10. No Contristéis al Espíritu | #LF


►10. No Contristéis al Espíritu

■ Casa de Oración Rancho Nuevo | 23 de Febrero de 2014 | Jonathan J. García | #LF

[Audio no disponible]

«No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu (Efesios 5.18)».


La semana anterior cuidadosamente definimos lo que significa ser llenos del Espíritu. Hoy continuamos con lo más crucial para nosotros: descubrir cómo ser llenos del Espíritu. En el sentido de nuestro texto que venimos estudiando, para llegar a ser una familia llena del Espíritu. Nuestros principales puntos de la semana anterior fueron:

1. No es lo mismo ser lleno que ser bautizado con el Espíritu.

2. Una envestidura de poder.

3. Controlados por el Espíritu.

 

Conviene aquí aclarar y ser honesto con ustedes en cuanto a estos conceptos que claramente distinguimos la semana anterior: Bautizados con el Espíritu, Investidos de Poder y una vida llena del Espíritu. Debo ser honesto en que no ha sido fácil para mi entenderlo, digerirlo y luego enseñarlo a ustedes; pues hay mucha discrepancia en los diferentes sectores del cristianismo, en cuanto al uso de los términos. He escuchado distintas enseñanzas. Y le pido a Dios así trasmitirlo a ustedes.

Algunos le llaman bautismo del Espíritu a esos eventos repetidos, como cuando somos dotados de capacidad para glorificar su nombre —yo lo identifiqué la semana pasada como una investidura de capacidad o poder—; otros le llaman bautismo en el Espíritu, a un evento inicial que te capacita para toda buena obra, que no todos los creyentes lo alcanzan, y que la ‘única’ señal visible y audible son las lenguas. Creo que es importante identificar que hay distinción clara en los eventos que describimos la semana pasada; hay una distinción clara entre ser lleno una y otra vez y la conversión; hay distinción entre ser lleno ocasionalmente para alguna tarea puesta por Dios donde nos dota de capacidad sobrenatural, con el hecho de vivir un estilo de vida lleno del Espíritu, tal como se narra en la biblia de algunos como Esteban, Bernabé o el mismo Pablo.

El Dr. Martyn Lloyd-Jones lo expresa de esta manera —a esas experiencias posteriores a la conversión—:

«Un hombre que es lleno del Espíritu Santo puede repetidamente ser lleno del Espíritu Santo para un propósito especial».´

George Withefiel, también expresa un concepto similar:

«Fui lleno del Espíritu Santo. ¡Ojalá que todos los que niegan la promesa del Padre pudieran recibirlo ellos mismos! ¡Ojalá que todos fueran partícipes de mi gozo!».´

Estas experiencias claramente son después de la conversión, después de haber creído; en otras palabras, después del nuevo nacimiento. Muchos personajes de cualquier trasfondo denominacional hablan de esas experiencias, experiencias de una llenura de poder, distinta a la conversión y distinta a una vida controlada por el Espíritu. Y repito, algunos le llaman ser bautizados por el Espíritu, otros prefieren llamarle llenura del Espíritu o plenitud del Espíritu. Yo, opte por llamarle a esas experiencias de poder y capacidad, llenura o investidura de poder. Es claro que Efesios 5.18 no está hablando de esas experiencias sobrenaturales —como bien enfaticé el sermón anterior—, sino de una vida controlada por el Espíritu.

El Dr. Martyn Lloyd-Jones habla acerca de estas distinciones como un trabajo del Espíritu Santo directo e indirecto; en el caso de esa llenura de poder le llama el trabajo sobrenatural y o directo que el Espíritu Santo hace cuando así se lo propone, para propósitos especiales; como avivamientos y despertares en la historia de la Iglesia Cristiana. Dice que es un trabajo inmediato, sobrenatural y eficaz, derramando y empapando a los suyos para proclamar su Santo Nombre. Es claro esto que habla Jones en el libro de los Hechos, donde el Espíritu Santo de una manera sobrenatural viene con poder, señales y prodigios, derramándose. Y esto no está limitado sólo al Nuevo Testamento como muchos piensan —insiste Jones—; sino hoy  mismo, el Espíritu Santo, si así le parece bien, puede venir con poder, en un derramamiento sobre nuestra tierra y despertar así a una iglesia ordinaria y comodina en un mundo alejado de Dios.

