UN PELIGRO LATENTE DENTRO DE LAS IGLESIAS


La distinción entre clero y laicos ha sido muy perjudicial para el avance del evangelio en el mundo, y para la formación de iglesias sólidas y brillantes. Dividir el rebaño entre los llamados ministros ordenados (el Clero) y los no ordenados (los Laicos) hace de la gran masa de creyentes unos agentes pasivos y hasta ajenos a la evangelización. Y es que la mayoría de los laicos católicos y protestantes supone que la responsabilidad de evangelizar, enseñar, bautizar, y aún de vivir en santidad recae primordialmente en el Clero. El clero, con sus vestimentas distintivas y su pretendida autoridad conferida supuestamente por el Señor, domina sobre los parroquianos (laicos) y se encarga de pensar por ellos. De allí que la mayoría de Católicos “practicantes” son unos completos neófitos en las Escrituras, y muy pocos de ellos están en condiciones de darnos razón de su fe con un sólido fundamento bíblico. Y es que estos creyentes “laicos” suponen que la tarea de estudiar y enseñar las Escrituras recae sobre la clase sacerdotal, los  llamados “religiosos” (el clero), y no sobre ellos. Realmente esto es inconcebible en personas que dicen creer en Cristo y en Su Palabra.

Desgraciadamente, los protestantes mismos, incluyendo muchos grupos evangélicos, tienen también sus “ministros ordenados” (los líderes obispos) y una masa grande de seguidores que son los laicos. El llamado pastor, los diáconos, los maestros, casi todos ellos salidos de un seminario teológico, son los que lideran la iglesia, y son prácticamente los amos y dueños de sus congregaciones. Nada se hace sin la autorización de los pastores, y nada se puede enseñar que difiera de la enseñanza de los líderes. Además, en esas iglesias sólo predican y bautizan los ministros ordenados (especialmente el Obispo  o Pastor), en tanto que los feligreses no ordenados (Laicos) sólo se limitan a escuchar, a cantar, a orar, y por sobre todas las cosas, a dar sus ofrendas y diezmos a los obispos ( el clero) para ellos se encarguen del“avance de las misiones”. Estos laicos salen de sus congregaciones y no vuelven a pisar su templo o capilla hasta la semana siguiente para seguir el ritual acostumbrado, y así hasta que envejecen y mueren.

Tenemos que romper con esa maligna división “clerical/laical” que el catoli cismo y el protestantismo han causado en sus rebaños. De no hacerlo, la gran masa de feligreses de las iglesias seguirán siendo agentes pasivos de la evangelización, y dormirán en sus laureles pensando que con su dinero están pagando a las personas “idóneas” para que hagan la tarea que ellos mismos debieran estar haciendo.

Creemos que este error es muy conveniente para muchos creyentes que no quieren comprometerse mucho con sus responsabilidades cristianas, pero definitivamente esto no es lo que al Señor desea de su iglesia. En el primer siglo de la Era Cristiana la iglesia líder de Roma tuvo que salir de su letargo espiritual con la persecución de Saulo de Tarso. Fue entonces que la iglesia toda reaccionó y salió predicando el evangelio del reino  y bautizando a los nuevos conversos en otras ciudades y pueblos (Hechos 8:1,3-12). ¿Esperaremos una nueva tribulación o persecución para cumplir con nuestras responsabilidades?

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