas 4:2. Si el objetivo al hablar de su dimensión es proporcionar un plano a partir del cual se pueda construir una réplica, es importante saber si se tiene que construir con un diámetro de 10 codos o una circunferencia de 30 codos. Pero si el propósito es únicamente el de comunicar una idea sobre el tamaño del objeto, la aproximación que da el cronista es suficiente y se puede considerar perfectamente verdadera. A menudo encontramos aproximaciones en la Biblia. No hay auténticos conflictos entre lo que se dice en Números 25:9 sobre que murieron 24.000 por la plaga y lo que dice Pablo en 1 Corintios 10:8 de que fueron 23.000. Ambas son aproximaciones, y para el propósito que tenían ambas pueden considerarse adecuadas y por lo tanto ciertas.

Si 1 Corintios 10:8 dice que murieron 23.000 en un día, y Números 25:9 informa que fueron 24.000 pero sin agregar la restricción “en un día”, entendemos que los dos están diciendo la verdad (y probablemente ambas cifras son aproximaciones de la cantidad que murió ese día en particular y el número de muertes adicionales después).[8]

Dar aproximaciones es una práctica común en nuestra propia cultura. Supongamos que mis ganancias brutas el año pasado fueron $50.137,69 (una cifra puramente hipotética). Y supongamos que usted me pregunta cuánto gané el año pasado y yo contesto “Cincuenta mil dólares.” ¿He dicho la verdad? Eso depende de la situación y de con quién esté hablando. Si es un amigo y me lo pregunta en una charla informal sobre el coste de la vida, he dicho la verdad. Pero si es un empleado de hacienda que está realizando una auditoría, entonces no he dicho la verdad. Ya que una frase para ser adecuada y por tanto verdadera requiere mayor especificidad en esta segunda situación que en la primera.

4. Los informes de eventos históricos y científicos se escriben en lenguaje fenomenológico más que en lenguaje técnico.

Es decir, el escritor cuenta cómo aparecen las cosas ante los ojos. Esta es la práctica ordinaria en cualquier tipo de escrito popular (en contraste con el técnico). Un ejemplo comúnmente apreciado de esta práctica tiene que ver con la salida del sol. Cuando el hombre del tiempo dice por la noche que al día siguiente el sol saldrá a las 6:37, desde el punto de vista estrictamente técnico ha cometido un error, ya que desde los tiempos de Copérnico sabemos que el sol no se mueve, es la tierra la que se mueve. Sin embargo, no hay ningún problema con esta expresión popular.

De igual manera, los relatos bíblicos no intentan ser científicamente exactos; no intentan teorizar sobre qué sucedió exactamente cuando los muros de Jericó cayeron o cuando las aguas del río Jordán se detuvieron, o si el hacha flotó. El escritor simplemente contaba lo que se veía, tal como parecía ante los ojos.

5. Las dificultades para explicar el texto bíblico no deberían prejuzgarse como indicadores de error.

Es mejor esperar a que aparezcan los datos que faltan, confiando en que si tenemos todos los datos, los problemas se puedan resolver. En algunos casos, puede que los datos no aparezcan nunca. Sin embargo, anima pensar que existe una tendencia a resolver dificultades cuando surgen nuevos datos. Algunos de los problemas más serios de hace un siglo, como el desconocido rey Sargón que menciona Isaías (20:1), se han explicado de forma satisfactoria y sin contorsiones artificiales. E incluso el rompecabezas de la muerte de Judas parece tener ahora una solución viable y razonable.

La palabra específica en Hechos 1:18 que causó la dificultad en cuanto a la muerte de Judas es πρηνὴς (prēnēs). Durante mucho tiempo se creía que significaba solo “caer de cabeza.” Sin embargo, las investigaciones hechas en el siglo xx sobre papiros antiguos, han revelado que esta palabra tenía otro significado en la koiné griega. También significaba “inflar.”28 Es posible un hipotético final de la vida de Judas que se ajuste a todos los datos que tenemos, pero sin la artificialidad con la que Gaussen resolvió el problema. Judas se colgó, pero tardo tiempo en ser encontrado. En esa situación sus vísceras empezaron a descomponerse, con lo que el abdomen se hinchó, algo característico en los cadáveres que no se han embalsamado correctamente. Por eso “[Judas] se reventó por la mitad y todas sus entrañas se derramaron.”Aunque no hay manera de saber si fue esto lo que realmente ocurrió, esta puede ser una solución factible y adecuada para el problema.

Debemos, pues, continuar trabajando en la tarea de resolver cualquier tensión que haya en nuestra forma de entender la Biblia. Esto implicará consultar los mejores materiales lingüísticos y arqueológicos. La arqueología en particular ha confirmado la veracidad de la sustancia de las Escrituras. En general, hay menos dificultades ahora para creer en la inerrancia de datos de la Biblia que hace cien años. Al mismo tiempo, debemos darnos cuenta de que nunca habrá una confirmación completa de todas las proposiciones ni se resolverán todos los asuntos problemáticos. En lugar de buscar explicaciones demasiado imaginativas, es mejor dejar esas dificultades sin resolver confiando en que, basándonos en la doctrina de las Escrituras, se irán resolviendo a medida que vayamos disponiendo de nuevos datos.

