LA012 El Espíritu mora en ti

12. El Espíritu de Dios mora en Ti | #LF


►12. El Espíritu de Dios mora en Ti

■ Casa de Oración Rancho Nuevo | 09 de Marzo de 2014 | Jonathan J. García | #LF

[Audio]

«Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8.9)».


►Extracto:

Las demás religiones prometen que si te portas bien, tal vez, y muy probable ganarás tu pase al cielo—aunque nunca puedas estar seguro de eso—; otras, que cumpliendo ciertas normas y permaneciendo en esa religión, estarás construyendo tu futuro en la eternidad. El cristianismo no promete cosas tales como recompensa, sino como un regalo; eso es lo hermoso del cristianismo, pues además de la salvación del alma, promete a una persona Divina que morará dentro de nosotros, y ese es el triunfo del cristianismo: el Espíritu Santo morando en el creyente, esa es la garantía y lo maravilloso del cristianismo.

Juan 14. 25Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 28Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros.

Es el Espíritu Santo esa promesa de que el Padre y el Hijo harían morada en el creyente. Es el Consolador el que nos enseñará y será nuestro Maestro, así como Cristo lo fue para los discípulos. Es el Consolador la paz que el mundo no sabe dar, ni puede recibir. Es el Espíritu el que viene a los creyentes, cuando Cristo no está. Y esto nos conviene, pues no estará por tres años físicamente —como lo estuvo Jesús—, sino para siempre con nosotros, y lo más importante, “en nosotros”. Por olvidar, descuidar o ignorar que el Espíritu Santo mora en nosotros, es que no somos llenos del Espíritu, es decir, no somos controlados por Él.

El Padre y el Hijo llaman al Espíritu para que acuda a los discípulos a fin de consolar, amonestar, enseñar y guiar; en otras palabras, a fin de que en cualquier condición el Paracleto proporcione la ayuda que sea necesaria. Por ello, no conocemos mejor traducción que la del término Ayudador. [1]


[1] Hendriksen, W. (1981). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Juan (p. 549). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.


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