3. La

3. La Inspiración de la Biblia


NUESTRA BIBLIA — 3. La Inspiración de la Biblia [pdf]

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3.16–17).

Dios la espiró, los hombres la escribieron; nosotros la poseemos. — C.C. Ryrie[1]

Es importante siempre formar nuestros conceptos y definiciones basados en la Biblia, no imponer lo que dice el diccionario o lo que pensamos sobre cada tema en particular. No comencemos con una definición, para imponerla y, en el proceso, forzar o seleccionar solamente los datos que respaldaran esa definición.

La mayoría de los estudiosos concuerdan en que la Biblia es inspirada por Dios, eso no hay ni duda. El problema surge a la hora de definir el significado de inspiración. Algunos la aplican a los escritores; otros a los escritos; aun otros, a los lectores. Antes sólo era necesario decir “yo creo en la inspiración de la Biblia”. Pero han surgido enseñanzas erróneas que ha sido necesario agregar más a esa declaración; al final de varias añadiduras queda: “Yo creo en la inspiración verbal, plenaria, infalible e inerrante de la Biblia”[2].

Es importante entender que Dios tenía que revelarse en un lenguaje humano, para que nosotros podamos entender con claridad sus Planes eternos. Necesitamos esa revelación especial —Las Escrituras— para relacionarnos con Dios adecuadamente. Si Dios no hubiera revelado en las Escrituras sus Planes, nosotros no entenderíamos su mensaje, cada uno haría como bien le pareciera para llegar a Dios. Fue necesario esa revelación por medio de instrumentos. Y como hemos visto, más de 40 personas participaron en esa revelación.

Por eso decimos: Toda la Escrituras es inspirada por Dios. Si no fuera así, sí sólo fueran escritos de hombres, no tendríamos la certeza que esas palabras servirán para nosotros hoy. Sin embargo, nosotros creemos que la Palabra de Dios es viva y eficaz; sigue actuando, porque no fue sólo escrita por hombres buenos o santos, sino que fue espirada —soplada— por Dios.

Esa forma en que Dios decidió revelarse fue muy eficiente. ¿Qué hubiera pasado sí Moisés no hubiera escrito las indicaciones de Dios para la Ley? ¿O si no hubieran registrado las historias de Abraham, Job, Noé? ¿O si Pablo no hubiera redactado esas cartas? Dios ha sido sabio en preservar su voluntad de esa manera. Inspirando a esos hombres, llenándolos de su Espíritu, para que sin error comunicarán el designio del Altísimo.  Dice Erikcson: “Como Dios no repite su revelación a cada persona, tiene que haber alguna manera de conservarla”. [3] Y fue mediante la recopilación de distintos modos, que hoy se conserva sin error la Palabra de Dios para ellos, convirtiéndose la Palabra de Dios para nosotros, después de un proceso hermenéutico.

Al principio, la forma en que conservaban las enseñanzas era por tradición oral, es decir, por la memorización de una generación a otra. Pero este método no corría el mismo éxito que el escrito; pues después de muchas generaciones, la enseñanza iba desviándose y desvirtuándose aunque no fuera la intensión. Por tanto Dios ha escogido el mejor método para conservar sus planes para siempre.

Mateo 24. 35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Aunque destruyeren cada Biblia en el mundo, su Palabra seguiría viva en los corazones de los redimidos. Dios ha escrito no sólo en las tablas de la Ley, su Palabra, también en nuestros corazones, para que el Nuevo Pacto nunca sea quebrantado.

La revelación es la comunicación de la verdad de Dios a los humanos, la inspiración se relaciona más con la transmisión de esa verdad.[4]

Nosotros debemos ir a la Biblia para ver que dice de sí misma. Aunque esto para los ateos es un argumento circular, para nosotros no lo es. Se concede que el autotestimonio puede que sea o no verdad, pero es necesario oírlo.[5] . A cualquier acusado le es permitido declarar a su favor, es un testimonio importante que debe tomarse en cuenta —el involucrado principal—, se debe probar o desaprobar tal palabra con otros testimonios.

Así sucede con la Biblia, la Biblia declara y para nosotros no es necesario ir a otros testimonios —históricos, arqueológicos, etc—, aunque los hay, es lo que estamos estudiando. Es permisible utilizar la Biblia como documento histórico y permitir que alegue su propio caso.

Sin embargo, aunque desconociéramos esas evidencias, nosotros seguiríamos pensando que la Biblia es inspirada por Dios; pero siempre es mejor conocer estas cosas, para defender ante los que requieran respuestas.