Más bien nuestra doctrina de la inerrancia mantiene simplemente que cualquier afirmación que se hace en la Biblia es totalmente cierta cuando se interpreta correctamente según el significado que tenía en la cultura en la que se hizo y según el propósito para el cual fue escrita. Aunque la Biblia no yerra, lo realmente importante de la Biblia es que nos enseña la verdad. Es más, la inerrancia no se debería entender como que la Biblia nos dice todo lo posible sobre un tema. El tratamiento no es exhaustivo, sólo suficiente para cumplir con el fin que pretende.

Posiblemente la tensión desapareciera si definiéramos la inerrancia positivamente: La inerrancia de la Biblia simplemente significa que la Biblia dice la verdad. La verdad puede incluir e incluye aproximaciones, citas libres, el lenguaje de las apariencias, y narraciones diferentes del mismo evento, mientras que éstos no se contradigan. [9]

La inerrancia en las Escrituras

Muchos argumentan que la inerrancia nunca se enseñó en la historia de la Iglesia, por tanto no es Bíblica; si es bíblico no es nuevo, si es nuevo no es bíblico. Es un argumento falaz, lo nuevo no indica que no sea bíblico, si con nuevo nos referimos al concepto [titulo] y no a la enseñanza misma. Ciertamente el concepto “inerrante” es nuevo, pero si probamos que la Biblia lo enseña, en realidad no es nuevo.

Algunos creen que fue B.B. Warfield a fines del siglo XIX, otros que en la reforma. En realidad, ninguno de los dos hombres la inició. Nosotros creemos que Cristo enseñó la inerrancia, y lo mismo hizo el apóstol Pablo. Además, Agustín, Tomás de Aquino, los reformadores, y otros grandes hombres la sostuvieron a través de la historia de la iglesia.

Agustín dijo:

He aprendido a ofrecer este respeto y honor sólo a los libros canónicos de las Escrituras: sólo en esos creo firmemente que los autores estaban completamente libres de error. Y si en estos escritos quedo perplejo por cualquier cosa que a mí me parece que se opone a la verdad, no dudo en suponer que o bien el manuscrito tiene fallos, o el traductor no ha captado el significado de lo que se dijo, o yo no he sido capaz de entenderlo.11

Del mismo modo Martín Lutero dijo:

Las Escrituras nunca erraron… Las Escrituras no pueden errar… Es cierto que las Escrituras no se contradicen a sí mismas; sólo les parece así a los hipócritas insensatos y obstinados”.12

Además, Tomás de Aquino (1224–1274) dijo claramente que “nada falso puede estar detrás del sentido literal de la Escritura” (Summa Teologica, I, 1, 10, ad 3).

Esto por lo menos nos da la seguridad que a lo largo de la Historia Cristiana, los hombres más representativos han manifestado que las Escrituras son confiables de inicio a fin. Debemos notar que cuando las personas abandonan esta doctrina de la inerrancia, ponen las bases de que nazcan nuevas doctrinas, y que se aparten de las doctrinas de las cuales la Iglesia siempre ha creído; especialmente la doctrina de la Deidad de Cristo y la Trinidad.

Debemos concluir que apartarse de la creencia de la absoluta fiabilidad de la Biblia es un paso muy serio, no sólo por lo que le hace a una doctrina, sino por el efecto que causa en otras doctrinas.[10]

¿Cómo puede cualquiera decir, entonces, que la inerrancia es un invento reciente? Pero aun si lo fuese, todavía pudiera ser una doctrina verdadera. Solamente la Biblia, no la historia, nos lo puede decir.

La mayoría de los debates sobre la verdad y el error se desvían cuando se convierten en filosóficos y no realistas. La mayoría de las personas comprenden clara y fácilmente que las aproximaciones, etcétera, dicen la verdad. La Biblia es “inerrante” en el sentido de que ella dice la verdad, y lo hace sin error en todas sus partes y con todas sus palabras.

Nosotros podemos estudiar todas las enseñanzas documentadas de Cristo. Si podemos investigar todo lo que Él dijo concerniente a la confiabilidad de la Biblia, entonces podemos obtener una conclusión válida del punto de vista de Cristo acerca de la Biblia.

Una vez que permitimos que el gusano carcoma la raíz, no debemos sorprendernos si las ramas, las hojas y el fruto se pudren poco a poco.[11]

*** (Continuará)


[1] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 246). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[2] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 248). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd., p. 249

[6]Ibíd. p. 259).

[7] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 257). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[8] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (pp. 93–94). Miami: Editorial Unilit.

28 G. Abbott-Smith, A Manual Greek Lexicon of the New Testament (Edinburgh: T. & T. Clark, 1937), p. 377.

[9] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 93). Miami: Editorial Unilit.

11 Agustín, Carta 82.3.

12 Martín Lutero, Werke, Wiemar edition (WA), vol. 34.1, p. 356.

[10] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 252). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[11] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 50). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.


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2 comments

  1. martha meza · agosto 7, 2014

    Dios le bendiga hno gracias por estas ensenaanzas son de mucha ayuda y bendicion para mi

  2. Jonathan García · agosto 7, 2014

    Me alegra Martha, que sean de ayuda.¡Bendiciones!

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