¿POR QUÉ LOS HOMBRES LE DAN LA ESPALDA AL SEÑOR?


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“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).


Porque sus obras eran malas

Los hombres y mujeres de hoy tienen intereses muy distintos a los de los cristianos comprometidos con Jesucristo. La meta de la mayoría de la gente es llegar a ser ricos, populares, famosos,  importantes y alabados en la alta sociedad. Es un símbolo de éxito personal alcanzar la cumbre o a la cúspide del mundo y ser poderoso y muy importante, sin importar los medios que se empleen para lograrlo. Para estas personas les resulta extraño que los cristianos comprometidos no tengan esos mismos objetivos que ellos tienen y en los cuales están consagrados a tiempo completo. Pero esto no es de extrañar, pues si nos remontamos al primer siglo, descubriremos que apóstol Pedro encuentra una situación similar a la de hoy cuando dice de los “gentiles” o “paganos”, lo siguiente: “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. 4 A éstos (los no conversos) les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; 5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 Pedro 4:3,4).


Así que al incrédulo le resulta extraño que los cristianos no tengan ese mismo espíritu ambicioso y de desenfreno que ellos tienen, y por eso no tardan de reaccionar negativamente burlándose de ellos tildándolos de fanáticos, mojigatos, hipócritas,  eunucos, impotentes, y hasta afeminados. Además, estos hombres de mundo no quieren oír de Dios ni de sus mandamientos porque saben que lo que ellos hacen les acarreará el castigo de Dios. Ellos no rechazan al Señor porque sean necesariamente incrédulos, sino porque sus obras son malas (Juan 3:19). Es el mismo rechazo que sentían Herodes y Herodías por el justo Juan el Bautista, el cual denunciaba su pecado de adulterio y que terminó injustamente decapitado por el rey. Sin duda, Herodes quería silenciar la voz de Dios que hablaba a través de Juan y así tranquilizar su conciencia culpable.


El ateo y su necedad

¿Existen los ateos? El salmista escribe del ateo, lo siguiente: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables…” (Salmos 14:1; 53:1). Aquí hay dos posibilidades: O los hombres malos se declaran ateos porque obran el mal, o los hombres se vuelven malos porque son ateos. Sea cual fuera el caso, todo parece indicar que los hombres que rechazan a Dios obran cosas malas. Y es verdad también que muchos se hacen “ateos” para obrar el mal y así justificar su proceder impío.

No creo sinceramente que haya alguien mentalmente sano que pueda negar la existencia de Dios. El Apóstol Pablo dice que lo creado es prueba suficiente de la existencia de Dios. Estas son sus palabras: porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusaPues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios… Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:19-22,28-32).


También aquí el apóstol Pablo dice que aquellos que no aprobaron tener en cuenta a Dios a pesar de haberlo creído, Dios los entregó a una mente reprobada para que hagan cosas que no convienen y así sean aún más culpables de sus pecados y dignos merecedores de Su castigo venidero. Así que el ateo, o el que dice no creer en Dios, sin tapujos, lo declara así porque simplemente tiene la mente perturbada, y como tal estará siempre propenso a cometer toda suerte de injusticias y acciones desenfrenadas. Ya Dios no es su freno o su control, y en ese estado de perturbación es sensible a obrar de manera incoherente e inconveniente para él y los demás. Este hombre, que ha perdido el temor a Dios, ya no tiene reparos de ofenderlo, haciendo justamente lo contrario de lo que Él ordena en Su Palabra. Se olvida o desconoce que “El principio de la sabiduría es el temor a Dios”.


Internet y Ateos

Hoy vemos un montón de sitios web de ateos que hacen mofa del Dios de la Biblia tratando de demostrar que el Señor era un Dios malvado, genocida, vengativo, iracundo, intolerante, y mil sandeces más. Y aunque sus raciocinios parezcan justificados, el apóstol Pablo dice de éstos que tienen el entendimiento reprobado, y están envanecidos en sus razonamientos. Y aunque algunos ateos son sinceros en sus razonamientos, muchos de ellos rechazan a Dios, o por soberbia, o por rebeldía, porque no quieren someterse a él para hacer lo que Él manda en Su palabra. En el fondo hay mucho de rebeldía y resentimiento en sus corazones por diferentes causas que ellos no logran comprender porque desconocen por completo al Dios de la Biblia y su programa de redención humana. Realmente ellos dan pena, porque sin esperanza no hay felicidad. Ellos viven el presente, ya que el “más allá” no existe, simplemente es una ilusión de fanáticos ignorantes. Sin embargo, sin esperanza no hay dicha o gozo. Si a un hijo le decimos: “Si sacas buenas notas te compro una bicicleta italiana de carrera BIANCHI”, ese niño se esforzará para obtener la mejor nota y estudiará ilusionado sabiendo que será premiado. Si yo sé que vida cristiana me conducirá al reino de Dios después de esta vida mortal, ya no temeré para nada a la muerte y ni viviré amargado por las duras pruebas que pase hoy.


El Gozo y la Esperanza del Creyente

El cristiano tiene gozo a pesar de las penurias, gozo que difícilmente puede tener un agnóstico o un ateo que sólo vive para el presente. Este tipo de gente difícilmente podrá decir como San Pablo: “Para mí el vivir es Cristo y morir ganancia”. Recuerden esto: Para San Pablo estar sin Dios era equivalente a estar sin esperanza, cuando dijo a los Efesios: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12). Así que los amigos ateos viven sin esperanza en este mundo, y menos en el venidero así nos digan lo contrario. ¿Se imaginan por un instante vivir sin esperanza? ¡Por eso es que mucha gente se pega un tiro en la sien cuando les sobreviene una desventura! Pierden sus bienes, sus riquezas, su salud y simplemente ponen fin a sus existencias con una bala calibre 22. Y noten cuánta fe tenía Pablo a pesar de sus penurias presentes cuando escribió a los creyentes de Roma: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Así que para Pablo las penurias presentes no se comparaban con la gloria que tenía por delante, para después de esta vida mortal y pasajera. El tenía gozo en la esperanza cuando dijo a los romanos: “Gozosos en la esperanza…” (Romanos 12:12). Otras personas no soportan las penurias y deciden “adelantar” sus muertes con una sobredosis de barbitúricos, o colgándose de una viga, o pegándose un balazo en la sien. Pero para Pablo, su esperanza en la gloria venidera le hacía soportar las más horribles torturas, pues sabemos que él fue castigado, pasó hambres, cárceles, y hasta maltratos físicos y finalmente el martirio.

Esta es la ventaja que tiene el creyente sobre el incrédulo: LA ESPERANZA. Este vocablo “ESPERANZA” se lo encuentra en toda la Biblia. El apóstol Pablo dice sobre la esperanza, lo siguiente: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza (1 Tes. 4:13). Ahora bien, para Pablo la desesperanza era sinónimo de tristeza o de desdicha. Pero la esperanza que él tenía de un futuro glorioso era algo que le daba gozo y que trascendía sobre las pruebas y sufrimientos que experimentaba, y que es lo que diferencia al creyente genuino de los tristes ateos y agnósticos.

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