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Salvar almas


Carlos Peace era un criminal que no respetaba leyes divinas ni humanas. Finalmente fue capturado y condenado a muerte. En la fatal mañana de su ejecución, mientras era conducido de su celda al cadalso, en la prisión de Armley (Leeds), Inglaterra, iba delante el capellán de la prisión leyendo rutinariamente textos bíblicos que hablan de la condenación y de la vida eterna que Cristo Jesús vino a obtenemos con su sacrificio. El reo tocó al predicador por la espalda y le preguntó qué estaba leyendo:

—Son los consuelos de la religión, para esta hora fatal —respondió el clérigo.
—¿Y usted cree que todo esto es verdad? —replicó el criminal.

El oír leer de un infierno con fuego que nunca acaba de consumir a sus víctimas, con la indiferencia con que lo estaba haciendo el funcionario de la prisión, era demasiado para Carlos Peace, y al mismo pie del cadalso, en el patio de la cárcel, le espetó el siguiente sermón:

—Señor, si yo creyera lo que usted y su iglesia dicen, aun cuando Inglaterra estuviera cubierta de costa a costa de cristales rotos yo iría descalzo, o de rodillas, a predicar a las gentes que se arrepintieran y evitaran semejante suerte. CREO QUE LOS CRISTIANOS NO DEBERÍAN VIVIR PARA OTRA COSA QUE PARA SALVAR ALMAS, si realmente creyeran lo que dicen cree .

Porqué no llega el avivamiento  Leonard Ravenhill—  Extracto del libro ‘¿Por qué no llega el avivamiento?: Un llamamiento a la unción en el púlpito’, de Leonard Ravenhill.

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