Esto del bautismo y la llenura de poder es ‘harina de otro costal’, temas de una serie completa, que ojalá Dios permita en algún momento profundizar. Nuestro tema tiene que ver con el trabajo ‘ordinario’ del Espíritu Santo, ese trabajo ‘indirecto a través de medios que Dios decide operar para dirigir a sus hijos. El Espíritu Santo nos santifica por medio de la Verdad. Dios nos ha dado su Palabra, y el ministerio regular —indirecto u ordinario— del Espíritu Santo es tratar con nosotros por medio de las Escrituras. Es así como el Espíritu ilumina nuestras mentes, nos da entendimiento, nos abre los ojos espirituales para comprender las Escrituras, utiliza al maestro o predicador para hablar a nuestras vidas y poner en obra su Voluntad. Es por eso que muchos enfatizan: ‘¿Quieres que Dios te hable mucho, mucho? Entonces, lee tu Biblia mucho, mucho’.

Es clarísimo que este es el ministerio regular del Espíritu; llevarnos a esa verdad, a glorificar a Jesucristo, y acercarnos al Padre en esa comunión íntima. Ahora, aunque eso es verdad, también es cierto que el Espíritu obra y actúa de manera directa; pues él no está encerrado en una caja, dónde nosotros decidimos cómo, cuándo y dónde actúa. Él no es una cosa, no es un líquido, ni una fuerza eléctrica que sólo debe actuar limitado a una tubería o un conductor eléctrico. Una tarea no está peleada con la otra, nosotros debemos esforzarnos a ser obedientes, y también a creer que Él puede manifestarse directamente con poder, con derramamientos y avivamientos [despertares]. Pero para ser investidos de poder —si es que lo deseáramos—, necesitamos primero entender lo primero; y esto es, ser llenados del Espíritu, exhortación que encontramos en Efesios 5.18 que es nuestro tema de hoy.

Les insisto a que no desviemos la mirada del mandato, sean llenos del Espíritu; que según el contexto que estamos estudiando [Efesios 5.18], no tiene nada que ver con los dones —carismas o bautismo en el Espíritu, que ya algún día estudiaremos—, sino de un estilo de vida. No tiene que ver con sentir cosas en la alabanza, sino con una forma de vivir. Los dones, las emociones, tienen su parte en la vida cristiana. Pero aquí, no está hablando de eso.

¿Cómo ser llenos del Espíritu?

Leímos la semana pasada: ¿Qué significa ser lleno en ese sentido de influencia o control? Martyn Lloyd-Jones cita una definición del Léxico griego Thayer.

«Aquello que se posesiona totalmente de la mente, se dice que la llena».´

‘Ser lleno’ significa estar bajo la influencia de. Por ejemplo decimos, ‘tal persona está llena de ira’. Lo que estamos tratando de decir, es que ha perdido el control y se lo ha puesto en las manos al enojo. Una persona que está bajo la influencia de algo; su mente es afectada e influenciada, y lo mismo ocurre con su corazón y voluntad.

Ahora la pregunta es, ¿Cómo puede el Espíritu posesionarnos de nuestra mente? ¿Cómo poner el control de nuestra mente y voluntad en las manos del Espíritu? ¿Cómo estar influenciados por el Espíritu? Una respuesta pronta la vimos la semana pasada cuando cité a Jones:

«Así como una persona decide y controla si va a llenarse de vino o no, así también controla y decide si va a seguir o no siendo controlada por el Espíritu».

Esta es nuestra respuesta base que nos abre el panorama, ‘una persona decide’ —y que no cunda el pánico, no estoy hablando de libre albedrío o arminianismo—. Es necesario entender que esta es una exhortación para los suyos —y nuestro Señor tiene todo el derecho sobre nosotros—, y sí es una exhortación necesitamos poner manos a la obra. Hay cosas que no dependen de nuestra cooperación en el reino de Dios; pero en este caso, nosotros trabajamos en conjunto con el Espíritu para ser llenos. Esto es un misterio el como sucede. Pero podemos entenderlo, pues Dios es nuestro Padre celestial, que desea que sus hijos sean obedientes, y anden en su voluntad; y no siempre nos va a traer de la mano en cada cosa que hagamos. Él quiere que crezcamos y que tomemos decisiones propias, una de esas decisiones es llenarnos de su Espíritu.