Vamos a escuchar al testigo principal que dice acerca de la Inspiración. Dejemos que la Biblia atestigüe si es o no de origen divino. De ese testimonio debemos derivar nuestras conclusiones y enseñanzas acerca de la Inspiración de la Biblia.

1 Timoteo 3.16

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia

Toda la Escritura, la Biblia entera, es inspirada y provechosa (Este es el alcance de la revelación) 

El Nuevo Testamento usa la palabra Escritura cincuenta y una veces y siempre con referencia a alguna parte de la Biblia. Puede tratarse de todo el Antiguo Testamento (Lucas 24:45; Juan 10:35); de un pasaje particular del Antiguo Testamento (Lucas 4:21); de un pasaje determinado del Nuevo Testamento (1 Timoteo 5:18); o de una porción más amplia del Nuevo Testamento (2 Pedro 3:16, que se refiere a los escritos de Pablo).

Estas dos últimas referencias, 1 Timoteo 5:18 y 2 Pedro 3:16, tienen mucha importancia. En 1 Timoteo 5:18 Pablo combina una referencia del Antiguo Testamento y una del Nuevo y designa a ambas como Escrituras. La cita del Antiguo Testamento viene de Deuteronomio 25:4, y la del Nuevo de Lucas 10:7. El hecho de unir una cita de Lucas a una del Antiguo Testamento canónico es muy significativo. Recuerde también que es probable que sólo cinco o seis años hubieran transcurrido del tiempo en que se escribió Lucas a cuando se escribió 1 Timoteo.

En 2 Pedro 3:16 Pedro identifica los escritos de Pablo con las Escrituras, lo que demuestra su temprana aceptación y reconocida autoridad. Aunque es cierto que no todo el Nuevo Testamento estaba escrito cuando Pablo escribió 2 Timoteo 3:16 (faltaba 2 Pedro, Hebreos, Judas, y todos los escritos de Juan), de todos modos, debido a que todos esos libros fueron finalmente reconocidos como pertenecientes al canon de la Escritura, podemos concluir que 2 Timoteo 3:16 incluye a los sesenta y seis libros como los conocemos hoy.[6]

La Biblia entera es espirada por Dios (Esto expresa los medios de la inspiración)

 La Biblia no solamente habla de Dios, sino que es espirada [soplada] por Dios. Esa palabra que aquí en la Reina Valera aparece como inspirada, da la impresión que se ha producido de forma divina, como cuando sopló el aliento de vida en el ser humano (Gn. 2:7). Por lo tanto tienen el valor que da madurez al creyente para que esté “enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:17).

La Biblia entera es útil (El propósito de la inspiración)

La Biblia no es para tenerla de adorno, ni atesorarla en un museo. Es útil para enseñar, para amonestar, para corregir, restaurar, liberar, etc.; para que el creyente se capacitado, llegue a ser apto, y plenamente equipado para cualquier buena obra requerida por Dios. En resumen: al juntar las tres ideas de 2 Timoteo 3:16, el versículo nos declara que la Biblia entera provino de Dios para enseñarnos cómo vivir.

 2 Pedro 1:21

 Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo los movió o los impulsó. El uso del mismo verbo en Hechos 27:15 ilumina nuestro entendimiento en cuanto al significado de “llevar” o “mover” a los escritores humanos.[7]

Hechos 27. 15Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar.

Aquí nos es narrado un naufragio que tuvo lugar en la Isla de Malta en el que viajaba Pablo. Estos marineros aunque tenían experiencia, se encontraron con un fenómeno más allá de sus capacidades y fortalezas, y aunque lo intentaron, no les queda otra que dejar que el viento lleve al barco hasta dondequiera.  De la misma manera que el barco fue llevado o dirigido por el viendo, Dios movió y llevó a los escritores que él quiso para producir el libro que llámanos Biblia. Ellos hablaron siendo movidos por Dios, así como es llevada la barca por el viento como quiere. Los marineros no estaban dormidos, sino conscientes de que el viento era una fuerza mayor que los movía. Así los escritores no entraban en trance, ni de manera robótica escribían lo que Dios les dictaba —aunque fue así en ciertos casos; ellos estaban conscientes que el Espíritu hablaba y los movía por medio de ellos.

También este verso nos enseña que nunca la inspiración de la Biblia fue originada en la voluntad del hombre, por más santo que fuera. El Espíritu lo hizo, no la voluntad del hombre. Y si fue el Espíritu quien por boca de sus siervos habló, la Biblia no contiene errores. Es cierto que los escritores estaban activos al escribir; pero lo que escribieron fue dirigido, no por sus propias voluntades con la posibilidad de error, sino por el Espíritu Santo, que es veraz e infalible.