Entonces, si tenemos deseos de ser llenos [controlados] por el Espíritu, debemos hacer ciertas cosas y evitar algunas otras. Primero veamos las negativas, y después las positivas. Si yo he de continuar siendo lleno del Espíritu debo de evitar principalmente dos cosas: I. No contristar al Espíritu, y II. No apagarlo.

I. No debo contristar al Espíritu.

¿Qué significa esto de no contristar al Espíritu?

Efesios 4. 30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

«No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención».

— Nueva Traducción Viviente

Contristar ‘3076’

λυπέω.  Afligir, entristecer, agraviar, causar perjuicio.

A.T. אָבֵל, Est. 6:12. אֲגַם נֶפֶשׁ, Is. 19:10. בְּאֵשׁ, Dn. 6:15(14). דַּוָּי, Lm. 1:22. חָרָה; Jon. 4:4. כְּאֵב; Jer. 15:18. לָאָה hi.; Mi. 6:3. עָצַב ni. Gn. 45:5. קָצַף qal., Is. 57:17. קָצַף hithp., Is. 8:21. רָגַז, Is. 32:11. רוּד hi., Sal. 54:3(55:2). רָעַע hi., Jon. 4:1. רַע, Pr. 25:20.

N.T. A) Afligir, entristecer, agraviar: 2 Co. 2:2; 2 Co. 2:5; 2 Co. 7:8; Ef. 4:30.[1]

Podemos entonces leer el texto como sigue: ‘No entristezcan al Espíritu’. Esto en realidad suena algo fuerte. No sabemos cómo Dios se entristece, porque claramente esto es un lenguaje ‘antropomórfico’, es decir, se describe a Dios en términos que sólo el humano hace. Porque no hay otro lenguaje por el cual podamos entenderlo. Es descrito así para ver claro lo que está sucediendo; y aquí es claro el mensaje: no entristezcan al Espíritu. Veamos la figura de un padre para con su pequeño, ¿A poco no el padre se entristece cuando su hijo sale flagrantemente de su voluntad? Claro que duele, eso está tratando de decirnos Dios. Vemos en este pasaje que el Espíritu tiene una personalidad, no es una cosa, ni algo como la energía eléctrica; pues estas cosas no ‘sienten’, sin embargo el Espíritu se entristece.

Esto significa que hay muchas cosas opuestas a las cosas del Espíritu, y cuando atendemos a ellas, el Espíritu se entristece. Estas cosas son sencillas de saberlas, la Biblia es insistente en estos temas.

Gálatas 5. 16Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Este texto pone claro el asunto de que hay una guerra interna. Desde que llegamos a Cristo, o mejor dicho, desde que Cristo llegó a nosotros —porque nosotros éramos lo perdidos—, comenzó la guerra entre las cosas de nuestra naturaleza pecaminosa [carne] y las cosas del Espíritu [de Dios]. Y constantemente nos exhortan a andar en el Espíritu, y a evitar [abstenerse] los deseos del hombre natural, a decir, nuestra concupiscencia. Dice ‘No satisfagas’ los deseos de tu naturaleza pecaminosa, que en otras palabras y en el contexto son las obras de la carne:

19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

a) Las causas de contristar.

El contexto de Efesios 4.30 es un pasaje similar [paralelo] a este que leímos en Gálatas con las obras de la carne. Pablo hace un listado de ellas:

Desechando la mentira25,  Airaos, pero no pequéis [contra tu hermano]26, El que hurtaba, no hurte más28, Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca29; finalmente después de esta lista general, dice “y” no entristezcan al Espíritu. Ese “y” es importante, pues es la conexión entro lo anterior y el vv30.

Comenta Spurgeon sobre este pasaje:

El Espíritu Santo descendió sobre nuestro Señor como paloma, y una paloma se deleita en los ríos de agua pura, pero rehúye todo tipo de inmundicia. En los días de Noé, la paloma no halló donde sentar la planta de su pie por todos los cadáveres que flotaban en los desperdicios; y de igual manera, la paloma celestial no encuentra reposo en la cosas muertas y corruptas de la carne.

Después continúa el pasaje:

31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

Si no hay perdón en nuestras vidas, no estamos siendo controlados por el Espíritu; si hay amargura y enojo entre nosotros, es evidencia clara que es la carne quien está controlando nuestras vidas. El jueves vimos algo acerca del perdón., que no es una opción, y si no es una opción debemos perdonar. Si hubiera alguna raíz de amargura, de enojo, entre nosotros, ya sea en la iglesia, en nuestras familias, o con amigos y enemigos; el mandamiento es quítense de entre ustedes estas cosas para no contristar al Espíritu.

Una causa más del entristecimiento del Espíritu, es cuando deseamos más las cosas que ofrece el mundo [lo fácil y barato], en lugar de las delicias de Dios. Spurgeon lo compara como cuando una madre ve que su pequeño se encariña con otra persona, y que es más feliz con aquella que con ella misma; esto es una tristeza abundante, un celo de madre. El Espíritu nos da a nosotros gozo y bendiciones espirituales abundantes; y si ve que le damos la espalda a sus delicias, para unirnos mejor a las cosas del mundo; si ve que  deseamos los pepinos y cebollas de Egipto en lugar de la leche y miel de la tierra prometida, o desear comer las algarrobas de los cerdos, en lugar de la dulce miel de su Palabra; esto es una causa constante de su pesar. ¿Cómo prefieren eso?

No sé si les ha pasado ver a la gente preferir a Barrabás que a Jesús —hablando en un lenguaje figurado—. Y expresamos: ¿Cómo prefieres a ese patán e incrédulo, que a un creyente lleno de Dios? ¿Cómo prefieres ese trabajo deshonesto en lugar de aquel? ¿Cómo prefieres una casa del infonavit que una mansión? En términos humanos hay cosas que a nosotros simplemente no nos cuadran, y sin embargo, siempre vemos esas malas decisiones incongruentes, escogiendo a Barrabás en lugar del Mesías. Eso pasa a diario en nuestras vidas, cuando preferimos las cosas de este mundo. Es claro esto, no sólo las preferimos como si nos obligaran; no, las deseamos, deseamos llenarnos con las algarrobas de los cerdos. Pasamos horas y horas en las cosas vanas que ofrece el mundo, y tan solo pocos minutos en las cosas del Espíritu. ¿Cómo creen que el Espíritu no se contristará? Cuando ve a su pueblo amando las cosas de otra nación impura e inmunda. Esto es de tristeza y vergüenza.

¿Qué piensa el mundo? ¿Qué piensa satanás? “Miren allí viene otro cristiano que su religión no le proporciona ningún gozo, y busca en el mundo lo que no encontró en Dios”. ¡Qué fuerte! Si anduviéramos en las cosas del Espíritu no nos quedaría hambre para esas cosas contrarias al Espíritu. El ser imitadores del mundo antes que de Dios debe ser causa de entristecimiento del Espíritu. Hombres y mujeres que imitan al mundo; hablan igual que ellos, visten igual que ellos, son ostentosos igual que ellos, les gustan las mismas cosas que a ellos. Eso es definitivo, tiene que desagradar al Espíritu. Vuelvo a un ejemplo cotidiano: que feo que un pequeño quiera imitar mejor a otra persona que no sea su papá.

La incredulidad es de las mayores ofensas para Dios. ¿Qué podría entristecerle más que uno de sus hijos dude o sospeche de su franqueza? Es normal esto en la familias, que el padre se haya ganado esa fama de que no cumple lo que promete. Pero, ¿Qué con Dios? ¿Por qué somos tentados a poner en tela de juicio sus palabras? Tantas veces que hemos desechado la Verdad de Dios, desconfiar de su fidelidad; de todos los pecados este es el más provocador.

Una más, la ingratitud. Es un síntoma grande de estar alejados de la voluntad de Dios. Ya ni si quiera damos gracias por la comida.