Cuando consideramos la predicación en la iglesia primitiva, encontramos un entendimiento similar del Antiguo Testamento. En Hechos 1:16 Pedro dice: “Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo, por boca de David había anunciado…” y después continúa citando los Salmos 69:25 y 109:8 sobre el destino de Judas.

Hay que señalar aquí que Pedro no sólo considera las palabras de David como autoridad, sino que realmente afirma que Dios habló por boca de David. David fue la “voz” que Dios utilizó para hablar. La misma idea, que Dios habló por boca de los profetas, se encuentra en Hechos 3:18, 21, y 4:25.

Esto concuerda con el propio testimonio de los profetas. Una y otra vez declaran: “Esto dice el Señor.” Miqueas escribió: “Se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien les infunda temor. ¡La boca de Jehová de los ejércitos ha hablado!” (4:4). Jeremías dijo: “Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá” (30:4). Isaías afirmó: “Porque Jehová me habló… y me advirtió” (8:11). Amós declaró: “Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel” (3:1). Y David dijo: “El espíritu de Jehová habla por mí, su palabra está en mi lengua” (2 S. 23:2). Afirmaciones como estas, que aparecen una y otra vez en los profetas, indican que eran conscientes de estar “siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21).[8]

Jesús a cada momento citaba las Escrituras, diciendo que era Palabra de Dios. “La Escritura no puede ser quebrantada” (Jn. 10:35); “Porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt. 5:18). Podemos concluir de lo anterior, que el testimonio uniforme de los autores de las Escrituras es que la Biblia tiene su origen en Dios y es su mensaje a la raza humana.

«Así ha dicho el Señor» podría ser colocado al principio de cada libro con la misma propiedad con la que es usado (359 veces, de acuerdo a Koehler) en las declaraciones proféticas individuales que contiene la Escritura. La inspiración, por lo tanto, garantiza la verdad de todo lo que afirma la Biblia, al igual que la inspiración de los profetas garantizaba la verdad de su representación de la mente de Dios.[9]

Composición de las Escrituras

Es interesante ver qué cosas han sido incluidas en las Escrituras como palabras de Dios. Cómo hemos dicho, no fueron secretarios que escribieron el dictado de Dios; fueron hechos reales, circunstancias reales, problemas verdaderos.

  1. Material directo de Dios.

Las dos piedras en que fueron escritos los Diez Mandamientos vinieron directamente de Dios (Deuteronomio 9:10).

Y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.

  1. Material recopilado

Aunque algunas partes de la Biblia se escribieron directamente (como algunas de las cartas de Pablo), otras fueron el resultado de previa investigación para recopilar datos. El Evangelio de Lucas es un ejemplo de esto (Lucas 1:1–4). En su prólogo, Lucas nos dice que (a) él consultó a testigos presenciales de la vida y ministerio de Cristo; (b) usó narraciones escritas disponibles de partes de Su ministerio; (c) investigó cuidadosamente y escudriñó todas sus fuentes; (d) planeó un arreglo ordenado de su material; y (e) el Espíritu Santo lo movió y lo llevó a él en la tarea misma de escribir; de modo que todo lo que escribió fue preciso y verídico.[10]

  1. Material profético

Aproximadamente un cuarto de la Biblia fue profecía al momento de escribirse (aunque, por supuesto, algo de todo ese material se ha cumplido). La profecía verdadera puede venir solamente del Dios verdadero, que todo lo sabe. Ningún escritor humano podría concebir profecía que fuera cien por cien verdadera.[11]

  1. Material Histórico

Gran parte de la Biblia narra la historia, y lo hace en forma precisa. La mayoría de las porciones históricas fueron escritas por aquellos que habían personalmente presenciado esos eventos. (e.g., Lucas, quien fue compañero de Pablo en muchos de sus viajes, Hechos 16:10–13; 20:5–21:18; 27:1–28:6; o Josué, quien participó en la conquista de Canaán y entonces escribió sobre la misma en el libro de Josué). Algo como la historia de la creación, por supuesto, tuvo que ser revelado por Dios a Moisés; puesto que ningún ser humano fue testigo presencial; y Moisés escribió de esto mucho después de ocurrir.[12]

  1. Otro material

La Biblia sí archiva cosas que no son verdad, como las mentiras de Satanás (Génesis 3:4–5); pero da cuenta de ellas con exactitud. La Biblia también contiene citas de los escritos de personas no salvas (Tito 1:12). También tiene algunos pasajes que son fuerte e intensamente personales y emocionales (Romanos 9:1–3). Pero esta variedad de material se ha relatado con exactitud.[13]