Efesios 5. 20dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Si no nos acordamos de dar gracias en las cosas sencillas, tales como tener algo que comer —aunque sea poco—, o algo que vestir y un techo donde dormir, ¿Qué será con aquellas cosas adversas? Como las pruebas y aflicciones, es claro que mucho menos daremos gracias a Dios.

Si vamos siguiendo el hilo vemos que estas cosas son ‘sencillas’ de entender. Es obvio que el Espíritu Santo de Dios se entristece por las obras de la carne; fornicación, adulterio, idolatría, las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,envidias, homicidios, borracheras, orgías. No podía de ser de otra manera, esto es claramente contrario a las cosas del reino de Dios.

En otras palabras, no podemos esperar ser llenos del Espíritu si vivimos en pecado. No puede haber comunión entre la luz y las tinieblas; no puede haber armonía si nuestras vidas están constantemente dominadas por estas cosas. No sentir repugnancia ante el pecado, es un gran indicativo de nuestra condición espiritual.

Pero, aun no terminamos de ver las causas de que el Espíritu se entristezca; y hay un termostato en el cristiano para realmente darnos cuenta de nuestra verdadera condición. Porque las cosas que hemos visto, las puede sobrellevar cualquier tipo de persona. Evitar las obras de la carne en cierta medida. Pero, ¿Quieres saber cuál es tu estatus espiritual? Y no lo puedo decir de mejor manera que como lo expresó Jones:

«La oración es la actividad más alta del alma humana, por eso es a la vez la prueba suprema de la verdadera condición espiritual de un hombre: Todo lo que hacemos en la vida Cristiana es más fácil que orar».

Si de por sí la vida cristiana no es fácil, la obediencia en ciertas circunstancias se complica; ahora, esto es verdad, la oración es lo más difícil de la vida cristiana. Y una forma más de entristecer al Espíritu es la falta de oración. Yo creo lo que dice Jones, la oración es la actividad más elevada de nuestra alma, y la prueba infalsificable de la espiritualidad; en primera instancia la oración secreta personal, y por obvias razones la oración como iglesia. Si no hay lo primero, es difícil que haya lo segundo; aunque siempre hay hipócritas que les gusta ser oídos orando pero nunca oran en lo secreto. Y hay otras personas que están aprendiendo a hacerlo. Pero no tengo ninguna duda, que la falta de oración es uno de los peores signos de la iglesia actual y de todos los tiempos. Las reuniones de oración —y eso da tristeza— es la menos concurrida, y muchas veces se tiene que cancelar por la falta de asistencia.

Si estas cosas nos entristecen a nosotros como seres humanos y simples mortales, ¿Qué pasará con El Espíritu? ¿Qué sentirá? No creo que nada agradable, pues más que nadie es Él que nos conduce a la verdad, por tanto sabe que la oración es una necesidad.

Podemos resumir diciendo que el Espíritu Santo será contristado —y esto no es difícil de entender— por cualquier tipo de pecado conocido, sea cual sea, pequeño o grande. Pero hay algo más ‘avanzado’ en la vida cristiana, un nivel más arriba que simple evitar las cosas de la carne, son los deberes; el descuido de cualquier deber cristiano, también son cosas que entristecen al Espíritu. ¿Cómo aquel que conoce la voluntad del Maestro y no la hace será agradable ante Dios? Tan pronto como conozcamos nuestros deberes, debemos atenderlos; y no solo escudarnos en que los demás tampoco hacen nada. Eso es una mentalidad mediocre, e ignorante de Dios.

b) Los resultados [consecuencias] de contristar al Espíritu

Esto parece que no nos ‘cae el veinte’. No sabemos a ciencia cierta las consecuencias de que el Espíritu este triste con nosotros. Y es que, no hemos experimentado esa comunión tan íntima como la tenía nuestro Señor Jesús, que ya parece normal nuestro estado. Para nosotros es normal tener una relación así con el Espíritu, donde no hay mucha intimidad, para nosotros es cómodo que el Espíritu se mantenga a una distancia, pues nuestras obras no son maduras ni perfectas. Es como la visita incomoda que tenemos en casa durante un mes, que en lugar de ser agradable, trastorna toda nuestro estilo de vivir; así la iglesia ha optado por tener al Espíritu contristado, pues es más fácil que viva al lado de nuestra casa, que en nuestra misma habitación, así no nos incomoda en nuestras perversidades.

Al tener al Espíritu alejado —por nuestro pecado—, no nos dolemos por el pecado, no suplicamos que regrese eso gozo de tener esa comunión, pues nos hemos acostumbrado a una relación a distancia. Así como en las redes sociales, somos tan “sociables” con todo mundo, cariñosos y buenos cristianos, pero a distancia; pero cuando alguien está cerca, las cosas cambian; no hay esa intimidad, no hay el mismo afecto y demostración que hay por medio de una red social. Así la iglesia nos hemos relacionado con el Espíritu Santo, por medio de una red social, que es el templo donde nos reunimos; en ese momento, todos levantan las manos —si bien nos va—, todos somos buenos cristianos, ponemos buena cara y nuestra fe es fuerte. Pero todo cambia al salir de ese lugar, desde nuestro lenguaje, nuestra forma de vestir, hasta nuestros pensamientos más perversos. Y es Espíritu Santo esta contristado mucho tiempo por nuestro pecado, y por descuidar nuestros deberes.

 Por eso no hay poder en la oración, en los púlpitos, en las alabanzas; pues el Espíritu ha sido contristado uno, dos o tres días de nuestra semana, al nosotros descuidar los deberes, y al tener pecado. Por eso no hay entendimiento, sino aburrimiento cuando abrimos la Biblia, y muchas más cosas que podemos decir. Esto es lo que pasa cuando el Espíritu se aparta de nuestras vida, así como se apartó de Sansón, nos deja a la deriva, a nuestras propias decisiones, el poder es retirado, la sabiduría, el entendimiento; llegarían a nosotros las dudas, ¿Soy suyo? ¿De verdad le amo a mi Señor? De esta manera la iglesia no puede ser de bendición a sus alrededores, pues no ha sido fiel en lo poco: apartarse de pecado, y cumplir con sus deberes; mucho menos, Dios mandará un despertar, ¿Para qué si la iglesia no está preparada? ¿En qué estamos fallando?  —dice Spurgeon— Somos limitados en poder espiritual, tibios en nuestro celo por Él, secos en devoción y titubeantes en la fe.

Contristar al Espíritu es algo serio, es algo real, es algo que debemos evitar a toda cosa. Debemos apartarnos de todo pecado, y enfocarnos en nuestros deberes como iglesia. Ojalá la iglesia comprenda que mientras viva una vida similar al mundo, no pasará algo distinto. No nos podemos escudar en ‘estoy bajo la gracia’, ¡No! Debemos esforzarnos, pues tenemos al Espíritu, y no por medida. Mientras el pecado esté presente en la iglesia como en el mundo, no podremos ser llenos del Espíritu; este es el primer paso de todos, evitar contristar al Espíritu, sino es así, no hay esperanzas de vivir una vida Llena del Espíritu. Pero luego, al tratar de no ser desordenado y cuidadoso en la doctrina del Espíritu, se cae en un extremo que nos lleva a apagar al Espíritu, y piensan algunos, que este es uno de los máximos estorbos para una vida llena del Espíritu, la siguiente semana hablaremos sobre ‘No apaguéis al Espíritu’, las cosas que debemos evitar para poder ser Llenos. Que Dios nos ayude.

Resumen:

¿Cómo ser llenos del Espíritu?

I. No debo contristar al Espíritu.

a) Las causas de contristar.

– Cualquier tipo de pecado en nuestras vidas.

– Cuando deseamos más las cosas que ofrece el mundo.

– La Incredulidad.

– La Ingratitud.

– Descuidar nuestros deberes.

– La falta de oración.

b) Las consecuencias de contristar.

– El Espíritu se aparta de nosotros.


[1] Tuggy, A. E. (2003). Lexico griego-español del Nuevo Testamento. El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.


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Un comentario sobre “10. No Contristéis al Espíritu | #LF

  1. El Espíritu Santo el creyente lo entristece o lo apaga pero esta promesa que recibimos de parte de Dios nunca se separara de nuestra vidas la Palabra dice que va a estar con nosotros para siempre (Juan 14:16-17)

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