Esta variedad de materiales demuestra que Dios algunas veces reveló cosas en forma sobrenatural y directa; algunas veces permitió que los autores humanos compusieran Su mensaje usando su propia libertad de expresión. Pero El espiró el producto total, dirigiendo en varias formas a los autores, para darnos Su mensaje en las palabras de la Biblía.[14]

Es importante darnos cuenta que Dios ha estado detrás de cada escritor Bíblico. No fue meramente al azar que ellos llegaron a ser los instrumentos de la voz de Dios. Fue Dios preparando su camino, sus experiencias, sus aflicciones y sus gozos, aumentando sus conocimientos y revelación de los propósitos de Dios. Hasta llegar al momento en que ellos fueran movidos por el Espíritu a escuchar, escribir, pronunciar y recopilar lo que Dios quería.

El vocabulario de Lucas es el resultado de su educación y todo el alcance de su experiencia; en todo esto Dios había estado obrando preparándole para su tarea. El celo de Pablo, su experiencia siendo fariseo de fariseos, su conocimiento de los libros de su cultura, su carácter, su forma de expresarse; Dios lo preparó porque este le sería instrumento útil para estos propósitos.

Hechos 9. 15El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.

Entonces cuando decimos que Dios ha inspirado a los santos hombres para escribir toda la Escritura, no sólo nos referimos al momento de escribirla, sino al proceso de la formación de aquel hombre en los caminos de Dios; siendo preparados para cuando llegara el momento, escribir inspirados/movidos por Dios.

Hay algunas porciones que se puede decir que han sido dictadas directamente por Dios, aun así, estas no son más inspiradas que las demás (cartas, historia, testimonios). Mientras que los Salmos pueden ser más satisfactorios personalmente e inspiradores que las Crónicas, esto no significa que estén más inspirados.

Como la Biblia ha sido inspirada, podemos confiar en tener la instrucción divina. El hecho de que no viviéramos cuando sucedieron las revelaciones y las enseñanzas por primera vez no nos empobrece espiritual y teológicamente. Tenemos un guía seguro. Y estamos motivados a estudiarlo de forma intensa, ya que su mensaje es realmente la palabra de Dios para nosotros.[15]

Definiendo la inspiración de las Escrituras

En esta ocasión decidimos ir primero al testimonio directo de las Escrituras, antes de presentar una definición certera. Dice Ryrie:

El esqueleto de una definición es esta: Dios dirigió a los hombres para que ellos escribieran Su mensaje en la Biblia. Si le agregamos carne a ese esqueleto llegamos a una definición como esta: Dios supervisó a los autores humanos de la Biblia, para que ellos compusieran y grabaran sin error Su mensaje a la humanidad en las palabras de sus escritos originales.[16]

(1) La palabra “supervisar” admite el alcance de las relaciones que Dios tuvo con los escritores y la variedad de materiales. Su supervisión algunas veces fue muy directa y otras no tanto, pero ésta siempre incluía el guardar a los escritores para que ellos escribieran con exactitud.

La idea no es de dictado mecánico, escritura automática, ni de cualquier proceso que involucrara la suspensión del uso de la mente del escritor.

(2) La palabra “compusieran” muestra que los escritores no eran taquígrafos pasivos a los cuales Dios les dictaba el material, sino escritores activos.

Dios no anuló la personalidad, el estilo, el enfoque y la tendencia cultural de sus escritores.

(3) “Sin error” expresa la aseveración de la misma Biblia de que ella es la verdad (Juan 17:17).

(4) La inspiración solamente puede atribuírsele a los escritos originales, no a las copias o las traducciones, por más precisas que sean.[17]

La idea bíblica de la inspiración no se relaciona a la calidad literaria de lo que está escrito sino a su carácter de revelación divina por escrito.[18]

Ningún otro libro puede compararse: Dios la espiró, los hombres la escribieron; nosotros la poseemos.


[1] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 81). Miami: Editorial Unilit.

[2] Ibíd. (p. 75).

[3] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 225). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[4] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 225). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[5] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 76). Miami: Editorial Unilit.

[6] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 76). Miami: Editorial Unilit.

[7] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 78). Miami: Editorial Unilit.

[8] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., p. 228). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[9] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 32). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

[10] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 79). Miami: Editorial Unilit.

[11] Ibíd. (p. 79).

[12] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 80). Miami: Editorial Unilit.

[13] Ibíd. (p. 80).

[14] Ibíd. (p. 80).

[15] Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (B. Fernández, Trad., J. Haley, Ed.) (Segunda Edición., pp. 244–245). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

[16] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (p. 80). Miami: Editorial Unilit.

[17] Ibíd.  (pp. 80–81).

[18] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 37). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.


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